Ciclismo antiguo
Ciclistas en chapas: Álvaro Pino
Así se mantiene Álvaro Pino en nuestra memoria
Álvaro Pino fue uno de los primeros ciclistas que recortábamos con mimo para encajar en el hueco de una chapa de refresco.
En las tardes de los ochenta, el asfalto de la acera o la tierra de cualquier descampado se convertían en nuestro particular Tour de Francia.
Con un poco de cera o masilla para darle peso a la chapa, el maillot y nombre del gallego de Ponteareas quedaban protegidos por un plástico transparente, listo para saltar hacia la gloria en una carrera trazada con tiza contra los amigos del barrio.
Aquellas carreras domésticas tenían héroes reales, tipos sobrios que no necesitaban estridencias para ganarse un hueco en la memoria sentimental de una generación.
Nacido en agosto de 1956, Pino representó a ese corredor combativo capaz de medirse con los gigantes de su tiempo.
Su gran obra cumbre fue la Vuelta a España de 1986, su única victoria en una ronda de tres semanas, un hito que se cimentó sobre el asfalto andaluz en una contrarreloj decisiva de veintidós kilómetros con salida y llegada en Jerez.
Aquella jornada selló el destino de una carrera que cambió su vida deportiva para siempre, recordando el peso histórico de trazados contra el reloj que aún hoy resuenan al hablar de cronos determinantes en el trazado de la gran ronda española como analizamos al repasar la crono de Jerez.
Más allá de aquel triunfo imborrable, el gallego demostró su solidez compitiendo al máximo nivel en Francia, donde firmó un meritorio octavo puesto en las ediciones del Tour de 1986 y 1988, además de vestir el maillot de la selección en siete Mundiales.
Cumplida su etapa sobre el sillín, mantuvo intacta su pasión como director desde el coche en formaciones como Kelme, Phonak o el recordado proyecto gallego del Xacobeo, transmitiendo su conocimiento del oficio con la misma sobriedad que lucía en la ruta.
Cuarenta años después de tocar el cielo ciclista, la bicicleta sigue formando parte de su rutina diaria, sumando kilómetros y manteniendo vivo el fuego de un deporte que explicaba recientemente en esta entrevista sobre su segunda vida.
Para quienes gastamos rodillas en las aceras empujando una chapa con el pulgar, Álvaro Pino siempre conservará ese estatus único del grupo de pioneros, ciclistas que abrieron un camino de tardes eternas y sueños en miniatura.








