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¿Qué piensan los franceses sobre “ son Tour”?

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DT – 2022 post

Os explico una anécdota de hace un par de veranos pedaleando por el Hexágono:

«Llegué a Sallaigouse y frené mi bici. Sabía que en Francia no existe la cultura de ir de bares que sí se vive en España, pero ignoraba que fuera tan difícil encontrar alguno, cuando de pronto observé de frente unas mesas y unas sillas, y un precioso rótulo tallado en madera: «La Vieille Maison”.

En sus vitrinas, algunas imágenes épicas de ciclistas en blanco y negro, bastante antiguas y que no llegué a reconocer quiénes eran, pero que hicieron que no me lo pensara dos veces: «¡Aquí!«. Entré con timidez y me dirigí al camarero en francés, aunque en seguida me contestó en catalán, ya que, en efecto, estaba en la Catalunya Nord y el encargado del café era de madre barcelonesa y padre galo, así que nos entendimos a la perfección y entablamos una animada conversación, ya que si yo hablo por los codos, él me superaba ampliamente en incontinencia verbal.

Al fondo, en una mesa, tres jubilados socializando, hablando y hablando sin parar desde hacía horas alrededor de sus vasos vacíos y una botella de vino medio llena. Entendía perfectamente que lo estaban haciendo sobre el recién finalizado Tour. Se vanagloriaban de la gran performance de los ciclistas franceses en esta edición, que la consideraban «exceptionnelle», ya que tres de los suyos habían luchado por el podio y les habían hecho vibrar.

Se jactaban de que estos resultados no habían sido frutos del azar, sino más bien de la eficaz férrea lucha anti-dopaje que había producido esta eclosión, dando una nueva generación de limpios campeones franceses con mucho talento. Y se quedaron tan panchos.

Aun reconociendo esta labor, era incomprensible que dijeran, en voz bien alta para que les oyera perfectamente, que los oscuros años de dopaje habían expoliado de grandes victorias a los corredores franceses más íntegros.
También era comprensible que estuvieran tan exaltados ya que si no recuerdo mal desde hacía treinta años, desde el Tour del 84 con el duelo Hinault-Fignon, que los franceses no revivían estas fuertes sensaciones.

Por un momento dejé de escucharles, que ya había tenido bastante, y me puse a hablar con el joven responsable del local y lo hice, cómo no, hablando del tiempo y de este variable verano, ya que si algo caracteriza a los franceses es que les encanta hablar de la «méteo». Un tema nos llevó a otro y le pregunté cómo era que en esta zona había tan pocos bares y tan poco ambiente. Me contestó algo que ya sabía, que el estilo de vida francés es así, pero también que desconocía: «está mal visto ir de bares por aquí» y que sobre todo por estos alrededores «no existían las típicas granjas donde los padres puedan ir a desayunar después de dejar a los niños en el cole». «No hay marcha en Francia -continuaba explicándome-. Si quieres ir de fiesta tienes que desplazarte a las grandes capitales, Toulose o Marseille«.

Me contó algo muy interesante que tampoco sabía y es el hecho de que por todas estas comarcas del sur de Francia, además de que son las más pobres del país, es muy difícil, por no decir imposible, montar un nuevo bar o restaurante: «Los establecimientos más viejos los vetan«. Increíble, en el país de la libertad y la igualdad te boicotean un nuevo negocio. En fin, c’est la vie. Hablamos de la crisis, de cómo ha afectado al sector no sólo de estas regiones sino de casi toda Francia: «hace más de 50 años había en el país más de dos cientos mil cafés. Hoy en día apenas permanecerán abiertos unos cuarenta mil«, me cuenta resignado. Sin duda los franceses han recortado gastos ligados al ocio de salir, ya que beber y fumar les cuesta mucho más caro que en España. Qué lejos quedan los tiempos en que en los pueblos los bares eran los puntos de reunión de nuestros vecinos, donde hacían negocios y discutían como lo estaban haciendo en aquel momento aquellos viejos del lugar.

Por un momento paré la oreja de nuevo para atenderlos. Seguían hablando de su Grande Boucle, pero habían cambiado de asunto, dejando a sus jóvenes promesas a un lado y centrándose en un más que interesante debate sobre si el Tour debía o no pasar por otros países, ya que este año había partido precisamente desde Inglaterra y, aunque con gran éxito de público, no se ponían muy de acuerdo si era conveniente o no.

Uno de ellos argumentaba que la ronda es francesa y que por tanto debía limitarse a sus fronteras, ya que además por ese motivo muchos pueblos se quedaban sin ver pasar la carrera por sus calles. Otro le apoyaba discutiendo con fuerza y gritando: «Nôtre Tour est national!» aunque dejaba entreabierta la posibilidad de que sólo se traspasara a otros países como Italia en el caso de etapas de alta montaña. El tercero en discordia sí se mostraba a favor de un Tour con marca internacional para promocionar el país, ya que la carrera se retransmite para 190 países en todo el mundo.

Interesante y encendida conversación la que mantenían ahora, aunque me seguía manteniendo al margen y charlaba más cómodo de bicis y turismo con Damián, que así se llamaba el chico, un gran aficionado al cicloturismo, tal y como se entiende en nuestro país vecino, y que este año había participado en marchas duras como l’Ardechoise junto a otros, atención, 20 mil ciclistas que se habían atrevido con una de las varias propuestas randonneurs que ofrece la prueba y donde sufrió con mucho gusto el duro col de Mézilhac, o en el Tour de Sancy, en el Auvergne, donde definitivamente, y después de la instalación del tren panorámico, la marcha organizada por los amigos montferrandais se quedaron sin la ascensión final a la cima del Puy de Dôme.

Una lástima. También me explicó que en esta edición de la ascensión al Mont Ventoux algunos gamberros, por no llamarlos de otra manera, tiraron clavos en la carretera en la subida al Gigante de la Provenza, produciendo más de 200 «crevaisons», entre ellos él, que pinchó varias veces. Vaya tela.

«Vandales!«, dijeron mis amigos sexagenarios, mientras yo ya marchaba poniéndome mi chubasquero, mis guantes y mi casco, despidiéndome de Damián: aún me quedaba mucho camino por recorrer de vuelta al albergue y seguro me pillaría la lluvia.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de http://www.playgroundmag.net
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La Costa Brava resumida en un sólo desafío, un menú de «mar y montaña»

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Ciclistas

Ganar como ganaba Fabian Cancellara

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DT – 2022 post

La victorias de Fabian Cancellara dejaban huella

Ganar, me dijeron una vez, se gana mucho, también en ciclismo, cada fin de semana hay carreras, incluso entre semana, pero victorias que marquen no hay tantas.

En esa tesitura se sitúa Fabian Cancellara, colgó la bicicleta hace unos años y siguen vigentes muchos de sus éxitos, incluso los de aquel 2010, primavera, en los que no tuvo casi contestación.

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Seis años después de su retirada os dejo estas palabras de Markel Irizar, son de entonces, escritas con el sentimiento de esos momentos, hablado del que había sido su ilustre compañero…

Llevo trece años de profesional y acabo de empezar las que será mi decimocuarta. Mucho ha pasado desde aquel chaval de Oñati que debutó en Euskaltel. Estos últimos cinco años los he tengo el privilegio de ser el compañero de Fabian Cancellara.

Fabian es una persona muy cercana en las distancias cortas, donde la gente no le ve. Es un líder dentro y fuera de la carretera, exigente, como no podía ser de otra manera pero muy agradecido.

Ha ganado mucho, muchísimo, Si me pedís por una victoria en especial, es difícil quedarse con una. Tiene oros olímpicos, Flandes, Roubaix, Mundiales, etapas en el Tour… si queréis que os sea sincero, yo me quedaría con su trayectoria, porque es excepcional. Fabian será recordado por ser uno de los más grandes en la historia del ciclismo.

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Ademas todo lo que ha logrado ha sido fruto de su forma de correr, con su peculiar estilo y con una manera de correr que tenía por norma ganar dando espectáculo, dando la cara… de ser una locomotora. Puedes ganar que si lo haces como lo hizo ayer, marca y queda en la memoria de todos.

El ciclismo pierde a uno de los mejores clasicómanos de la historia del ciclismo, uno de los grandes. Nadie puede llenar su hueco. Peter Sagan tiene mucho carisma y la gente le quiere mucho, pero es un corredor distinto a Fabian.

De momento no veo a nadie que pueda ser como él. Su hueco es inmenso.

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He podido estar y disfrutar en Gante de su despedida, una despedida que fue muy emocionante. Él estuvo tranquilo, cercano con el público y relajado.

Disfrutó de un momento muy especial para cualquier deportista profesional. Seis mil personas acudieron a la fiesta y despidió como debe hacerlo alguien como él, a lo grande. Ciao Fabian.

Por Markel Irizar

Imagen FB de Strade Bianche

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Países Bajos: un ancestral amor por la bicicleta

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DT – 2022 post

Así se vive la bicicleta en cualquier viaje por los Países Bajos

Poned un pie en Amsterdam, en los Países Bajos. Si usamos la vía normal será a través del principal aeropuerto del pequeño estado que ganó terreno al mar, Schiphol. Luego cogeréis un tren dirección estación central y allí accederéis a la vida normal de una ciudad que parece no dormir nunca.

Y lo veréis, un parking de varios pisos de altura donde se sitúan encajadas que digo cientos, miles de bicicletas, perfectamente acopladas, situadas y alineadas en grandes hileras.

Un espectáculo de civilización. Daréis dos pasos y os pitarán por izquierda y derecha, quizá hasta por arriba y abajo, son bicicletas que van y vienen. Gente de todas las edades, chicas con falda, ejecutivos con traje.

Todo armonía. Todo simple.

Shimano Sep 2022 – Post

Apreciaréis riadas, continuos movimientos informes de personas sobre su bici, también que el tráfico es menos denso, como más fluido.

Atascos habrá, como en todas las grandes urbes, pero mucho más llevaderos. Coger un bus, llamad a un taxi. Comparadlo con Madrid o Barcelona. Aquello va como más ligero.

Coged un tren e id a La Haya, o Delft, ciudades preciosas, modernas con sus enclaves de siempre, acanaladas en algún caso y sembradas, auténticamente trufadas de bicicletas.

Disfrutad de los bajos de las estaciones de tren con bicis que van y vienen, mirad el parking para bicis en Delft.

Acercaros a la que dicen ser la más católica de las ciudades de los Países Bajos, id a Utrech, la que vio la salida de Tour de 2015 o la de la Vuelta 2022.

Es una ciudad por y para ciclistas.

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Sinceramente, las flacas abruman, es terrible, son las reinas del paisaje, de la calzada y casi de las aceras, los coches frenan al verlas pasar, son el auténtico motor del lugar y del país.

Una isla en medio de países fuertemente motorizados, porque en sus senos crecieron grandes industrias automovilísticas.

Al norte Suecia, donde el respeto al ciclista no es la norma, al oeste Francia, al sur Alemania.

Ahora estos países y otros se quieren subir a los beneficios de la la bicicleta, pero estos ya se respiran en los Países Bajos desde hace tiempo ¿por qué? ¿de dónde viene ese arraigo?

Pues le viene de lejos, de tan lejos que hay que irse al 1870. Mientras Alemania sueña en grande con Bismarck, los neerlandeses adoptan la bicicleta como elemento propio y diferenciador, un instrumento que además perdura ante la inexistente industria del coche del país, lo que le confiere autonomía en la planificación de las ciudades.

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En esas fechas surgen las primeras asociaciones de velocipedistas, que hacen un ímprobo trabajo en la promoción de la bicicleta, esa máquina que entroncaba con la época de los grandes navegantes que yacen en las iglesias de Amsterdam, tiempos de esplendor que se recrean a través del equilibrio, libertad e independencia, valores que transmite la bicicleta, hoy la reina del lugar.

Y si no mirad lo que era Amsterdam en los años setenta, una utopía que casi cincuenta años después muchas ciudades europeas sueñan con ser.

Ellos ya lo eran entonces, nos llevan mucha ventaja.

Imagen: Amsterdam Bikes

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Grandes vueltas: ¿Vuelven las contrarrelojes?

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DT – 2022 post

El Giro 2023 puede significar la verdadera recuperación de las contrarrelojes

Hace unos días se celebró la Crono de Naciones, podríamos decir que ahora mismo la gran meca de las contrarrelojes, con Stephan Küng tomándose revancha sobre Tobias Foss.

Desconozco la antigüedad de la carrera, pero viene a ser algo así como la heredera del otrora grandísimo Gran Premio de las Naciones, durante generaciones el mundial contra el reloj oficioso, lugar de registros imperecederos como las ocho victorias de Jacques Anquetil.

Recuerdo alguna edición en Cannes, con Rominger, Mottet y Fignon, luciendo aquellos manillares de triatleta que Lemond tuvo narices para usar en el epílogo de un Tour.

Hablamos del lugar del esfuerzo individual, de la lucha contra uno mismo para medirse con los demás.

Un esfuerzo que tuvo maestros, dicen que el primero fue Jacques, el mentado Anquetil, el ciclista de la pose perfecta, quien sentó el precedente de la postura sobre la bicicleta.

El espejo de la Francia cosmopolita que quería dejar atras la penurias de la Segunda Guerra Mundial.

Anquetil fue el primero de una saga que sin embargo tiene antecesores, porque de la lucha individual, contra sí mismo y los elementos, Fausto Coppi hizo un arte de escapismo.

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Luego vinieron otros buenos nombres, Eddy Merckx y Bernard Hinault, campeones completos que en cronos kilométricas, de más de 70 y 80 kilómetros, abrían la brecha que nadie tenía bemoles a cerrar en la montaña.

Francesco Moser, otro que tal, un corredor que dominaba el arte de la crono como otros terrenos, dígase el pavés. Si hasta ganó un Giro, el Giro de las malas artes.

En esas también anduvo Sean Kelly, master en cronos y adoquines. En los setenta habían rodado como los ángeles Luis Ocaña y Felice Gimondi.

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Los tiempos más recientes trajeron los grandes especialistas en el prólogo.

Thierry Marie, maestro de maestros, con sus manillares revolucionarios.

Chris Boardman el impulsor del ciclismo en las islas, con Miguel Indurain, “Anquetil en vida”, como maestro de ceremonias.

El paso se marcó al estilo de Jan Ullrich y Abraham Olano, aunque croner de las grandes ocasiones fue el omitido Lance Armstrong.

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En los últimos diez años la corona se dirimió en nombres muy concretos.

El duelo a tres Wiggins-Cancellara-Martin.

Cada uno con su estilo y cadencia, nombres grandes.

Tom Dumolin, recién retirado, era la perfección, la figura redonda, la evolución de la especie.

Con él han competido máquinas del rodar como Van Aert, y especialistas perfectos sobre la bici, dígase Ganna o el citado Küng.

Remco Evenepoel entra directo y sin peaje en esta lista, al punto que dicen que el Giro, para seducirle, le ha puesto tres cronos.

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Ahí los tenemos, son los croners, los especialistas en abrir brecha en contrarrelojes, ciclistas que ahora viven medio desplazados en las mejores plazas.

Tienen el mundial, alguna pieza suelta y poco más y casi siempre con distancias ridículas.

Si el Tour en su historia hubiera sido como en ediciones recientes, muchos de estos ciclistas no existirían o no en la envergadura que tienen en nuestro subconsciente.

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No sé qué ha pasado contra las cronos en el ciclismo moderno, pero ha sido injusta su marginación.

Sé que la crono ofrece problemas, primero de logística, luego de retransmisión, no es tan gráfica como una jornada en línea, luego existe la posiblidad de que sea muy decisiva, pero es arte, el ciclista contra todo y todos, él solo, sin referencias, sin ruedas a las que agarrarse.

¿Hay mejor medida del esfuerzo?

Imagen: Unipublic / Charly López

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Ciclismo antiguo

La desconocida historia del ciclismo colombiano

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DT – 2022 post

«El Zipa» podría ser el kilómetro cero del ciclismo colombiano

Todos miramos la suerte actual del ciclismo colombiano, pero en el país andino la bicicleta tiene una larga, larguísima tradición, que va más allá de aquellos escarabajos de los ochenta que pusieron el ciclismo colombiano en el mapa. Hete aquí una historia que queríamos compartir con vosotros, la historia de porqué el ciclismo colombiano no ha sido tratado con el poso y antigüedad que merece:

A Efraín Forero todos le dicen “El Zipa” porque nació en Zipaquirá, pero sobre todo, por la sangre chibcha de sus venas. Los Zipas fueron los reyes indígenas de esos valles altos y fríos aledaños a Bogotá, antes de que llegaran los españoles.

Para demostrar a un puñado de interesados que era posible organizar en Colombia una carrera por etapas similar al Tour de Francia o al Giro de Italia, el Zipa realizó en solitario una travesía desde Bogotá hasta Manizales cruzando en bicicleta el Páramo de las Letras, aquella ascensión descomunal de 83 kilómetros que sube de las orillas del Magdalena, a 500 metros sobre el nivel del mar, hasta las cumbres cercanas al Nevado del Ruíz, a 3.760 metros de altitud.

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Cuentan que el Zipa pasó la cresta de la cordillera entre senderos de tierra y descendió otros 30 kilómetros hasta la ciudad de Manizales, donde arribó por la noche mientras una multitud lo esperaba como a un héroe. Tenía entonces 20 años.

Un año más tarde, en 1951, Efraín Forero sería el primer campeón de la Vuelta a Colombia, que nunca ganaría de nuevo porque en su camino se atravesó el antioqueño Ramón Hoyos Vallejo, “El Escarabajo de las montañas”, el mismo que después derrotaría a Fausto Coppi subiendo al Alto de Minas, cierta vez que el campeonísimo vino con su equipo a correr unas competencias de exhibición en Colombia.

Ramón Hoyos ganó cinco veces la Vuelta a Colombia, fue campeón panamericano de ruta y también estuvo entre los primeros colombianos que corrieron una carrera en Europa: la Route de France de 1953, donde tuvo que retirarse antes de las montañas.

No podremos decir lo que habría sucedido si Ramón Hoyos, el primer escarabajo, hubiese sostenido un mano a mano con Bahamontes o Charly Gaul en los Pirineos. Tampoco podremos asegurar si era cierto eso que le decían los italianos a Martín Emilio Rodríguez “Cochise” cuando ya viejo fue a correr como gregario de Gimondi: que de llegar a Europa más joven, a lo mejor Eddy Merckx no tendría cinco Tours en su palmarés. Cochise, el primer latinoamericano que ganó algo grande allá (dos etapas del Giro) tenía cuatro Vueltas a Colombia en el bolsillo, había sido record de la hora y campeón mundial de persecución individual.

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No podremos decir en qué lugar del podio del Tour hubiera terminado Fabio Parra si los controles y sanciones por dopaje funcionaran como funcionan hoy. Podremos decir que fue tercero. Podremos decir que hubo dos positivos por delante.

Cuando Patrocinio Jiménez atacó en el Tourmalet nadie era capaz de seguirlo, ni siquiera Lucien Van Impe, el mejor escalador de su momento. Muy a pesar de eso, un periodista italiano se refirió en cierta ocasión a esos ciclistas colombianos debutantes en las carreras de los ochenta como unos “pobres ratoncitos oscuros” que no sabían lo que era el Alpe.

Quizá este periodista acertaba en algo, los ciclistas colombianos eran pequeños y oscuros como ratones, pero se equivocaba en lo demás: fueron los europeos quienes nunca conocieron las montañas de verdad, esas donde falta el aire y los cóndores hacen sus nidos, esas de cuarenta o cincuenta o sesenta kilómetros para arriba.

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Aquello quedó zanjado cuando Laurent Fignon –ciclista con cara de gato– persiguió sin éxito al ratoncito Lucho Herrera durante la etapa 17 del Tour de 1984, la etapa del Alpe famoso aquel donde se consagran los gigantes. Jaques Anquetil, que no en vano había ganado cinco veces aquella carrera, dijo algo diferente de los colombianos. “Si vuelven serán terribles” dijo. Y tenía razón.

Ahora hay una generación que vuelve con hambre y sed de victoria, con deseos de demostrar que el ciclismo no era una disciplina exclusiva para blancos y europeos, también es –y además lo es por decreto de un Presidente– el deporte nacional de este país escondido entre los Andes, el deporte donde se sublima como en ningún otro el sufrimiento de su pueblo.

Fue el escritor inglés Matt Rendell quien llamó a los corredores colombianos “los Reyes de las Montañas”. Creo que en cierto modo todos son hijos del Zipa, ese hombre con sangre de rey indígena que demostró en 1950 cómo era posible atravesar en bicicleta un país de alturas monstruosas y carreteras inexistentes.

Por Camilo Alzate

Imagen tomada de HSB Noticias

 

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