Ciclismo
El ciclismo de la era de Tadej Pogačar
Fenómenos como Tadej Pogačar evidencian la ruptura bestial del ciclismo
Quedan unos setenta y pico kilómetros para la meta, un sprint intermedio cualquiera, y el UAE decide que es el momento de menear la carrera.
Casi recién conectado el directo, Tadej Pogačar sentencia la Vuelta a Suiza, que decían cuarta grande de ciclismo.
Lo hace con una curiosa paradoja geográfica, ganando en Italia, pero sin vacilar y sin pedir perdón.
Es la primera de las cinco etapas diseñadas en forma de circuito por todos los cantones, y el esloveno ya ha dejado su sello.
Viene aquí con el único objetivo de afinar la forma para el que pudiera ser su quinto Tour de Francia, abriendo de paso su palmarés en una carrera en la que debuta y, fiel a su estilo, gana a las primeras de cambio.
La reflexión que nos deja este arranque es tan clara como cruda: esta hornada de capos actuales no perdona ni los restos.
No hay espacio para los demás, atacan desde el inicio y se acabó la historia.
Lo peor, o lo mejor según se mire, es que no se cabrean ni se desgastan en política de pelotón.
Es una realidad que nos contaba Marino Lejarreta en un podcast que hemos dedicado a la histórica participación de Caja Rural en el Tour, un contenido que sacaremos a la luz en breve.
La dinámica actual es implacable: salen, atacan y ganan, sin mirar si se reparte o no el botín, sin la más mínima intención de contentar a nadie.
Atacan y punto.
Es una forma de correr brutal que rompe moldes tradicionales y deja completamente seco a una amplia parte del pelotón.
“No nos dejan ni las migajas“, afirma de forma tajante Josemi Fernández, sports manager de Caja Rural, en ese mismo espacio que escucharemos pronto.
La gran pregunta que nos queda flotando en el ambiente es si esto es verdaderamente bueno para el ciclismo a largo plazo.
Cuesta creer que la respuesta sea afirmativa.
Al final, sucede exactamente lo que Jonathan Castroviejo nos admitió en una charla no hace mucho tiempo, cuando confesaba que corren dejando la sensación de que muchos de los ciclistas ni siquiera han tomado parte en la carrera, una tremenda losa que termina pesando de forma directa en los patrocinios.
El ciclismo de superélite despega y se distancia a una velocidad sideral, sin dejar el paso a nadie más.
Vemos estructuras cada vez más potentes frente a otras que, incluso aumentando de forma notable su presupuesto, no llegan a competir en la misma liga.
Este texto nacía con el foco puesto en Pogačar, pero una cosa lleva inevitablemente a la otra.
Lo que queda al final de la jornada es que los grandes triunfos del calendario se reparten de forma exclusiva entre tres o cuatro grandes nombres.
Son los mejores, ejercen como tales y muestran remordimientos cero.
Con este panorama, no me extraña en absoluto que Pogačar uno de los descensos a medio gas y charlando tranquilamente con el coche de equipo.
Se sabía con la sentencia en el bolsillo sin apenas haber empezado la carrera.






