Ciclismo
No veo nada clara la derrota de Giulio Ciccone
Remco es campeón, pero Giulio Ciccone podria serlo perfectamente
Hay derrotas amargas y luego está lo de Giulio Ciccone en el Europeo de Eslovenia.
Un sprint milimétrico frente a Remco Evenepoel que ha reabierto el debate sobre la infalibilidad de la foto de llegada.
La imagen del fotofinish, lejos de zanjar la polémica, deja tantas dudas que las redes sociales y el ambiente ciclista siguen echando humo al día siguiente.
Recuerda irremediablemente a aquella Amstel Gold Race entre Wout van Aert y Tom Pidcock, donde la perspectiva de la cámara y la línea trazada dejaron una sombra de sospecha que el tiempo no ha logrado borrar.
El italiano se mostraba desolado tras cruzar la meta.
Leemos que Ciccone admitió que durante unos segundos llegó a creerse campeón de Europa.
Pasó de la ilusión de tocar el oro a la frialdad de ver cómo los jueces otorgaban el título al corredor belga.
Obviamente, la visión de Ciccone es parte interesada, pero resulta difícil reprochar el enfado a un ciclista que compite siempre con el cuchillo entre los dientes y la valentía por bandera.
Cuando el margen entre el triunfo y el segundo puesto es invisible al ojo humano y difuso en las pantallas, el regusto que queda es de auténtica injusticia.
La situación plantea una pregunta inevitable en el ciclismo moderno.
Con una tecnología que a menudo genera más dudas conceptuales que certezas absolutas, ¿no tendría sentido declarar un empate?
El concepto del exaequo parece abolido en este deporte, obsesionado con encontrar un ganador único aunque sea por una milésima imperceptible o una distorsión óptica de la lente.
Sin embargo, otorgar dos maillots europeos en llegadas tan extremas haría más justicia al esfuerzo de ambos corredores y evitaría la sensación de que la moneda ha caído de un lado por puro formulismo.
Ciccone volvió a demostrar que tiene nivel para disputar de tú a tú con los mejores del planeta, pero se vuelve a casa sin la recompensa que rozó con los dedos.
Imagen: UEC








