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Mundo Bicicleta

Dijeron que la bicicleta había muerto

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WorldTour 2022 – TopPost

¡Ay! ¡Pasó la edad de oro del velocípedo! ¡Llegó tan rápidamente a su apogeo, y hoy está en periodo de la decadencia y de la muerte! Los elegantes, que el año pasado teína cada cual el suyo, se apresuran a venderlos o a regalarlos a sus criados. Estos son los que aun se sirven de ellos para las expediciones lejanas; para ir desde los barrios céntricos a los de Salamanca y Argüelles; para llegar quizás algún domingo hasta Chamberí o Carabanchel. Ningún fashonable que se respete se atreverá ya a presentarse en los sitios públicos sobre ese objeto que tiempos atrás era considerado como indispensable. Nació, corrió, murió el velocípedo. ¡Séale la tierra leve!

Así se expresaba la revista La Época el 25 de enero de 1871 en un extracto que el libro “Historia de una carrera: Salamanca-Madrid” que La Biciteca ha sacado, dentro de su colección de “Libros de maillot”, otra de esas cosas que se le ocurren a Manu con la pasión y conocimiento que pone a todo lo que le “toca” la bicicleta.

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1Lo cierto es que con el pretexto de acabar este libro, nos ha venido a la cabeza las no pocas piezas que hemos leído sobre la prehistoria de la bicicleta en España y sus ciudades y los problemas que se generaban del encaje de ésta en el paisaje de ciudades y villas.

Visto ahora, por suerte, lo que dijo La Época fue precipitado y vedado a la realidad de un invento que siguió creciendo paulatinamente, aunque siempre con la tara de lo que pasaba aquí era el eco de lo que había sucedido más allá de los Pirineos años antes.

Francia era entonces, y en los años sucesivos, el auténtico piloto de la normalización de la bicicleta en Europa, con carreras que nacían como la París-Brest o la Burdeos-París con inscripciones que multiplicaban por mucho lo que concurría en España. Al año siguiente de la efímera Salamanca- Madrid, que ganara el ídolo de entonces, Julián Lozano, se cumplió la primera edición de una carrera llamada París-Roubaix.

La irrupción de la bicicleta por el Paseo del Prado causó incredulidad:

«Jinetes eran los fantasmas, montados al parecer en la caña de una escoba. o en el esqueleto de un galgo o en un cuerpo impalpable,… Después de un ejercicio prolongado, se intentaron por las calles con la misma velocidad y produciendo un ruido monótono y extraño” comentó La España en septiembre de 1868.

Toda esa extrañeza, esas inverosímiles personas montados en un caballo de hierro, no era más que la forma de plasmar los complejos inicios de la bicicleta en una sociedad que originó la actual. Leer historias de aquellos años es realmente gráfico: con mujeres sobresaltadas por ciclistas doblando las esquinas, con los serenos haciéndose a lado,… esas historias son deliciosas y hay bibliografía ingente, muy recomendable porque como diría aquel, estamos casi igual que entonces, pero ciento y pico años más viejos.

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Ciclismo antiguo

Colombia, el ciclismo siempre presente

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WorldTour 2022 – TopPost

Incluso con este Giro, Colombia nunca deja de ser noticia en ciclismo

El Giro 2022 que camina por su segunda semana no acaba de resultar como se esperaba para el ciclismo de Colombia

Con Iván Sosa inédito y Fernando Gaviria, lamiendo el poste, la tricolor no está tocando pelo.

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No sucedía lo mismo hace 35 años, cuando por estas fechas Colombia era un país incendiado de ciclismo.

Luis Herrera, un jardinerito que también llamaron Lucho, hacía historia mayúscula ganando aquella Vuelta influenciada a partes iguales entre los Lagos de Covadonga y la desgracia de Sean Kelly.

Era la culminación, el minuto cero de una historia de éxito que daría para largos episodios.

La década de los ochenta dejó huella por aquellos que llamaron escarabajos, ciclistas colombianos que subían irresistiblemente las mejores paredes del viejo continente, corredores que ni acostumbraban a ganar grandes vueltas, sí etapas y reinados de la montaña, pero que con Lucho dieron el paso adelante.

Afinado, moreno, elegante y de rauda arrancada, Herrera rápido se vio que sería el elegido de dar el paso adelante, de cruzar el Rubicón, en esa Vuelta logró lo que nadie había conseguido. Fue como un serpentín, el exclusivo dominio europeo amenazado en cadena: primero Greg Lemond que hace caer el telón del Tour, luego Lucho la Vuelta y al año Hampsten el Giro.

La globalización en su todo su esplendor.

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Luis Herrera acuñó pocas pero grandes victorias, a la general de esa Vuelta, un par de éxitos en los Lagos de Covadonga y con los años el Terminillo en el Giro. La colección de grandes cimas por eso había tenido un antes y un después en Alpe d´ Huez.

En la retina queda su mano a mano con Perico en la cima capital de la Volta del 91, el Mont Caro, el pelado coloso de Tortosa, donde Lucho dio la medida de su clase.

 

35 años después, hoy mismo, los titulares siguen hablando de ciclismo en Colombia.

Más allá de la suerte en este Giro, mirad qué palmarés llevan los amigos, con Dani e Higuita dominando dos carrerones como Itzula y Volta.

Y eso que perdieron a Miguel Ángel López nada más llegar a Italia.

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Que se agarre a esta historia tan bella Fernando Gaviria, el ciclista que, incluso de mala hostia, sólo puedes mirar con ojos de empatía.

Nos gusta Gaviria por varios motivos, uno personal, viene de la pista y eso nos pone, y otra pasional, que es un ciclista que subyuga con ese sprint, ese cambio de velocidad, esa forma de imponerse.

Su vacío es brutal, tanto que cuando Dainese le superó al final, su derrota la sentimos como propia, mientras Santiago Buitrago se quedó a las puertas en Génova.

No siempre salen las cuentas, pero en Colombia el ciclismo sigue siendo noticia.

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JoanSeguidor.com

Denominación de origen Flandes: los flandriens

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Tour de Flandes Bkool JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

Así nació el producto más genuino de Flandes, los flandriens

El aire es viscoso y denso, casi tangible al tacto de nuestros dedos. Plomizo. Cunetas por donde rara vez asoma un rayo del sol. Humedad, frío que se clava en los huesos, que amilana el alma. Que atenaza. Flandes es una tierra vecinal, íntima, pero pasional, de flandriens. Lo que fueron zanjas impracticables hoy son tesoros que atraen a medio mundo por que evocan lo que fue este deporte en su esencia.

Dos semanas después de la sofisticada San Remo, la rural región flamenca surge de entre los adoquines.

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Fue en 1993 cuando alguien en esa cuña alargada entre Valonia, Países Bajos y Francia se le ocurrió hacer algo así como la denominación de origen Flandes.

Ante el rodillo de la modernidad que aplacaba los adoquinados senderos frente a alisadas rutas, se quiso salvaguardar un testimonio largo y alto de lo que ha sido esta tierra desde hace cien años. un diminuto lugar que guarda la esencia ciclista mundial.

Lessines es una localidad cercana a Geraardsbergen, justo al sur.

Si la visionáis en Google Maps veréis a que su izquierda se erige una enorme cantera. Un poco más al este está Quenast, en la frontera con la proscrita región valona. Otro lugar reventado, una cantera lo delimita por el sur.

De ambos sitios surgen los perfectos y aristados bloques que componen las alfombras adoquinadas de lugares de culto como Berendries, Koppenberg, Bosberg,…. S

on esos pedrolos grises y abruptos sobre los que rebotan los mejores “flandriens” desde hace cien años.

Pero… ¿qué es un flandrien?

Echando mano de literatura del lugar, encontramos una descripción muy exacta de la amplitud del término.

Amante del mal tiempo, su rostro está castigado, trabajado por los elementos.

El flandrien original llevaba en cruz el tubular, el último de estos fue, dicen Albéric «Briek» Schotte, un armario ropero de los años cuarenta con un físico que abrumaba con el cuchillo entre los dientes cuando olía el triunfo.

Aquellos personajes calzaban bicis de acero, plomizas y contundentes, de trece kilos y les gustaba saber que una «gélida brisa» les iba a acompañar por el recorrido.

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Flandes, a diferencia de otras carreras, no paró ni siquiera por la ocupación nazi. S

u creador, del cual otros dieron cuenta de forma extensa, fue lo que en la época se llamaba un colaboracionista. Al punto fue su comunión con las fuerzas de ocupación que los cruces y cunetas flamencas se cerraron con policías alemanes esvástica en brazo. El diario que siempre alimentó su leyenda, el Het Nieuwsblad, tuvo que ver como otro, el Het Volk, emprendió una carrera del mismo nombre como respuesta a la alineación con el considerado enemigo en esas terribles fechas.

Aquí sin embargo, cuestiones políticas al margen, De Ronde son dos palabras mayúsculas que se impresionan en decenas de cajas de latas de Coca Cola en los supermercados.

Porque más de cien años no se cumplen todos los días y no desde en una carrera que hace de seña al mundo de una tierra que se conoce sobre ruedas finas y frágiles.

Foto tomada de Cycling in Flanders 

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Ciclismo antiguo

El rampante león de la bandera de Flandes

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Flandes bandera JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

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Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Brabante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

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La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

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Mundo Bicicleta

Ciclismo en Flandes, por las rutas que construyeron la fe

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Ciclismo en Flandes JoanSeguidor
WorldTour 2022 – TopPost

Recortes peregrinos de una ruta que abrió para nosotros la profundidad del ciclismo en la tierra de Flandes

Nos cuentan que el «flandrien» es un ciclista duro, que compite hasta que su rostro se torna irreconocible, que cruza la meta con un brillo especial en la cara y el pelo húmedo, que angula sus brazos, acerca el mentón al manillar y baja la espalda porque no ve más acá del umbral del dolor.

Es un tipo que no se queja, que no mira al cielo cuando pone el pie en la ruta.

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El «flandrien» auténtico» calzaba bicicletas de acero de trece kilos, llevaba el tubular a modo de chaleco y desparramaba su capacidad física, que no era poca, por el itinerario.

Oudenaarde JoanSeguidor

Ni Toni ni un servidor somos «flandriens», somos en todo caso, admiradores venidos del sur, para acercarnos lo más posible en esas sensaciones originales que cincelaron uno de los ciclistas más idealizados del universo de la bicicleta.

Nosotros no partimos hacia la conquista del Tour de Flandes, en todo caso, ser parte del lugar, donde no es difícil pasar desapercibido si vas en bicicleta.

El cielo está blanco, a veces azul «habéis traído el sol con vosotros» bromean, pero la lluvia nos va a respetar.

El frío flota en el ambiente, es noviembre, mediados, la hoja ha caído, y la que no mecha de ocre un paisaje por lo demás lineal, salpicado de alguna pequeña colina, que seguramente encierre algún adoquinado tramposo.

Son unos cinco grados.

Dries Verclyte, nuestro anfitrión de Cycling in Flanders, nos invita a una ruta por algunos de los parajes que cada año vibran no sólo con De Ronde, también con muchas de las grandes carreras del calendario belga y otras, las menores, que sirven para inocular este amor por el deporte, el paisaje y la tierra que en Flandes se llama ciclismo y que es una cultura que trasciende a lo meramente cotidiano.

ciclismo en flandes ruta en bicicleta JoanSeguidor

Los primeros kilómetros nos llevan de Oudenaarde hacia la base del Oude Kwaremont.

«Recibiréis un gratificante masaje y gratis» bromea Dries que aprovecha para señalar al horizonte: «Ahí, donde ese pequeño campanario blanco, tienes la cima del Koppenberg».

El ciclismo en Flandes es relajante: rodar sin más intención que respirar su aire, cortante por el frío, algo reseco, estamos a unos 100 kilómetros en línea recta de la costa, entremezclado con los «aromas» que vienen de las continuas granjas que dejas a los lados.

Es relajante por que no vamos enfilados en un pelotón con cien lobos jugándose el pan y por que el viento ese día estuvo en calma.

Los elementos también hacen el ciclismo de Flandes.

También lo es por el tráfico, casi inexistente en muchos tramos, con una completa red de carriles exclusivos para bicicletas que dejan ajeno a ese peligro que quita el sueño a muchos ciclistas.

Pronto llegaremos a la base del Oude Kwaremont, desde hace siete años, el punto clave en la decisión del Tour de Flandes, desde el momento que instaurara el circuito que actualmente decide la carrera.

Es una subida de dos tramos, unidos por un falso llano intermedio.

En él adivinamos que los laterales permiten «navegar» ajenos al adoquín, que es molesto, maltrecho, llevando tu ruta a un completo azar.

«Aquí no es tan importante la cadencia, como en los grandes puertos del Tour, aquí hay que tirar de cuádriceps, de fuerza, chepazos, parte central del manillar y para arriba» sugiere Dries en el asfalto que precede la subida.

El adoquinado tiene algo de «panza» por el centro, conviene irse a los lados, pero no mucho para no correr la suerte de Peter Sagan, a cuarenta por hora, cuando se enganchó a la valla y se fue al suelo Naessen y Van Avermaet con él.

Fue en la edición que ganó Gilbert, cincuenta kilómetros escapado, desde la escabechina de Boonen en la capila, Geraldsbergen, emblema que no podemos visitar, pues queda algo más alejado.

El Kwaremont queda atrás y viramos hacia el Paterberg

Si el primero se va a más de dos mil metros, éste no llega a los 400.

En su base, momentos antes de abordarlo, a nuestra derecha dejamos una granja, una más, podríamos pensar, per ésta es curiosamente de un animal andino, de llamas ¿qué haría ahí?

El Paterberg es un espejismo, una recta en mejor estado que el Kwaremont que parece una rampa de despegue, que gana desnivel según subes.

La inclinación final brilla, el sol ciego del otoño, casi invierno, flamenco, ilumina pero no calienta, le da al lugar un aspecto onírico que nos distrae de la verdadera dureza de la rampa.

En la cima del Paterberg tomaremos ruta a la izquierda, deshacemos por otra carretera el camino hecho, porque Flandes en estos lados, es estrecho, íntimo y revirado, un sorteo de curvas y contracurvas que pone en ventaja a la gente del lugar, de ahí que dos tercios de las ediciones De Ronde hayan sido para ciclistas del lugar.

De Ronde: Si el Kwaremont ha sido el muro + frecuentado el Paterberg tiene el desnivel + pronunciado, un 20,33% en su aliento final


Dries nos pone al corriente, vamos camino al Koppenberg.

Sobre el Kopperberg alecciona: «Ninguna otra carrera lo cruza, sólo el Tour de Flandes y eso que estuvo varios años sin subirse. Es sin duda el tramo más duro y en peor estado de todos los de la zona«.

Si una subida ilustra el ciclismo en Flandes es el Koppenberg.

Y así nos sumergimos en esa atmósfera que estrecha, recargada, no diría que asfixiante, pero sí mística, oscura, con recodos ponen en alerta nuestra máquina, una suerte de «toro bravo» que no se deja domar.

El Koppenberg es salvaje, el espacio es el que es, escaso y la estrechez obliga a ser certero en la trayectoria, más si eres parte de la manada de lobos que opta a la gloria en la meta de Oudenaarde.

Su pico de pendiente rebasa el 19%.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

Nos sentimos «flandriens», no tanto por nuestro rendimiento, como por formar parte del paisaje, participar de la tortura de un firme hostil, cuyo hormigueo te acompaña durante los primeros metros de llano que siguen cada adoquinado.

Pero al ciclista medio le gusta sentir ese dolor que le aproxima sus ídolos, en un escenario que tiene árboles por techo y restos del reciente Koppenbergcross, el de «todos los santos» que tuvo lugar días atrás.

Coronar su recta final es haber atravesado el tramo más auténtico de De Ronde, un espacio para la ensoñación que habla de lo complicado que es todo esto para un pro.

«Decididamente son de otra pasta» convenimos arriba.

La ruta, perfectamente señalada de forma perenne, prosigue hacia la calle del Tour de Flandes.

La sucesión de ganadores escritos en el suelo, con su año, nos advierte de lo trascendente del lugar.

ciclismo en Flandes estatua creador del Tour de Flandes JoanSeguidor

Antes de llegar a la mitad, el memorial de Karel Van Wijnendaele recuerda al creador de la carrera, hace más de cien años, siguiendo el patrón de otras grandes competiciones ciclistas: ante la necesidad de contenidos que ayudaran a vender más diarios, se organiza una carrera que no era otra cosa que una vuelta a Flandes, en el más estricto sentido de la palabra, con salida y llegada a la ciudad de las tres torres, Gante.

324 kilómetros tuvo aquella locura en 1913, años previos a la Gran Guerra que tantos capítulos se cobraría en los campos de Flandes, los que hoy mecen el mejor ciclismo del mundo.

La ruta prosigue por las flechas del Tour de Flandes dirección la cota favorita de Tom Boonen, ahí donde siempre gustaba tensar la cuerda.

El Taaienberg es una recta de medio kilómetro en la que la primera selección tenía lugar.

El sitio de Tom, el corredor que venera una esta región entregada al ciclismo, el digno portador del tesoro que un día guardó Johan Museeuw, como Stijn Devolder, como Peter Van Petegem y esos contemporáneos que un día nos abrieron la puerta de ese sueño que es el ciclismo en Flandes por un viaje que justo acaba de comenzar.

Continuará…

 

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Démare les ha mantenido a raya hasta el final
Ni el punch final de Bauhaus ha sido suficiente. El francés tiene un vergel en el Giro como nunca lo ha tenido en su país #Giro2022

Santuario de Vicoforte

Leyenda

Un cazador, vio algo entre los matorrales, cuando disparó, se dió cuenta que le había dado a una antigua talla de la virgen que sangraba.
Arrepentido prometió crear una iglesia en su honor.

Os cuento más con:
@JoanSeguidor & @FAremberg
⬇️⬇️ https://twitter.com/JoanSeguidor/status/1527623925730906113

Viendo lo que le ha pasado a Bardet, recuerdo las vueltas que le daba @mikeilundain a las caídas de Landa camino del Blockhaus.
Y es que en 3 semanas cualquier chorrada te envía para casa, por eso minimizar percances, riesgos y demás es clave.
#Giro2022

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