Ciclismo
Puertos cerrados para ciclistas: es un primer paso
Diez mañanas de ciertos puertos cerrados al tráfico es un primer paso, pero queda mucho
Rocacorba abre el fuego este mes de noviembre de una medida que promete blindar varios puertos emblemáticos de Cataluña al tráfico de motor, reservando la carretera de forma exclusiva para quienes suben a pedales.
La iniciativa se vende como pionera, aunque sobre la mesa surgan dudas de si es tan inédita como la presentan, ya que la fórmula lleva tiempo funcionando en otros rincones con tradición.
Como toda decisión administrativa, la lectura tiene doble filo, con luces evidentes pero también con sombras que no conviene esconder debajo de la alfombra.
Por un lado resulta comprensible que la Generalitat y la Federación Catalana busquen vestir la propuesta al abrigo del legado del Tour de Francia.
La narrativa vende bien y atrae focos, pero la realidad dibuja un mapa bastante más modesto: diez mañanas al año reservadas a las bicicletas saben a poco, poquísimo.
Es un tímido paso adelante, claro que sí, pero queda a años luz de lo que la comunidad ciclista merece y demanda.
En muchas de estas cimas el volumen de coches durante el fin de semana es testimonial y la presencia de ciclistas abrumadora, por lo que valdría la pena dar un salto valiente y consolidar el cierre más generalizado notificándolo con claridad a la población general.
Tampoco conviene comprar a ciegas el argumento del impacto en el turismo.
Es innegable que el sector cicloturista crece, moderniza hoteles y coloca territorios en el mapa global, pero diez mañanas dispersas en el calendario y separadas por cientos de kilómetros no estructuran una oferta sólida.
La verdadera calidad de un destino no se mide por cerrar un puerto de forma puntual, sino por el respeto diario en el asfalto.
La clave real reside en la convivencia cotidiana, en volver a casa de una pieza tras cada salida y castigos duros para quienes la líen en la carretera.
Las cifras de siniestralidad en las carreteras catalanas asustan y la sensación de vulnerabilidad sigue acompañando cada pedalada, independientemente de lo bien que se ruede.
Aun así, sin caer en el pesimismo absoluto, hay que saludar que cimas como Rocacorba, El Farell, Mont Caro, La Mussara, Port del Comte, Coll de Pal, Rasos de Peguera o Vallter 2000 disfruten de mañanas libres de humos.
Habrá que vigilar de cerca la logística de los descensos y la reacción de los vecinos, porque el colectivo ciclista ya no es una minoría silenciosa.
Ojalá el ensayo funcione y abra la puerta a cerrar tramos populares entre ciclistas junto a grandes ciudades, como la Creu d’Olorda junto a Barcelona.
Eso sí sería dar en el clavo.








