Ciclismo
Pogacar convierte las caídas en victorias
Casi todas las caídas de Pogacar han ido acompañadas de victoria
Fallos, caídas y tiempos mal pasados.
Las historias del paso por Castellón aún resuenan en el ambiente justo antes de que la Vuelta ponga rumbo hacia Valdelinares.
Tras la meta, cada corredor ofreció su particular versión de los hechos, pero la única realidad incontestable fue la que se vio en la carretera.
A pesar del peligro de la novedad y de una bajada que no era precisamente una perita en dulce, el puerto de El Bartolo completó un bautismo excelente.
La ronda española ha encontrado un enclave al que seguro regresará en próximas ediciones.
Entrando en materia, llama la atención la reacción de Tadej Pogacar al asegurar que desconocía que Enric Mas se le estaba acercando.
En estas situaciones solo quedan dos caminos: creerle o dudar.
No parece que el esloveno esté para milongas a estas alturas de la película, pero si realmente no tenía información fresca, debería pedir explicaciones a su director.
Que el balear venía recortando distancia a pasos agigantados era evidente para cualquiera que siguiera la retransmisión.
Con todo, sería injusto restar mérito al ataque de Mas y achacarlo solo a una pifia de comunicación del UAE. Los ciclistas disponen de referencias de sobra en la montaña, donde el público te grita las diferencias prácticamente al oído.
El otro gran instante del día llegó en el descenso, con la pasada de frenada del propio Pogacar.
Al aura de invencible que rodea al esloveno conviene sumarle la de intocable.
Resulta asombroso ver las veces que besa el suelo, se sale de la calzada o traza largo para reincorporarse a la marcha como si nada hubiera ocurrido.
Puede llegar tocado tras una caída en Strade Bianche, salirse del trazado en Roubaix, irse al suelo en un momento decisivo de San Remo o arriesgar camino de Hautacam para soltar a Jonas Vingegaard.
En todas esas situaciones sale ileso, sin huesos rotos, con apenas unos rasguños superficiales y con la cabeza intacta para seguir bajando al límite.
Su palmarés habla por sí solo, pero resulta paradójico que su percance más grave ocurriera en una caída casi neutralizada en la Lieja-Bastogne-Lieja que le dejó la muñeca tocada meses.
Cuando rueda en pleno frenesí de combate, da la sensación de que los golpes le rebotan.
Repasando la trayectoria de los mitos de este deporte, te das cuenta de que su dimensión también se mide por ese caparazón invisible que les protege de las desgracias que sí hunden a otros.
Imagen: Unipúblic / Cxcling / Antonio Baixauli








