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Ciclismo antiguo

Lieja es la capital mundial del ciclismo

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DT – 2022 post

La Tour de France vuelve a salir de Lieja y lo hace como si fuera desde casa. La capital de la Bélgica francófona ya ha sido sede del Tour varias veces, aquella de Miguel Indurain en 1995 junto al ausente Johan Bruyneel fue quizá la que más nos impactó, pero la historia es más amplia y por eso queremos recuperar este artículo que publicamos en el Meta 2 Mil hace unos años.

Lieja, capital mundial del ciclismo
Valonia fue, lo vimos no hace mucho, cuna de corredores como Frank Vandenbroucke, Pino Cerami, Claude Criquielion y en tiempos presentes de Philipe Gilbert. Su escarpada geografía encierra leyendas ciclistas de más de un siglo. Una región cuya capital, Lieja, es ahora mismo la única ciudad que ha acogido las tres grandes vueltas, amén de otras grandes citas. Una privilegiada urbe en la cuenca industrial del río Mosa de poco más de 200.00 habitantes con un legado histórico notable, aunque lejos de la publicidad de sus homónimas flamencas, Gante y Brujas, principalmente.
Lieja es punto de salida y culmen de la clásica más vieja de cuantas son etiquetadas como monumentos, la Lieja- Bastogne- Lieja, con una antigüedad que en breve se situará en los 120 años. Con cinco triunfos Eddy Merckx es su principal corredor por delante de Moreno Argentin. En 1930 la ciudad acogió la cuarta edición de los Campeonatos del Mundo inscribiendo el nombre de Alfredo Binda por segunda vez en el palmarés de una cita donde figura entre los mejores de siempre.
Sin embargo fue el primero de septiembre último, en una lluviosa tarde, cuando  Lieja pasaba a la historia del ciclismo por ser la primera urbe que ha visto el paso de las tres grandes vueltas. Un antecedente que curiosamente se consolidó en un país, Bélgica, que no es anfitrión de  ninguna de las mentadas pruebas. Aquella fue una jornada que a pesar de ser la quinta en la relación de etapas, marcó la suerte de muchos corredores cuando a la salida de una rotonda se produjo una de las caídas más multitudinarias que hemos visto. Fue entre los diques de Timmermans y el de Banning donde medio pelotón besó el viscoso asfalto de una tarde, aún veraniega, que bien parecía otoñal. Del corte que se produjo quedaron seis corredores por delante. Dada la situación de los equipos con velocistas se produjo paridad tres Quick Step contra otros tantos Columbia. Weylandt, Velo y Tosatto versus Greipel, Grabsch y Sieberg. Al final el fornido Greipel se hizo con el triunfo, el primero de los seis que firmaría.
Con el alemán de Columbia se culminaba un libro de oro que explica que en Lieja no gana cualquiera. El Tour de Francia la ha frecuentado varias veces, algo por otro lado habitual, por que las distancias físicas con el país galo son escasas, aunque menores lo son las culturales, por ser ésta la mitad francófona de Bélgica. Han sido diez las veces que la capital valona ha estado en la historia del Tour. La primera de ellas en 1948 cuando Gino Bartali, escapado, se impuso sobre el francés Robic y los belgas Schotte y Ockers con más de un minuto sobre el pelotón. El místico italiano sentenciaba, si cabe, un poco más, el que sería su segundo Tour. Dos años después Adolfo Leoni mantenía intacto el feudo transalpino en el corazón belga imponiéndose en una llegada masiva sobre Magni y Bobet.
La línea cronológica de Lieja en el Tour siguió en la década de los cincuenta. En 1953, también procedente desde Metz, Lieja recibía el Tour con el suizo Fritz Schaer en vanguardia con dos segundos sobre el luxemburgués Wagtmans y 47 antes del grupo de notables encabezado por Bartali, Koblet, Magni y Robic. El primer triunfo francés lo firmaría André Darrigade en 1956 quien llegó escapado con el propio Schaer y el británico Robinson en la que fue primera etapa de aquel año tras partiendo desde Reims. Una jornada que marcó diferencias dantescas, con el pelotón de los favoritos con cerca de siete minutos de retraso. La siguiente sería una jornada en sprint masivo. En 1965 Rik Van Looy lograba la victoria en velocidad sobre los también belgas Vandenberghe y Sels, también en una jornada inaugural que partió desde Colonia. A continuación una crono colectiva de 22 kilómetros coronaba al equipo Ford. Pasarían quince años para volver a ver el Tour por Lieja con el neerlandés Henk Lubberding llegando en solitario y un minuto treinta por medio sobre un cuarteto belga formado por Claes, Van Calster, Vandenbroucke y Schepers.
Sin embargo la más espectacular de las llegadas a Lieja se desarrolló en 1995. En un tramo final que reproducía en parte el trayecto de la clásica primaveral, Miguel Indurain saltaba del grupo de notables para devorar a los componentes de la escapada inicial, siendo Johan Bruyneel el único en poder seguirle. El belga, entonces enrolado en la ONCE, ganaba la etapa que dejaba el camino expedito al gigante villabés hacia su quinto Tour. La última vez que Lieja entró en el Tour fue cuando acogió el “Grand Départ” de 2004 mediante un prólogo que se adjudicó Fabian Cancellara, dos segundos más veloz que Armstrong y ocho por debajo de José Iván Gutiérrez. Al día siguiente se tomó camino de la otra gran ciudad valona, Charleroi.
En 2002 el Giro de Italia experimentó una salida similar a la que la Vuelta realizó en su última edición partiendo desde la holandesa ciudad de Groningen –el año próximo lo saldrá en la capital Amsterdam-. En su camino hacia Italia, la caravana rosa tomó camino del sur llegando en su tercera jornada a Ans, la pequeña localidad a las afueras de Lieja que cada año acoge el final de la Doyenne. Tras atravesar Lieja, de hecho aquí se ubicó la oficina permanente de la carrera italiana, se tomó dirección hacia Ans para acabar con victoria de Stefano Garzelli.
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

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1 Comentario

1 Comentario

  1. C.S.DelAlamo

    29 de junio, 2012 En 20:28

    Buenisimo artículo Iván. Ansiando que empiece mañana el Tour para que las largas tardes de verano cobren vida.

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Ciclismo antiguo

El amarillo no es un color cualquiera en el ciclismo

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DT – 2022 post

Alguien un día dijo que el amarillo fuera el color del ciclismo

Es aleccionador el recordar los orígenes que tuvo la denominada camiseta de color amarillo para distingue al líder del Tour de Francia, la máxima competición internacional con que cuenta el ciclismo.

Fue necesario que pasaran a la historia una docena de ediciones, las primeras, hasta que un personaje desconocido en el cuadro representativo de la organización de la citada prueba, llamado Alphonse Baugé, un ex campeón de medio fondo, le planteara al director de la carrera, Henri Desgrange, la idea de que el gran público pudiera distinguir de buenas a primeras al que era primero en la clasificación general de la carrera por etapas. Nada mejor que implantar una vestimenta distinta que pudiera ser vislumbrada o distinguida desde lejos, siquiera, aunque fugazmente, en el seno del gran pelotón.

Los aficionados, los espectadores de la contienda que se cuentan a miles y miles al borde de la carretera, desean distinguir, dilucidar con sus propios ojos de una manera un tanto obsesiva en dónde se encuentra el ciclista que luce la casaca amarilla de oro, que identifica al líder de la carrera, todo un símbolo que acapara una merecida popularidad. El vestir este color, una tradición ya lejana, suponía alcanzar un anhelado  honor que atraía con especial énfasis a las gentes; fuera su portador un ciclista  importante o no lo fuera.

El ser el primero en la tabla de una competición de esta índole, automáticamente es algo que siempre se ha bien valorado en su justa medida.

Era necesario, alguien dijo, que la prenda fuera de tonalidad lindando al amarillo real, un amarillo fuerte y un poco oscurecido”. ¿Y por qué motivo se exigía precisamente esta tonalidad? La decisión vino a raíz de que aquel color era el mismo que imperaba en las páginas del periódico fundador del Tour de Francia: el rotativo “L´Auto”.

También se determinó que se estamparan en la misma camiseta y en letras mayúsculas las siglas H.D., al objeto de rendir homenaje al fundador y director de la mencionada carrera por etapas, un hombre todo genio y figura en su época: el histórico protagonista Henri Desgrange.

Esta fórmula, aunque nueva, también fue imitada algo más tarde por los dirigentes organizadores del Giro de Italia. El líder de la carrera transalpina viene vistiendo de tiempo una camiseta de color rosa, al igual que las hojas del periódico fundador: “La Gazzetta dello Sport”.

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El primero en enfundarse la camiseta amarilla en el Tour fue el francés Eugène Christophe, precisamente en el año 1919; es decir, dieciséis años más tarde con respecto a la primera edición, celebrada en 1903. Lo hizo a partir de la cuarta etapa, Brest-Les Sables d´Olonne, la cual conservó sobre sus espaldas hasta la penúltima jornada, en la Estrasburgo-Metz, pasando la elástica de líder a ser propiedad definitiva del belga Firmin Lambot, que fue el vencedor absoluto de aquel Tour.

El bravo ciclista galo Christopher no pudo defender su liderato y la valiosa prenda amarilla al sufrir un inesperado y contundente desfallecimiento. Debió contentarse con ocupar el tercer puesto en la clasificación final, en la apoteosis de París.

Sirva de curiosidad el saber que en el año 1948, el italiano Gino Bartali se adjudicó el Tour por segunda vez tras transcurrida una decena de años.

Hubo una firma de lanas denominada “Laines Sofil” que patrocinó su cometido aportando 10.000 francos por día al que fuera portador de la camiseta amarilla.

Fue a partir del año 1970, en el Tour que ganó con facilidad el belga Eddy Merckx, cuando se dio luz verde para que las empresas colaboradoras pudieran plasmar sus siglas de marca en la misma camiseta de líder, aportando una cantidad económica muy substancial.

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Por otra parte, cabe señalar aquí que precisamente el belga Eddy Merckx, vencedor por cinco veces de la ronda francesa (1969, 1970, 1971, 1972 y 1974), ha ostentado un récord muy particular: el vestir y lucir aquella camiseta durante 96 días. Con cinco Tours en su haber la cifra alcanzada fue fácil de conseguir.

A modo de distinción en torno a los ciclistas españoles, nos cabe el honor de mencionar al catalán Miguel Poblet, que fue el primero de nuestros representantes que se vistió de amarillo.

Hemos de retroceder al año 1955, tras adjudicarse la primera etapa que trasladó a los corredores de población de Le Havre, que posee un importante puerto marítimo, a la ciudad norteña de Dieppe, que linda con el Canal de la Mancha.

Poblet lució tal prenda durante un par de días, perdiéndola a manos del holandés Wout Wagtmans. Es curiosidad el exponer que Poblet cerró el mencionado Tour con otra victoria, vivida en el Parque de los Príncipes de París, término de la última etapa. Asistieron en su conclusión más de 70.000 espectadores que aplaudieron con entusiasmo a su ídolo, el francés de Bretaña Louison Bobet, que acababa de conquistar su tercer triunfo consecutivo en la ronda gala, algo que los aficionados de nuestro vecino país y nosotros no hemos olvidado.

Por Gerardo  Fuster

Imagen: A.S.O./Charly Lopez

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Ciclismo antiguo

Pocos ciclistas impactaron como Jan Ullrich

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DT – 2022 post

Jan Ullrich fue tan poderoso como efímero en lo más alto del podio

No hace mucho dijimos que Jan Ullrich fue lo más brutal que vimos desde Miguel Indurain y, 25 años después de su Tour, seguimos en las mismas.

Quiso el azar que a segunda mitad de los vilipendiados años noventa viera la colisión de los dos talentos más grandes que ha tenido este deporte en los últimos cuarenta años: Miguel Indurain y Jan Ullrich.

Fue un choque muy desigual, reducido al Tour de 1996, una de las ediciones que flotan en la polémica perenne con un danés sentenciando la carrera en Hautacam ¿Os suena la película?

Al margen de todo ello, aquella carrera tuvo un ganador real y otro moral.

En el declive de Indurain, emergió un corredor que podía hacerlo todo, tirar del grupo de los mejores por kilómetros y llegar con ellos hasta el final, un escalador potente y pesado, de desarrollo largo, una bruta bestia, que diría Ares, que en la contrarreloj no hacía presos.

Jan Ullrich explotó de tal manera, en esos días, que sigo pensando que fue uno de los motivos para que Miguel Indurain diera un paso al lado.

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¿Qué habría sido del Tour 1997 si ambos hubieran estado de dulce?

No lo sabremos, aunque una cosa es cierta, lo que vimos en aquella edición, hace 25 años de eso, pasó a los anales como una de las palizas más hirientes jamás vistas.

El tramo que va desde Andorra a Saint Etienne es un chorreo en toda regla, como yo creo que nunca he visto nunca más.

Con Riis lejos del nivel de antaño, ya en la primera de los Pirineos, Ullrich ejerce de patrón sin el uno a la espalda.

En Arcalis, se acabarían las bromas. el alemán, campeón de su país ese año, abrió gas y destrozó los sueños de Pantani y Virenque en su terreno: les envió más allá del minuto en una etapa concluida tras 250 kilómetros.

A los pocos días en Saint Etienne, «diferencias Indurain» con éste retirado

Ullrich le tomó más de tres minutos en 55 kilómetros a ambos escaladores en una exhibición en la que Olano, especialista total, estuvo casi en los cuatro minutos de pérdida.

Esas eran las carnicerías que dejaba Ullrich a su paso, golpes de efecto que a veces le jugaban malas pasadas, como cuando salía a rueda de Pantani, volando en Alpe d´Huez, para reventar y pasar a controlar los daños.

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Su reinado se presumía largo y duro, pero nada hubo de eso.

Ullrich quedó rápido apeado del trono, esa mala cabeza que mostró en etapas como en los Vosgos, la ineptitud de Virenque aquel día le salvó, le traería de cráneo durante toda su vida.

Ver a aquel ciclista de 1997 fue lo más parecido a Indurain que recuerdo, 25 años después lo sigo pensando.

Aunque no volvería a ganar el Tour, hizo pequeños los registros de Poulidor batallando hasta el final y de buena lid con Pantani -memorable su ataque en la Madeleine- y Armstrong, en los Tours que no salen en los libros.

Queríamos acordarnos de este monstruo que esperemos esté mucho mejor y muy alejado de los entornos en los que le hemos visto no hace tanto tiempo.

Imagen: NDR

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Ciclismo antiguo

«Monsieur Anquetil, no le pedimos que pierda, sólo que no despliegue todo su potencial»

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DT – 2022 post

A Jacques Anquetil le pidieron que no abusara de los rivales

Ese día a Anquetil le llegó una propuesta tremenda.

En Lugano cuando el cielo luce azul, el sol entra por entre las crestas del Ticino y el agua refleja una luz que no calienta, pero sí reconforta.

Una luz de esas que llena el alma e inspira.

Lugano, en el vértice italiano de la confederación helvética, acoge su gran premio, una suerte de mundial oficioso contra el crono que Jacques Anquetil tuvo a bien dominar durante más de media década.

Encantados, pero asustados, los organizadores del evento, no saben cómo aproximarse a la estrella normanda.

Jacques, maitre Jacques, el señor del reloj, el estilista que cinceló la imagen perfecta del hombre sembrado sobre la máquina, la perfección perenne que medio siglo después seguirá como los cánones clásicos, sin perturbarse por las modas.

Temor, como decimos en los garantes del evento.

Temor porque sospechan que el astro va a copar la clasificación.

Sinuosos se escurren ante Anquetil.

Le vienen a decir: “No decimos que pierda, sólo que no despliegue el potencial de su enrome talento”.

Eso tenía un precio, una media verdad que no mintiera al público, pero que le hiciera humano, que le diera emoción. Anquetil pacta un precio por su no victoria.

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El pacto de bambalinas no saldría de entre los firmantes, pero Anquetil riza el rizo.

Tiene en Ercole Baldini, italiano, elegante, querido en la zona y uno de los mejores bajadores de los tiempos, su posible gran rival.

Al final sería Gianni Motta el segundo.

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De cualquiera de las maneras, con Ercole pacta otra prima, parte del premio de éste por “no desplegar el potencial de su talento”.

Ya son dos bolos más el fijo de salida.Pero el día pinta fenomenal, la gente aclama a maitre Jacques y al final gana, porque no podía ser de otra manera, es el mejor y los arreglos, tan traídos en la época, no funcionan.

Le maitre se lo guisa y se lo come, se lleva el premio del primero, sin necesidad de ofender a la concurrencia, dándole pábulo a una cierta emoción.Todo queda como lo establecido, Jacques Anquetil es siete veces ganador en Lugano, esas marcas que nadie osaría igualar, porque como el tiempo demostró no son de este mundo.

Ésta es una de las historias de «La soledad de Anquetil», el excepcional libro de Paul Fournel dedicado al primer quíntuple ganador del Tour de Francia.

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Ciclismo antiguo

La inédita y olímpica historia de Christa Luding y Clara Hughes

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DT – 2022 post

Christa Luding y Clara Hughes han sido campeonas olímpicas de ciclismo e invierno

La historia por poco sabida no merece ser omitida. El día que los Juegos Olímpicos coreanos echaron el cierre, hace ua cuatro años, con una fenomenal final de 50 kms de esquí nórdico, queríamos acordaros de dos campeonas olímpicas que las cuñas de Eurosport nos recordaron esos días porque lo fueron de invierno y verano, y en verano lo consiguieron en las pruebas de ciclismo. Hablamos de Christa Luding y Clara Hughes.

La primera era alemana del este, la antigua RDA, en tiempos en los que los mapas de geografía política en Europa borraron fronteras marcadas desde el mismo final de la Guerra Mundial.Christa Luding fue patinadora y ciclista de velocidad. Es una de nuestras campeonas olímpicas.

Christa Luding fue fija en los podios de los ochenta e inicios de los noventa

Su leyenda empieza como patinadora de velocidad. Medio kilómetro y kilómetro, medallas de oro en Sarajevo 1984 y Calgary 1988.Ese mismo año sería plata en la final de velocidad en Seúl 88, la primera olimpiada coreana y la anterior a la de Barcelona, en el 92, como la de Albertville, donde sería bronce de patinaje velocidad en 500 metros.

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Clara Hughes es una leyenda en Canadá

La otra protagonista es de Winnipeg. Es una leyenda, una celebridad en un país de honda tradición olímpica, como es Canadá.De hecho, Clara Hughes fue la abanderada en los juegos de Vancouver 2010.

Los juegos de casa, como Chris Hoy en Londres.Para tal honor, Hughes, subcampeona del mundo de contrarreloj en Tunja, año 1995, donde Indurain y Olano, ya había pisado podios olímpicos.

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En Atlanta, año 1996, se colgaría dos medallas de bronce en las carreras de carretera, crono y ruta, pero con el tiempo se pasaría a patinadora de distancias más largas que Luding.Hughes ganaría medallas desde Salt Lake City, año 2002, a Vancouver, año 2010.

Por medio, en Turín, 2006, entraría en la galería de campeonas olímpicas: oro en los 5000 metros.

Con la final de hockey hielo aún resonando, las emociones del frío y deslizante, hemos querido tener una esquinita de estos preciosos juegos en este mal anillado cuaderno que es El Velódromo.

Imagen: Olympics

 

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Con el debut de Juan Ayuso en la Vuelta pasa lo mismo que con Carlos Rodríguez. Está integrado en un equipo top, con bazas y gente experimentada.
Lo que le llegue bien, pero por el momento es su primera grande y está en el sitio perfecto para aprender

https://joanseguidor.com/vuelta-2022-juan-ayuso/

Elegante naranja sin costuras que se hace uno con tu piel. La combinación ganadora de @sportful en este verano tórrido de marca de moreno muy marcada en el brazo

https://revista.joanseguidor.com/maillot-culotte-sportful/

«Monsieur Anquetil, no le pedimos que pierda, sólo que no despliegue todo su potencial»...

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La Vuelta sale de Utrech, y no es un sitio cualquiera. En este ciudad la bicicleta es la reina, la vaca sagrada del río.
Está bien que la carrera venda las bondades de una ciudad en bicicleta...

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La dureza de Beixalis, la soledad de Cortals d´ Encamp y el "puerto de Andorra", Envalira.
Eso os espera en la @granfondoepc y así nos lo describen @sandyAD98 y Jack Haig

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