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Noticias de ciclismo

Abruzzo en bicicleta: cuando el viaje empieza al bajar el ritmo

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Los lugares de Abruzzo que se guardan para la bicicleta

Entre abadías, pueblos de montaña y paisajes que se extienden hasta el Adriático, esta región del centro de Italia invita a descubrir que el cicloturismo es mucho más que sumar kilómetros.

Hay lugares que se descubren mejor cuando dejamos de tener prisa. Cuando el objetivo ya no es llegar cuanto antes, sino disfrutar de lo que aparece por el camino. Y si hay una forma de viajar que invita a hacerlo, esa es la bicicleta.

CCMM Valenciana

Abruzzo, en el centro de Italia, es uno de esos territorios donde el paisaje cambia de escenario en pocos kilómetros.

Del Adriático a las montañas, de los pueblos medievales a los caminos rurales, la región ofrece una combinación de naturaleza, historia y tradiciones que encuentra en el turismo activo una interesante forma de darse a conocer.

Durante tres días de septiembre, del 16 al 18, recorrimos parte de este territorio con motivo de Active Abruzzo, una iniciativa de CNA Turismo Abruzzo que reúne a periodistas especializados para descubrir las experiencias turísticas de la región.

Y una de las primeras lecciones del viaje llegó sobre dos ruedas.

La Valle delle Abbazie: pedalear entre paisaje e historia

En la provincia de Teramo, la Valle delle Abbazie propone una manera de acercarse al territorio en la que la bicicleta se convierte en algo más que un medio de transporte.

El recorrido permite descubrir un paisaje rural marcado por la presencia de antiguas abadías, pequeños núcleos de población y un patrimonio histórico que forma parte de la identidad de esta zona de Abruzzo.

Aquí, el atractivo no reside únicamente en el ejercicio físico.

Está también en la posibilidad de detenerse, observar el entorno y comprender cómo el paisaje, la arquitectura y la vida local han evolucionado juntos.

Es precisamente lo que diferencia un viaje en bicicleta de una simple salida deportiva.

No se trata solo de recorrer una distancia, sino de descubrir qué hay entre el punto de partida y el de llegada.

Y de aceptar que, a veces, una parada inesperada puede convertirse en uno de los mejores momentos del día.

La Valle delle Abbazie permite acercarse a esa forma de entender el cicloturismo: una experiencia que combina movimiento, patrimonio y descubrimiento, y que puede integrarse en un viaje más amplio por la región.

Villalago: cuando alguien del pueblo cambia el viaje

La bicicleta fue una de las protagonistas de nuestro recorrido, pero no la única forma de descubrir Abruzzo.

En Villalago, un pequeño pueblo de montaña de la provincia de L’Aquila, llegamos con la intención de realizar una excursión a pie.

Lo que no estaba previsto era que aquella actividad acabara convirtiéndose también en una visita cultural.

Allí conocimos a Simone Lupi, vicepresidente de la Asociación Cultural Antico Borgo, quien se ofreció espontáneamente a acompañarnos por el pueblo.

Nos mostró sus calles, nos habló de su historia y nos abrió las puertas del Museo de los Oficios Tradicionales.

No era simplemente una visita más.

Era la oportunidad de conocer un lugar a través de alguien que forma parte de él.

Y esa es una de las grandes diferencias entre visitar un destino y vivirlo.

La experiencia de Villalago ilustra algo que también tiene mucho sentido en el cicloturismo: los pueblos no son únicamente lugares por los que pasar, puntos de avituallamiento o escenarios para una fotografía.

Son espacios habitados, con historias, tradiciones y personas que pueden transformar por completo nuestra percepción de un viaje.

Scanno, otro de los pueblos que descubrimos a pie, añadió una nueva dimensión a esta experiencia por las montañas de Abruzzo.

Del interior al Adriático: un viaje con muchos paisajes

Uno de los atractivos de Abruzzo es la posibilidad de combinar diferentes experiencias sin limitar el viaje a una única actividad.

El itinerario nos llevó también hasta el Área Marina Protegida Torre del Cerrano, en la costa adriática, y a Pescara, donde los museos abiertos en los últimos años están ampliando la oferta cultural de la ciudad.

A lo largo del recorrido, los encuentros con artesanos, productores y profesionales del turismo permitieron descubrir otras facetas de la región.

Porque después de una jornada de ciclismo o senderismo, la gastronomía, los oficios tradicionales y la cultura local también forman parte de la experiencia.

Esta diversidad abre la puerta a plantear viajes en los que la bicicleta sea el hilo conductor, pero no necesariamente la única protagonista.

Una jornada pedaleando entre abadías puede combinarse con una visita cultural, una experiencia gastronómica o unos días de senderismo por los pueblos de montaña.

No hace falta elegir entre deporte y descubrimiento.

El cicloturismo también necesita un territorio vivo

Hay un aspecto que a menudo queda fuera de las fotografías de los viajes en bicicleta: todo lo que hace posible que un territorio resulte atractivo y accesible para quienes lo visitan.

Los alojamientos, los pequeños comercios, los artesanos, los productores locales y las personas que mantienen vivos los pueblos forman parte de esa experiencia tanto como las rutas y los paisajes.

Y para que el cicloturismo pueda contribuir al desarrollo de las zonas rurales, no basta con disponer de recorridos atractivos.

También son importantes los servicios, la conservación de los caminos, las conexiones de transporte y las oportunidades económicas para quienes viven allí.

El encuentro con Simone en Villalago fue un buen recordatorio de ello.

Un pueblo puede tener un patrimonio extraordinario, pero son sus habitantes quienes le dan vida y quienes pueden convertir una visita en una experiencia memorable.

Quizá ahí resida una de las mayores oportunidades del turismo en bicicleta: conectar lugares que, de otra manera, podrían quedar fuera de los itinerarios convencionales y favorecer una forma de viajar más cercana al territorio.

Mucho más que kilómetros

Abruzzo no necesita elegir entre sus montañas, su costa, sus pueblos o su patrimonio cultural.

Su atractivo está precisamente en la posibilidad de combinarlos.

La bicicleta ofrece una manera de recorrer y conectar esos paisajes, pero también una excusa perfecta para detenerse y descubrir todo lo que sucede fuera de la ruta.

La experiencia de la Valle delle Abbazie, las calles de Villalago, los paisajes de Scanno y la costa adriática nos dejaron una idea bastante clara: el turismo activo puede ser una magnífica puerta de entrada a una región, siempre que no nos olvidemos de mirar más allá del recorrido.

Porque al final, de un viaje en bicicleta no siempre recordamos cuántos kilómetros hicimos.

A veces, lo que permanece es una conversación inesperada, un pequeño museo que no sabíamos que existía o alguien que decide acompañarnos para enseñarnos su pueblo.

Texto: Silvia Donatiello

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