Ciclismo
No entiendo los comentarios despectivos a McNulty
Brandon McNuñty se proclamó campeón del mundo como los anteriores arcoíris a Evenepoel, Van der Poel, Alaphilippe y Pogacar
No han sido pocos los comentarios despectivos que han tratado de restar valor al triunfo de Brandon McNulty en el Campeonato del Mundo de Canadá.
Lo cierto es que nos hemos acostumbrado a ver el maillot arcoíris dentro del UAE, pero sobre los hombros de otro corredor. McNulty quien, desde que lució los galones de campeón, no se ha escondido y ha sido protagonista inmediato en el Giro de la Emilia y en los Tres Valles Varesinos.
Es evidente que el norteamericano no vende ni tiene el tirón de su jefe de filas Tadej Pogačar, pero despachar su victoria con cierto desdén es injusto.
Un Mundial tan duro como el disputado al otro lado del Atlántico no lo gana cualquiera, y McNulty no es un advenedizo.
Presenta una hoja de servicios destacable, recortada solo por las incontables horas de trabajo dedicadas a Pogačar.
Su entrega ha sido impecable, desde la reciente Milán-San Remo hasta aquellas exhibiciones en Pirineos, camino de Peyragudes u Hautacam, donde reventó el grupo hasta dejar la carrera a solas entre su líder y Jonas Vingegaard.
Ha sido un gregario fiel, pero en Canadá demostró ser el mejor.
Leyó la prueba con maestría y remató el trabajo de su selección.
Lo único que de verdad nos chirría de todo esto es ver a un maillot de campeón del mundo trabajando abiertamente para otro líder dentro del pelotón.
Pero no será ni el único ni el primero.
Esa imagen rompe con el misticismo del arcoíris, pero no empaña su logro.
No debemos caer en el mismo menosprecio que sufrió Mads Pedersen cuando ganó en Yorkshire hace siete años frente al favorito Matteo Trentin.
El Mundial guarda ese punto de impredecibilidad donde no siempre gana el más fuerte.
Salvo exhibiciones de hombres como Alaphilippe, Van der Poel o el propio Pogačar, la carrera premia la astucia cuando las fuerzas se igualan.
McNulty supo leer su momento, fue el más listo de la jornada y pedaleó con convicción hasta la meta. Su victoria es incontestable y su maillot, plenamente merecido.
Otra cosa que no fuera vuestro ganador preferido, pero…








