Ciclismo antiguo
Gianni Bugno no ganaba por fuerza: ganaba por estética
Gianni Bugno: la elegancia que dudó un segundo y perdió un Tour y los que vinieron
Ya lo veis ahí, con la tricolore, maillot eterno, Gianni Bugno.
Hay ciclistas que ganan carreras, y otros que ganan miradas.
Gianni Bugno fue de los segundos.
Aquel italiano nacido en Suiza, con la raya al lado perfecta y la planta de actor francés, podía estar deshecho por dentro, pero por fuera era mármol.
Vestido con la tricolore, subiendo Alpe d’Huez sin casco, con gafas de espejo y el gesto impasible, parecía más modelo de Armani que campeón de Italia.
Ese maillot duró unos meses, pero dejó más huella que muchas temporadas enteras.
Con él ganó Burgos, San Sebastián y Zúrich antes de coronarse campeón del mundo en Stuttgart.
Pero aquel verano también dejó la escena que cambió su historia: el Tourmalet.
Indurain bajó a toda máquina, Chiapucci hizo de puente… y Bugno, Gianni el bello, dudó.
Esperó al coche. Un parpadeo. Dos minutos. Y adiós Tour.
Desde ahí, las trayectorias se cruzaron.
Indurain se vistió de amarillo para cinco años; Bugno empezó a vivir de recuerdos, y qué recuerdos.
Porque un año antes había hecho lo que casi nadie: ganar el Giro de inicio a fin.
Líder desde Bari hasta Milán, tres semanas de rosa sin un solo día flojo. Mottet, Giovanetti, Lejarreta… todos quedaron a más de seis minutos de un Bugno que no sudaba, simplemente rodaba. “No me llaméis campeón —decía—, eso sería ofender a Bartali y Coppi”.
Pura elegancia también para quitarse mérito.
Luego llegaron sus grandes días menores: aquel Alpe d’Huez de 1991 que ganó sabiendo que el Tour no era suyo, el sprint largo y demoledor de Benidorm, el Flandes del 94 donde dejó clavado a Museeuw con una arrancada de 300 metros.
Gianni no ganaba por fuerza: ganaba por estética.
Quizá le faltó sangre, o le sobró belleza.
Quizá dudó cuando había que morir un poco más.
Pero si hay una imagen que resiste los años, es la suya: agarrado del manillar plano, sin gesto de dolor, elegante incluso en la derrota.
Porque hay campeones que ganan, y otros, como Gianni Bugno, que nunca dejan de parecerlo.






