Ciclismo
Con McNulty el mundial vuelve a ser como era
El mundial de McNulty necesitaría un análisis de 1000 horas
El Mundial no decepcionó ni un segundo.
Tuvo mil matices, giros de guion, cambio constante de piezas y esa sensación de que nadie entendía del todo lo que pasaba en carrera.
En mitad de semejante locura, Brandon McNulty fue el único que quedó en pie tras una batalla brutal.
Pero conviene empezar por el principio.
La baja de Tadej Pogacar condicionaba la salida, y el movimiento desatado de Mathieu van der Poel terminó de reventarlo todo.
Cayeron los favoritos uno tras otro, sin excepción.
Podríamos despacharlo diciendo que fue una carrera loca o una lotería, pero la victoria de McNulty no tuvo nada de casual.
Fue la coronación de un trabajo de equipo impecable por parte de Estados Unidos, sin duda la mejor selección del día.
Corrieron con una inteligencia táctica impecable, metiendo siempre gente donde tocaba y apoyándose en un triángulo perfecto.
Primero, Quinn Simmons metido en el corte que dinamitó el día, pegado a la rueda de Van der Poel para quitar toda la responsabilidad a sus compañeros por detrás.
Luego, Matteo Jorgenson cuajando una de sus actuaciones más inspiradas en mucho tiempo, clavado en la colocación y frenando de raíz cualquier conato de reacción en el grupo cuando la suerte ya estaba echada.
Y finalmente McNulty, superlativo, con un olfato finísimo y llevando el cuerpo más allá del límite.
En el ciclismo no basta con querer, hay que creer.
Cuando McNulty atacó demostró puro instinto.
No levantó el pie ni cuando la persecución casi le echa el guante, consciente de que a sus espaldas jugaban las dudas, las miradas de reojo y las piernas vacías.
No me entusiasma que gane un corredor de UAE, pero el triunfo es incontestable en lo individual y en lo colectivo.
Ver su rostro en el podio, castigado por el esfuerzo y roto de emoción, justificó toda la tarde.
Lo mereció y nos recordó el mundial como lo habíamos visto tantas veces, inespicable, sorpresivo… nada de favoritos claros que no fallan y machacan.
Sensaciones perdidas que McNulty ha sabido devolvernos, ahora a verle tirar de Pogacar vestido de arcoíris.
Imagen: UCI








