Ciclismo
Si ese es Pogačar muy mal y si no, también
No entiendo los riesgos que Pogačar corre en el vídeo que circula por redes
Las imágenes que corren estos días por redes sociales dejan mal cuerpo.
Muestran a un ciclista sorteando el tráfico urbano de Mónaco entre maniobras que rozan la temeridad: invasión del carril contrario, curvas trazadas al límite y autobuses esquivados por centímetros.
Dicen que es Tadej Pogačar.
No pondré la mano en el fuego ni aseguraré al cien por cien que sea el esloveno, pero si los indicios se confirman y realmente es él, la decepción es mayúscula.
Cuesta entender que alguien que vive de dar pedales trate la carretera con semejante desprecio.
El ciclismo profesional arrastra demasiados sustos, caídas graves e historias luctuosas como para permitirse frivolidades de este calibre.
Menos aún en un entorno como la Costa Azul o el Principado, donde la densidad del tráfico y la estrechez del asfalto no perdonan despistes.
En España, con todas las carencias que aún sufrimos, el respeto al ciclista ha ganado terreno con los años. Fuera no siempre atan los perros con longanizas, y jugar a la ruleta rusa entre el tráfico abierto viniendo de entrenar es un sinsentido impropio de un profesional.
El contexto agrava la estampa. Pogačar venía de renunciar a la cita europea argumentando que no estaba recuperado del todo de los golpes de la Vuelta a España.
Pasar de la baja médica por precaución a jugarse el pellejo en una rotonda de Montecarlo es una incoherencia flagrante.
Un deportista de su calibre no solo gestiona vatios; también custodia un capital físico que sostiene su carrera y el trabajo de toda una estructura.
Más allá del daño individual, está el perjuicio colectivo.
Confío en que la mayoría de los ciclistas tengan criterio para ver estas imágenes y sentir vergüenza ajena, sin caer en la tentación de imitar la bravuconada.
El verdadero problema radica en la munición de grueso calibre que esto regala a quienes odian la bicicleta.
Conductas así dinamitan cualquier argumento sobre convivencia vial, legitiman los discursos más hostiles contra nuestro colectivo y echan por tierra los esfuerzos de quienes salimos a la carretera intentando cumplir las normas.
El talento sobre la bicicleta exige responsabilidad cuando se baja de ella, y este episodio ofrece el peor escaparate posible.
Imagen: INS Domestique








