Ciclismo
La Vuelta hace bien de salir de fuera, pero tendría que mirar adentro
Ver a la Vuelta cruzar fronteras provoca una sensación agradable pero…
Que en Lisboa, el Piamonte o en Mónaco reciban la Vuelta con entusiasmo demuestra el valor de un producto ciclista bien construido, muy nuestro, marcado por ese sello singular de entender las tres semanas que hemos sabido exportar.
Que la gente se concite en las carreteras lejanas para ver pasar el pelotón refleja el gancho de una prueba capaz de seducir fuera de sus fronteras.
Lograr que este «savoir faire» patrio funcione lejos es un mérito innegable, fruto de años puliendo un formato que conecta con el aficionado internacional.
Sin embargo, la medalla tiene un reverso chocante.
Resulta paradójico comprobar cómo la carrera busca el aplauso exterior mientras deja zonas enteras del mapa propio olvidadas en esta edición o durante décadas.
Canarias lleva años esperando un regreso que nunca llega, Baleares parece descartada y de Ceuta o Melilla ni se habla al trazar los planos.
Hoy que sería tan interesante visitarlas.
Hay rincones donde la Vuelta no asoma desde hace tanto que varias generaciones de aficionados solo la conocen a través de la pantalla.
La comparación con el Giro salta a la vista.
La ronda italiana acude periódicamente a Sicilia, una isla preciosa y ciertamente olvidada por Roma en multitud de cuestiones.
El paso de la carrera por suelo siciliano no responde solo a un criterio económico; es un gesto integrador, una forma de recordarles que son parte viva del país.
Ese papel vertebrador a través del ciclismo es algo que la Vuelta parece haber relegado en favor de ofertas más rentables.
Es verdad que Unipublic es un ente privado y que su meta pasa por cuadrar el balance económico. Nadie pide ignorar las cuentas.
Pero no conviene olvidar que la prueba se apoya sobre el esfuerzo de incontables instituciones públicas que la sostienen, financian y protegen cada año.
Precisamente por esa fuerte implicación pública y por el valor simbólico de la carrera, convendría exigir un mayor equilibrio en el territorio, para que el éxito internacional no termine alejando a la Vuelta de la tierra que le da sentido.
Imagen: Unipublic/Cxcling/Toni Baixauli








