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Mundo Bicicleta

Pistards en la carretera: una historia de éxitos y alguna desilusión

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Puesto en que el en balance de esta  primera semana del Giro no arroja más luz que la presumible igualdad de los que hace ocho días creíamos principales favoritos de la carrera, quiero ahondar en un tema que ya tratamos hace unos días sobre el bue tino de los pistards sobre el asfalto. Y es que de salvo las tres últimas etapas de la grande italiana, el resto de éxitos son atribuibles a gente cincelada en un velódromo en su totalidad o en parte, como la victoria en la crono por equipos del Garmin, un equipo también vinculado a esta modalidad. Es por ello que saco del baúl este artículo –con la ayuda de Jaume Mas- que publiqué en mi feliz etapa del Meta 2Mil hace dos años, tal cual -con las imprecisiones propias del tiempo transcurrido. Para que veáis quién es quién en la carretera con hechuras de pistard.


Una historia de éxitos y alguna desilusión

La connivencia de ciclistas venidos de otras disciplinas con la carretera es algo tan arraigado como la antigüedad de éstas. La moda hasta no hace mucho era la de escrutar bikers sobre el asfalto, el Campeonato del Mundo firmado por Cadel Evans es la punta del iceberg. Conviene seguir también al ex biker Jean Christophe Peraud, actual subcampeón olímpico ahora enrolado en el Omega Pharma y que el año pasado dio la “campanada” proclamándose campeón francés contra el crono. Con ellos conviven otros como Ryder Hesjendal, Jakob Fugslang y otros tantos han prolongado sus exitosas carreras desde las ruedas gordas a las finas.
Por de pronto, la pista ejerce de “lobbie silencioso” arrojando a las carreteras un puñado de buenos ciclistas, de muchos de los cuales ignoramos su procedencia. Sin embargo fantástico el Tour cuajado  por Bradley Wiggings, dos veces campeón olímpico y varias del mundo de persecución, ha abierto esa investigación alimentada además por el éxito de Theo Bos en la Clásica de Almería y Vuelta a Murcia. El veloz holandés es el último punto en la evolución de esta teoría, cabe no olvidar que Bos es varias veces campeón del mundo en disciplinas de velocidad.
Si bien el año pasado Bos fue protagonista de uno de los hechos más lamentables de la temporada cuando empujó violentamente al líder de la Vuelta a Turquía Daryl Impei, su trayectoria, ahora en el Ceruelo Test Team, despierta reacciones. De cualquier manera, si un velocista debiera hacerlo bien en carretera ese tendría que ser él. Su constitución no es la habitual en un velocista de elite. Sus dimensiones y corpulencia no son las de Hoy, Escuredo y Tournant. Su músculo es largo y sus posibilidades aumentan exponencialmente sobre el asfalto. Trabaja insistentemente en mejorar sus cualidades en ruta, superar pequeñas cotas sin restar competitividad en las llegadas que son su objetivo y los resultados han llegado. La velocidad que se practica en pista es otro mundo, o lo que es lo mismo, si Bos se adapta a la carretera puede ser un dignísimo rival del propio Cavendish, ahora mismo a años luz de sus rivales. Su caso sólo es tan singular que sólo tiene parangón con la rusa Olga Slyusareva, actual recordwoman de los 200 metros hace 17 años, campeona olímpica de puntuación en Atenas y muchos triunfos en carretera, entre otros etapas en el Giro de Italia. En el otro lado de la balanza recordar la fallida experiencia en carretera de José Antonio Moreno tras ser campeón olímpico del kilómetro en Barcelona.
  
WIGGINS Y EL TEAM SKY
Bradley Wiggins es un ciclista nacido en Londres hace 29 años. De larguirucho perfil y austero carácter, Wiggo, pues así se le apoda entre el pelotón anglosajón, ha sido el gran dominador de la persecución mundial durante el periodo olímpico de Atenas a Pequín. 2008 fue su gran año en tanto se proclamó triple campeón del mundo en Manchester, de las dos persecuciones y de la americana en compañía de Cavendish, y doble campeón olímpico en la capital china. Consciente de que en pista poco o nada le quedaba por hacer, y ante el finalmente confirmado recorte del fondo en los juegos, ha decidido centrarse en la carretera. Ha perdido peso, corrió el Giro sin presión y se destapó en el último Tour. Ha renunciado a parte de su potencial contra el crono, no pudo ganar ninguna en la gran ronda francesa, pero ha puesto al descubierto todas las cualidades de un fondista, como así lo revela su cuarta plaza final. Ahora Wiggings dice apostar por la “Grande Boucle”, tentación arriesgada dada la cantidad de pretendientes que parecen mejor situados que él, sin embargo, su caso no deja de ser paradigmático, y quizá será imitado en lo sucesivo si atendemos al brutal retroceso del fondo en los Juegos Olímpicos.
Fruto de la experiencia adquirida por los ingleses en la pista ha surgido el nuevo Team Sky, un concepto de estructura ciclista que parece reinventar todo lo inventado. Con el núcleo de corredores convivirán gran parte de los mentores del equipo británico de pista, desde el propio alma mater del proyecto, Dave Brailsford, a psicólogos, preparadores, nutricionistas y un largo etcétera. Dicen que la pista tiene éxito en las islas por la imagen de modernidad que transmite, si esas maneras se proyectan sobre el asfalto quizá cambien las tornas también en las colapsadas carreteras del Reino Unido.
Junto a Ben Swift, también pistard de cuna, el nuevo Sky incorpora elementos autóctonos como Steve Cummings y Geraint Thomas, campeones del mundo y olímpicos en persecución por equipos, pero también entronca con la tradición australiana mediante la incorporación de ciclistas como Chris Sutton, 25 primaveras y títulos nacionales y podios mundiales en categorías inferiores de pruebas de fondo, lo mismo que Mathew Hayman, clasicómano muy valorado por Flecha. No hay que irse muy lejos para encontrar al neozelandés Greg Henderson, ganador de Copas del Mundo de americana y poseedor de una medalla de oro en los Juegos de la Commonwealth. Incluso a Juan Antonio Flecha se le conocen buenas maneras en la pista durante sus años de amateur.
  
AUSTRALIA, LA GRAN CANTERA
Amén del Reino Unido, el gran polo de la pista mundial, con mayor tradición y arraigo si cabe, se sitúa en Australia. Raro es el aussie que brilla que no haya pasado por las huestes de un velódromo. Ejemplos como el ex biker Cadel Evans o el “caza etapas” Simon Gerrans suponen rarezas en la tradición ciclista de las antípodas, lo mismo que Robbie Mc Ewen, procedente del BMX, aunque no Baden Cooke, con victorias nacionales en pista. El grueso de corredores de esa isla- continente han proyectado en el asfalto lo que han aprendido en la pista. Si en Pequín hubo color inglés, en Atenas, cuatro años antes, el medallero fue tema australiano. En la persecución por equipos se llevaron el oro con una cuarteta cuyo hombre carismático fue Bradley Mc Gee, líder del Tour de 2003, ganador de aquel famoso prólogo del centenario en París. Acompañaron a Mc Gee tres ciclistas muy fecundos en la carretera: el fornido Graeme Brown con un buen puñado de sprints a las espaldas, el veloz Brett Lancaster, maglia rosa en el Giro 2005, y Luke Roberts, ganador hace bien poco de una etapa en Murcia. A estos hitos en ruta hay que añadirles una retahíla de éxitos en mundiales, juegos y copas del mundo. Una cuarteta que en su momento marcó 3´56´´, un récord que aunque superado fue estratosférico a mediados de la pasada década.
También en Atenas la selección australiana se colgó el oro merced a la pareja de americana formada Brown- O´ Grady. Y es que Stuart O´ Grady lleva en liza casi veinte años con resultados en casi todas las grandes citas del calendario, destacando como no su París- Roubaix, para lamento de Flecha, y el maillot amarillo en el Tour. De “Stuey” conocemos muchos de sus logros recientes pero pocos recuerdan que él fue el rival que batió Chris Boardman para llevarse el oro olímpico de Barcelona 92, además ha formado parte un par de veces del equipo australiano que se proclamó campeón del mundo de persecución en los noventa.  El compañero de O´ Grady en Saxo Bank, el danés Alex Rasmussen es excelente croner –ganó la crono de la última Vuelta a Andalucía- y vigente campeón de persecución por equipos y americana.
Con O´ Grady en el horizonte crecen los hermanos Meyer, enrolados ambos en el Garmin- Transitions. El mayor es Cameron, tiene 21 años, y es el actual campeón del mundo de puntuación, en 2006 fue tres veces campeón mundial juvenil en ambas persecuciones y en americana. El año pasado corrió el Giro de Italia. Su hermano llama Travis, es un año menor y debuta este año en pros. Travis calca la trayectoria de Cameron, fue tres veces campeón del mundo juvenil en 2006 pero en su trayectoria en categorías inferiores incorpora resultados como las vueltas a Berlín y Wellington. Jack Bobridge también llega a pros con títulos mundiales en pista.
CAVENDISH Y SU TREN
En el HTC Columbia el tren de Cavendish ha perdido a Henderson y Barry, ambos al Sky, pero se valen de dos australianos de polivalente trayectoria en pista y carretera: Matthew Goss, campeón del mundo de persecución por equipos y ganador de la última París- Bruselas, y Mark Renshaw. Éste merece capítulo a parte por que presenta un historial realmente abrumador en categorías inferiores, siendo tres veces campeón del mundo en disciplinas de velocidad dando un giro de 180 grados con su paso a niveles absolutos como campeón mundial en persecución por equipos. Renshaw fue el año pasado el corredor que reventó el pelotón en los Campos Elíseos en el epílogo del Tour llegando entre Cavendish y el resto.
Hablando de Cavendish recordar que el considerado mejor velocista del mundo ha sido un par de veces campeón mundial de americana, la última hace un par de años en Manchester acompañado de un excelente Wiggins. Curiosamente, y en este caso las apariencias engañan, los corpulentos Bert Grabsch, Bernhard Eisel y André Greipel no proceden de la pista, o al menos no se les conocen los resultados de los anteriormente mentados, sin embargo sí que brilló en ella Michael Rogers, con títulos mundiales en categorías inferiores a los que sumaría absolutos contra el reloj. En esta órbita también circulan David Millar, campeón inglés de persecución, y su compañero Christian Vanvevelde, ganador de una general de la Copa del Mundo de la misma modalidad. El joven Taylor Phinney, acutal campeón en los cuatro kilómetros, también hace sus pinitos en la ruta.
ESPAÑOLES, TRAS LA SENDA DE LLANERAS
El ciclismo español también ha tenido ciclistas de doble filo. Joan Llaneras, retirado hace año y medio con dos metales olímpicos colgando de su cuello, fue a principios de los noventa un buen ciclista de carretera vistiendo los colores de la ONCE con quien ganó etapas en Andalucía y Mallorca. Con los años se centraría en pista y lo ha dejado con cuatro medallas olímpicas, dos de ellas de oro, y siete campeonatos del mundo entre puntuaciones y americanas. Su compañero más asentado en el madison, el malogrado Isaac Gálvez, alternó de forma más intensa ambas disciplinas, con triunfos importantes tanto en carretera como en pista, lo mismo que Toni Tauler, quien en pista ha logrado la prolongar una carrera truncada en el asfalto desde la desaparición del Murcia- Tres Molinos Resort. Compañeros de selección de Tauler como Sergi Escobar y Carles Torrent también complementan disciplinas. Escobar estuvo en Illes Balears durante un año y Torrent atesora con varios triunfos parciales.
En Caisse d´ Epargne conviven varios ciclistas con resultados en pista. Por ejemplo Alejandro Valverde y Rubén Plaza lograron meritorias plazas en el kilómetro y persecución respectivamente en Mundiales juveniles. El ganador de la etapa reina del Giro 2008 con final en Monte Pora, Vasil Kiyirienka había sido poco antes campeón del mundo de puntuación. En el Giro, y en otras tantas, es habitual ver a Mikhail Ignatiev en fuga. Este joven talento ruso fue seis veces campeón del mundo juvenil en disciplinas de fondo y campeón olímpico de puntuación en Atenas, y eso que sólo tiene 24 años. Un escalón por debajo en cuanto a resultados encontramos a Alexei Markov, enrolado en su día en el Caisse d´ Epargne.
ALGUNOS HISTÓRICOS
El día que Francesco Moser se aupó con su mítico récord de la hora para muchos se hizo tangible la relación entre carretera y pista. El pistard que llegó a ganar el Giro de Italia, no sin artimañas, ocupa una plaza preferente en esta galería de la fama. De la saga de los De Vlaeminck, aquellos que lograron el récord de triunfos en Roubaix y Mundiales de ciclocross, Roger y Eric, también surgieron excelentes routiers que brillaron en las muchas jornadas de seis días que poblaban el calendario europeo.
Urs Freuler es otro de los notables con ocho mundiales de puntuación, casi todos los disputados en la década de los ochenta salvo 1980 y 1988, y dos veces el mejor en keirin, por medio obtuvo quince etapas en el Giro y una en el Tour.
Chris Boardman es otro de los destacados, con triunfos que legaron más allá de los registros, puesto que en su haber se hallaba también la innovación tecnológica, lo mismo que Viatcheslav Ekimov, doméstico de lujo de Armstrong, a quien tuvo el honor de derrotar en los juegos de Sídney, pero con un palmarés que asusta en pista: campeón olímpico de persecución por equipos en Seúl y varios títulos mundiales. Silvio Martinello fue campeón de puntuación en los juegos de Atlanta y su compatriota Giovanni Lombardi lo había sido en Barcelona cuatro años antes. Y es que en Italia encontramos varios corredores, caso los hermanos Saronni y Gianni Bugno dejaron impronta en la pista antes de dedicarse con fortuna a la carretera.

Texto original: Meta 2Mil, edición del 24 de marzo de 2010
Fotos tomadas de www.biciciclismo.com y Movistar Team

Ciclo21
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4 Comentarios

4 Comments

  1. C.S.DelAlamo

    13 de mayo, 2012 En 17:45

    Realmente interesante todo lo que cuentas, con dos años de por medio todo sigue más o menos igual. Para mi, una aficionada de sillón y cuneta ha sido muy enriquecedor leerlo.

  2. Secociclisme

    14 de mayo, 2012 En 12:29

    buen articulo Ivan, interesante!

  3. Diego Sánchez

    16 de mayo, 2012 En 10:44

    No sabía yo que tantos corredores habían salido de los velódromos, uno de los post más interesante qeu he leído.

  4. Iván Vega

    17 de mayo, 2012 En 4:35

    gracias Diego

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

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Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Ciclismo antiguo

Tirreno-Adriático: Herminio Díaz Zabala fue almirante entre dos mares

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Herminio Díaz Zabala Tirreno JoanSeguidor
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Cuando Herminio Díaz Zabala ganó toda una Tirreno-Adriático

Si en los años recientes nos hemos acostumbrado a ver a ciclistas españoles hollar nuevas dimensiones, hubo un tiempo que ciertos cotos parecían vedados a los nuestros.
Una de las mejores carreras del calendario, la Tirreno- Adriático, que arranca ya de costa a costa, por el ancho de la bota transalpina, no tuvo acento hispano hasta que aquel ciclista de generosa entrega llamado Herminio Díaz Zabala logró el éxito en el año 1991.
Hace treinta años, ya.
Y es que en el libro de oro de la ONCE, Herminio ocupa plaza afortunada.
Compañero de Perico en su Tour triunfal, le dio al cuadro dirigido por Manolo Sainz su primera gran victoria, esa que dicen nunca se olvida, con una etapa en la Vuelta a España de 1989 con final en Benicassim.
Sin embargo si hubo una victoria que este cántabro pudo saborear con excelente tino fue esa Tirreno que acabó embolsando en un palmarés asimétrico en cantidad respecto a la calidad humana y derroche que generó a favor de otros.
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En esa edición de la Tirreno Herminio debió correr con el pálpito desde el inicio pues entre Pompeya y Octaviano ya estuvo ojo avizor insertándose en fuga buena con muy buenos elementos rodeándole, tales como Taffi, Ghirotto, Wegmuller o Raúl Alcalá. Tercero en esa jornada el equipo decidió trabajar la inesperada baza del ciclista cántabro.
De esta manera la carrera estuvo atada hasta la crono final de San Benedetto del Tronto, ese lugar ya fijo en la carrera, donde Herminio sólo era superado por Erik Breukink, entonces en condición de eterna promesa en el PDM, obteniendo un rédito de cuatro segundos pero definitivo sobre Ghirotto, en el gran éxito de este ciclista entonces bien dotado de cabello, pero luego reconocido por su estampa inclinada sobre el manillar y despoblada testa.
Un ciclista como pocos quedan, como pocos se ven. Un hombre cuyo mejor triunfo siempre era el ajeno.
Foto tomada de www.ciclo21.com

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Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

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Ciclismo Vintage JoanSeguidor
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La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche fue noticia por su anulación hasta el mes de agosto, pero la historia de esta carrera, la misma que no había visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

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Mundo Bicicleta

En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo

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«En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo; ante este gigante, sólo podemos quitarnos el sombrero y saludar con modestia»

La frase de Henry Desgrange, el padre del Tour, exclamada en 1911, define a la perfección lo que el ciclista siente cuando se tiene que enfrentar al gigante alpino en un terreno grandioso, inexpugnable hasta aquel entonces, donde incluso los más grandes campeones empequeñecen ascendiendo por su carretera ganada a los hielos, que cubren tres cuartas partes del año alcanzando los siete metros de manto blanco bajo las órdenes del general Invierno.

Territorio hostil, en su cumbre a 2645 metros sobre el nivel del mar reina el silencio y solo nos queda admirar. Y meditar. Por encima de la cota 2000 hay poca vida en sus laderas, quizás alguna marmota que se despereza del letargo hibernal, pero la actividad humana es prácticamente nula. Es el triunfo de la naturaleza sobre el hombre, en toda su expresión, un monumento hecho montaña donde solo llegar hasta allí arriba supone una victoria y ganar, la gloria, tocando el cielo con las manos.

Así debió sentirse Émile Georget -igual que Neil Armstrong cuando pisó la Luna-, al ser el primer hombre en pedalear por el túnel abierto en su cima, porque el francés, a diferencia del norteamericano, no puso pie durante las 2 h y 38 minutos que invirtió en toda su ascensión, «una gesta sin precedentes en los anales del ciclismo», tal y como tituló L’Auto en su portada del 11 de julio de 1911. Siguiendo con la analogía, el mismo diario aquella fecha podría haber definido la épica etapa como un pequeño paso para el ciclista pero un gran salto para el ciclismo mundial y el Tour, que con aquella montaña adquiría una nueva dimensión.

El túnel que la mayoría de vosotros conocéis ya estaba abierto en aquellos años, ya que fue nada menos que en 1891 cuando se construyó para comunicar a los vecinos de la Saboya con los de la Provenza, bajo 90 metros de piedra y roca y 365 de largo, tantos como días tiene el año. Poco se podían imaginar que 20 años más tarde alguien montado en aquel invento reciente sería capaz de semejante hazaña.

Le habrían tachado de loco, de lunático, pero así fue para asombro de los aficionados a este increíble deporte que se engancharon a un espectáculo sin igual en el que los ciclistas «fueron capaces de ser alados y elevarse hasta unas alturas donde ni siquiera llegan las águilas», como también pronunció en su día el propio patrón de la Grand Boucle. Por aquí volaron Fausto Coppi en el Tour del 52 «escalando como un teleférico deslizándose por su cable de acero» (Goddet), Charly Gaul en 1955, Bahamontes en el 64 o Anquetil dos años más tarde en una de sus mejores vuelos.

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El Galibier es un paso de montaña casi tan viejo como la propia Humanidad. Se dice que esta ruta se fue trazando siguiendo los pasos de contrabandistas y vendedores ambulantes que desafiaban el frío y las ventiscas de nieve incluso en verano. Acceder a uno de los otros valles era como hacerlo a la cara oculta de la Luna, a un territorio desconocido, otro mundo.

Sin embargo no fue hasta 1979 cuando el coloso da su estirón definitivo y crece nada menos que 89 metros, alcanzando los 2645 actuales. En efecto, el viejo túnel se resintió de una sus bóvedas y amenazaba con desplomarse de un momento a otro. Se cerraron sus grandes portalones de madera durante 25 años y se construyó una nueva carretera para cruzar el paso en forma de curvas diseñadas «a la mula», mil metros más de escalada al 10%, convirtiéndose en el tramo más duro de toda la ascensión, siendo Lucien Van Impe, aquel mismo año, el primero en estrenarlo pasando en solitario en cabeza.

“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta

Aunque las puertas del túnel fueron abiertas de nuevo en el año 2003, después de las reformas que ya permitían el paso incluso de autocares, el Tour prescinde de él y prefiere el nuevo tramo que lleva a la cima, para disfrute de los aficionados que sienten en aquellas nuevas rampas toda la épica de los esforzados de la ruta que se convierten en gigantes cuando hollan su cumbre, igual que lo seréis vosotros si superáis el miedo escénico del cartel «Col du Galibier: 35 km», saliendo de St Michel de Maurienne. Más que un fuera categoría, un puerto de otro planeta.

Por Jordi Escrihuela

Imagen: Ciclismo Épico

 

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Este ciclismo ha superado a muchos y entre ellos creo que se encuentra Mikel Landa, quien ya no es referencia y la luz con sus ataques. Ahora se dedica a trabajar buenos puestos, trabajando desde atrás y persiguiendo.

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La Itzulia retrata el ingrato presente de Landa

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