Ciclismo
Se nos viene un maillot arcoíris de gregario
Acostumbraros a ver el maillot arcoíris de McNulty en labores de tirar de carro
Ya corre Brandon McNulty con el maillot arcoíris, y se le ve suelto e incluso tomando riesgos en San Luca, en la penúltima subida final del Giro de Emilia.
Pero Matteo Jorgenson, curioso, no le dejó ir.
En todo caso, no serán muchas las opciones que el americano tenga para rodar para sus intereses.
El ciclismo profesional tiene estas paradojas demoledoras que solo se entienden cuando miras la estructura de los superlativa y astronómicamente financiados bloques modernos.
Brandon McNulty acaba de lograr el maillot arcoíris, un hito al alcance de poquísimos, pero la alegría por el título mundial esconde un reverso sombrío.
El ciclista estadounidense pasará los próximos doce meses luciendo la prenda más venerada del pelotón internacional mientras realiza las tareas más ingratas de la plantilla.
Veremos a un campeón del mundo tirando del grupo a cincuenta kilómetros de meta, bajando al coche a por agua o haciendo de cortavientos.
Un papel subalterno que choca de lleno con el prestigio de las franjas multicolor.
Esta paradoja nace del contexto interno de su escuadra.
UAE aglutina un volumen de talento tan brutal que desdibuja cualquier logro individual.
McNulty comparte maillot de equipo con Tadej Pogačar, el corredor más dominante que han visto nuestros ojos.
Además, la irrupción otros como Isaac del Toro cierra todavía más el margen para que el campeón mundial asuma galones propios de forma continuada.
La imagen de McNulty en arcoíris tirando de Pogacar
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) September 27, 2026
El apunte de Mikel Rasmussen capta de lleno la realidad del asunto.
Resulta de un pragmatismo doloroso comprobar cómo la jerarquía de un equipo privado aplasta el simbolismo de la máxima prenda del ciclismo de selecciones.
Que un corredor vestido de arcoíris pase su año de reinado con los bolsillos traseros hinchados de bidones para su jefe de filas no deja de ser una estampa triste.
El ciclismo actual funciona así: las victorias de un día bajo el maillot nacional dan prestigio, pero los contratos y las dinámicas internas imponen una crudeza incontestable.
McNulty ha alcanzado la gloria en Montreal, aunque su rutina del día a día apenas sufrirá cambios cuando vuelva a la disciplina habitual del bloque.
El año que viene será el arcoíris el que tire del dorsal uno en San Remo y no cómo este año.
Su servicio al rey de la estructura seguirá estando por encima del maillot que viste.
Imagen: UAE








