Ciclismo
Paula Blasi y Paul Seixas, cuánto tienen el común
Paula Blasi y Paul Seixas demuestran que el ciclismo sigue siendo deporte y no ciencia exacta
El ciclismo actual vive obsesionado con el plan: Se pasa el invierno leyendo sobre concentraciones, vatios por kilogramo y calendarios milimétricos en la costa española.
Nos han vendido que el ciclismo moderno es un laboratorio estanco donde no hay espacio para la improvisación.
Sin embargo, este inicio de año nos ha recordado que el ciclismo, afortunadamente, sigue siendo deporte y no ciencia exacta.
Dos estructuras de la máxima exigencia, Decathlon y UAE ADQ, han visto cómo todos sus esquemas saltaban por los aires ante la irrupción de dos fenómenos que han dinamitado el tablero: Paul Seixas y Paula Blasi.
Teníamos buenas referencias de ambos y sabíamos que el salto de calidad era cuestión de tiempo, pero nadie en su sano juicio preveía un impacto de semejante calibre.
Ambos comparten el la etiqueta de advenedizos en la élite, pero su bendita ignorancia sobre la tradición y los códigos sagrados del ciclismo profesional les ha servido para romper la baraja sin el menor complejo.
Su juventud e insolencia actúan como el elemento distorsionador definitivo en un pelotón donde todo está excesivamente programado.
Paul Seixas se presentará en el Tour de Francia como el gran argumento local, un imán para las miradas que, pese a las lógicas dudas que despierta su edad y el desgaste de una temporada exigente, encarna la ilusión francesa.
Por su parte, Paula Blasi ha destrozado cualquier puerta de acceso.
Ls ha reventado.
No necesita carta de presentación tras encadenar la Vuelta a España, la Amstel Gold Race y la Volta a Catalunya, confirmándose de golpe como una de las mejores ciclistas del planeta.
La confirmación de su concurso en el Tour Femmes ha terminado de redondear la historia.
Frente a las expectativas desorbitadas del entorno, Blasi opta por un discurso de notable prudencia, asegurando que su gran objetivo en este debut será humilde: intentar ayudar al equipo con líderes muy fuertes en su primera experiencia en la ronda francesa.
Ver a estos dos corredores tutear y batir a los capos asentados del circuito es una bofetada de realidad para los analistas de salón y los aficionados de toda la vida que a menudo nos ponemos la venda de la experiencia como un freno invisible.
Nos demuestra que siempre queda un cabo suelto incontrolable para los directores de rendimiento.
Cuando el molde tradicional salta por los aires de esta manera, el ciclismo recupera su esencia más pura y nos regala la maravillosa paradoja de que, por mucho que se empeñen en robotizarlo, la carretera siempre la deciden las piernas y la valentía, no los ordenadores.






