Ciclismo
David de la Cruz y los guantes
La caída de David de la Cruz pone en la balanza los guantes
Las imágenes de David de la Cruz en plena Vuelta doliéndose tras un percance, con las palmas marcadas en rojo sangre, vuelven a reabrir una discusión añeja en el pelotón profesional.
El corredor catalán iba con las manos al descubierto, una imagen habitual entre muchos ciclistas que optan por no llevar guantes.
Un gesto simple que en caso de impacto contra el piso termina factura física inmediata, reabriendo la eterna dialéctica sobre la necesidad o incomodidad de esta prenda indispensable para unos y prescindible para otros.
A favor de su uso obligatorio o continuado surgen argumentos contundentes ligados a la integridad física.
El instinto básico ante una pérdida de equilibrio pasa por estirar las extremidades superiores para amortiguar el impacto.
Sin la protección del tejido sintético o del cuero de la palma, la dermis actúa como freno directo sobre la superficie rugosa, sufriendo abrasiones dolorosas que complican los días posteriores sobre el manillar o dificultan tareas cotidianas tan sencillas como comer o vestirse.
Además, los guantes garantizan un agarre firme sobre la cinta del manillar cuando la sudoración aprieta en puertos exigentes o bajo lluvia intensa, evitando descuidos tontos que pueden derivar en percances mayores.
Lo digo por experiencia.
También ofrecen amortiguación suplementaria gracias al almohadillado en la zona del nervio cubital, amortiguando vibraciones prolongadas en tramos irregulares.
En el lado opuesto, entre los que me siúo, quienes prefieren rodar con las manos al aire defienden sensaciones de tacto directo con la bicicleta.
La búsqueda de menor resistencia aerodinámica, la ligereza o la ventilación en días de calor extremo llevan a muchos a deshacernos de ellos.
El exceso de acolchado resta agarre del manillar de carbono y entorpece la sensibilidad al accionar manetas de cambio o freno.
A esto añaden la comodidad de no acumular sudor retenido que termine irritando la piel en jornadas calurosas.
Además dejan marca… como la cinta del casco o la retención del culotte.
Pero no nos engañemos, la caída del ciclista del Q36.5 pone de relieve que la libertad individual en el material a veces choca frontalmente con la máxima protección.
La estética de rodar a mano descubierta pierde todo sentido en cuanto el asfalto reclama su peaje en forma de raspones y piel viva.
Imagen: Toni Baixauli- Cxcling








