Ciclismo
El final de Montmartre sin tiempos no tiene sentido
No picar tiempos en el epílogo de Montmartre aduciendo seguridad es de un doble rasero brutal
La decisión de neutralizar los tiempos en el circuito final por Montmartre deja un poso extraño, de esos que invitan a dar una vuelta de tuerca al criterio de quienes mandan en el Tour.
Sinceramente, faltan elementos para valorar si el paso por la colina parisina entrañaba un peligro tal que justificara tomar los tiempos antes del bucle decisivo y no en meta.
A diferencia de 2025, la jornada no presentó la meteorología adversa de hace un año. Ni lluvia ni asfalto deshecho.
El trazado, idéntico al que acogió el pulso de los Juegos en París, era técnico y ratonero, pero no está claro si tanto como para aplicar el tijeretazo a la competición.
La organización justificó la medida argumentando la seguridad del pelotón frente al riesgo de caídas en un terreno revirado, fijando la clasificación general antes de entrar en los tramos más expuestos de la capital.
Se buscaba así blindar el podio mientras se dejaba vía libre para que clasicómanos y velocistas se disputaran el triunfo parcial.
Pero si hasta el ganador del Tour entró en la pelea.
Resulta difícil digerir este celo protector cuando procede de la misma casa que permite que los ciclistas crucen Alpe d’Huez vendidos al entusiasmo de la multitud, primando la foto épica de la marea humana abriéndose al paso de los corredores sobre la propia integridad física del pelotón.
El doble rasero clama al cielo.
De no haberse congelado los tiempos, el desenlace de la carrera habría sido distinto.
En buena lid, Isaac del Toro podría haber visto peligrar su plaza en el cajón por el margen perdido en el tramo final, o quizá habríamos presenciado una reacción en cadena, con un UAE volcado en proteger al mexicano y dejando a Pogacar más expuesto en la resolución del día.
Más allá de las hipótesis, lo que de verdad deja mal sabor de boca es contemplar a corredores dejándose llevar sabiendo que el crono ya no contaba.
El menosprecio por el espectáculo en la jornada de cierre no necesita el sello institucional.
Si ya costaba explicar al aficionado casual que el último día fuera un paseo de homenaje al vencedor, que la propia organización oficializa la rendición antes de tiempo remata el sentido competitivo de la carrera.
Imagen: ASO/Charly López








