Ciclismo
Que no nos den lecciones cómo tratar a Alejandra Neira y Benjamín Noval
Si el futuro es generoso con Alejandra Neira y Benjamín Noval lo celebraremos, si no, nos alegramos por lo que ya han logrado
El ciclismo juvenil español ha dejado un balance excelente en los Mundiales de Canadá, con los títulos mundiales de Alejandra Neira y Benjamín Noval.
Tras sus victorias, se han multiplicado los comentarios que piden prudencia, reclamando que no se les cargue de presión, que se les deje crecer a su ritmo y que sigan su propio camino.
Son mensajes de bienqueda, porque parten de una premisa equivocada sobre cómo funciona el aficionado a este deporte.
El ciclismo real opera bajo otra lógica.
Para entenderlo basta con mirar la prueba sub-23 y el triunfo soberbio del estadounidense Barry por delante de Héctor Álvarez.
Aunque el deseo inicial fuera ver al español cazar al líder para disputarle el oro, el desarrollo de la carrera dejó claro que darle caza habría sido una injusticia.
El americano firmó una actuación incontestable que terminó por convencer a cualquiera.
Esa es la esencia del seguidor medio.
El aficionado no juzga a los corredores por la bandera, el ADN o el país de origen, sino por la capacidad de emocionar en la carretera.
Mañana se disputa la prueba reina en Montreal sin ningún español entre los cinco grandes favoritos, y el interés por la carrera sigue intacto.
La pasión por este deporte no depende del pasaporte de quien va en cabeza.
Lo que consigan Alejandra Neira y Benjamín Noval en el futuro dependerá exclusivamente de sus piernas y de su talento.
Lo lograrán con o sin nuestras miradas, con o sin nuestras expectativas.
Su evolución no se verá alterada por el entusiasmo de la grada, porque es igual que corran bajo bandera española, canadiense, australiana o francesa.
Lo único que importa es ver a grandes ciclistas en acción.
En este mal anillado cuaderno nunca hemos suspirado por el relevo de Contador, Valverde o Purito.
Ya llegará, cuando llegue.
Otra cosa son los entornos que no entienden seguir un deporte si no hay uno de los suyos dispuntando.
Por eso resulta innecesario que vengan a dar lecciones sobre cómo gestionar la ilusión por corredores a los que se lleva tiempo siguiendo.
El ciclismo de verdad no entiende de fronteras ni de proteccionismos paternalistas.
En la cuneta, todas las banderas se unen en una sola: la del respeto por el esfuerzo y el amor por este deporte.
Imagen: RFEC








