Ciclismo
La lentitud de la UCI sobre el peligro de las vallas en ciclismo
No puede ser que la UCI implemente tan lentamente las mejoras en las vallas de las metas
Siete años.
Ese es el tiempo que necesita la UCI para obligar a instalar vallas verdaderamente seguras en las llegadas masivas.
Siete años desde que Fabio Jakobsen se destrozara contra un entramado defectuoso en la Vuelta a Polonia de 2020, bordeando la tragedia absoluta y sufriendo lesiones que marcaron su vida y su carrera.
Leemos que la medida entrará en vigor en 2027, un plazo que suena a broma pesada dentro de un deporte que presume de profesionalismo pero que siempre va a remolque en lo esencial.
El ciclismo actual vuela.
Los materiales, las medidoras de vatios, la nutrición y las velocidades medias se han multiplicado.
Las volatas se disputan a más de setenta kilómetros por hora con pelotones hipermotivados en los metros finales.
Sin embargo, el marco de protección sigue dependiendo en demasiadas ocasiones de estructuras obsoletas, mal ancladas o diseñadas sin pensar en la física de una caída.
Que el máximo organismo rector necesite prácticamente una década para implementar una normativa homogénea y obligatoria sobre algo tan evidente resulta exasperante.
Durante este lapso, la seguridad ha sido un parche constante.
Se han introducido medidas cosméticas, sanciones a corredores por posturas aerodinámicas y tarjetas amarillas, trasladando con frecuencia la culpa al eslabón más débil: el ciclista.
Mientras se fiscalizaba al milímetro cada movimiento en el manillar, las llegadas seguían presentando giros peligrosos, mobiliario urbano sin proteger y pancartas que enganchaban volantes.
Vuelta a Polonia tuvo una llegada con bajada rapidísima que invitaba al desastre.
Ya no hablemos del calor extremo o de coches que se cuelan en las carreras.
Pero hablamos de vallas.
El problema de la UCI nunca ha sido la falta de diagnóstico, sino los plazos de implementación.
Se argumentarán complicaciones logísticas, costes para los organizadores modestos y plazos de adaptación técnica.
Todo comprensible en el papel, pero inasumible cuando la integridad física está en juego cada fin de semana.
Siete años para exigir barreras continuas, ensanchadas y capaces de absorber impactos en el punto más caliente de las carreras no es un avance ejemplar; es la constatación de una lentitud burocrática insostenible.
Llama la atención cómo la tecnología avanza a pasos agigantados en las bicicletas mientras la protección del deportista sigue atrapada en la burocracia de los despachos.
Imagen: Unipublic / Cxcling / Antonio Baixauli








