Ciclismo
El Tour no hizo suficiente en Alpe d´Huez
Cuando pasan cosas como las de Einer Rubio en Alpe d´Huez significa que el Tour no hizo todo lo que debía
El paso por el Alpe d’Huez volvió a dejar esa amarga sensación de que la fiesta del ciclismo camina demasiado cerca del desastre.
El accidente de Einer Rubio en plena subida encendió de nuevo todas las alarmas, pero las declaraciones posteriores desde la dirección del Tour de Francia respondieron al guion previsible.
Palabras de compromiso, despliegue de cifras y la habitual desviación de responsabilidad hacia el aficionado.
Thierry Gouvenou, director de carrera de la prueba, que fue ciclista hace unos 20-30 años, saltó a defender la gestión de ASO asegurando que la organización hizo más que en ediciones anteriores.
Leemos que el puerto se cerró al tráfico con un día de antelación, que multiplicaron el número de vallas, cuerdas y postes, y que reforzaron la presencia policial en las laderas.
Sin embargo, recurrir a la lista de tareas para justificarse suena a excusa de mal pagador.
Decir que se ha trabajado más que en el pasado no significa que se haya hecho lo suficiente.
Si un corredor estampado contra un coche por el caos circundante, el dispositivo ha fallado.
La seguridad en el ciclismo de máximo nivel no se mide por la buena voluntad ni por el kilometraje de vallas instaladas, sino por la protección real del deportista sobre el asfalto.
El Alpe d’Huez es un escenario perfectamente diagnosticado.
La estrechez de la carretera, el alcohol tras horas de espera y la euforia desmedida no son factores imprevisibles para la organización.
Pretender que con cerrar el acceso de vehículos veinticuatro horas antes o colocar cuerdas adicionales la cima está blindada demuestra una visión corta sobre un problema recurrente.
Afirmar que la solución pasa principalmente por un cambio en la mentalidad de los espectadores resulta tan cómodo como ineficaz.
Es evidente que el público debe mostrar respeto absoluto por los ciclistas, pero fiar la integridad de los corredores al civismo de una masa de miles de personas equivale a escurrir el bulto.
La organización tiene la obligación estructural de garantizar un pasillo de carrera limpio y seguro, no de pedir comprensión cuando las cosas salen mal.
El Tour pudo y debió hacer bastante más por proteger la carrera.
Lo vivido con Einer Rubio evidencia que lo ejecutado fue insuficiente, meros parches ante una marea humana que desborda con facilidad los protocolos habituales.
Proteger a los deportistas exige asumir responsabilidades y replantear el control en los puertos clave, sin buscar amparo en discursos justificativos.
Imagen: A.S.O./Charly López








