Ciclismo de carretera
Faites attention, c´ est le Tour
Volvemos a tener un verano con Tour de Francia
Esta vez llega antes, pero lo hace puntual, como siempre, el Tour de Francia.
La carrera en la que todos más o menos acabamos hablando de ciclismo, prestando atención a esa pléyade de inconscientes que tragan kilometrajes insufribles y desniveles inhumanos a ritmos que el 99,9% de nosotros aguantaríamos en un sprint corto.
El Tour de Francia los vemos todos, nuestra madre por los paisajes, el abuelo pues sabe de Perico, nosotros crecimos con Indurain, y el niño conoce uno en Strava que peta el vatio-kilo.
No es el mejor ciclismo, a nuestro juicio, siempre a nuestro juicio, pero sí el más trascendente, el que pesa en la historia y marca la suerte de no pocos.
En el Tour se caen las caretas, de todos, los corredores se desnudan ante sus limites, el aficionado ante su amor por este deporte que sabe de pasión y sentimientos que desde fuera se le mira como a un marciano.
Es el Tour, lo sentimos, lo vimos cuando Perico lo perdió ante Roche, cuando lo ganó al año siguiente, cuando preguntábamos que cómo un “positivo” podía ser algo negativo.
Tuvimos nuestros primeros recuerdos con ellos, con el verano en el pueblo, la carrera tostada al sol y los campeones que un día creímos poder emular.
Pero claro, el tiempo, las posibilidades de cada uno nos pusieron en nuestro sitio, el Tour es para elegidos, cualquiera de los que veamos en la pantalla o cuneta en días venideros es un superdotado, una máquina de rendir afinada al límite de lo posible.
Con misma admiración de la inocencia nunca rota, así hay que ver el Tour, y quedarse con lo que te hizo sentir, pues eso será lo que perdure.
Pero ojo con las expectativas, que nos conocemos, etapas que imaginamos en nuestra mente, que creemos irrepetibles, que serán la bomba.
De éstas, lo probaremos, no hay tantas en Francia en julio.
Es un hecho, pues contra la fe y pasión del aficionado irrumpen los datos, la ciencia y el resultado, en ellos reside la clave del éxito, el punto de inflexion entre la victoria y la derrota, lo primero, si sucede en el Tour, te cambia la vida, lo segundo, es posible que te lastre para siempre.
En el Tour no caben ambages, ni grises, así somos, por eso muchas veces sucede lo que vemos, que se corre a mantener y a no perder, pero hay que quedarse con lo que hay, y muchas veces es sublime.
No todo se juega en la general, hay veinte etapas, veinte batallas, veinte historias y a veces otros tantos ganadores, todos con su leyenda y miserias, todos conscientes que lo que se juega es decisivo, para siempre.
Vamos, son tres semanas, el Tour vuelve, y lo hace en julio, con la certeza de que será lo más parecido a uno de los Tours que recordamos, por que hace un año por estas fechas, el vacío se nos hizo un agujero negro.






