Ciclismo
A Natnael Tesfazion no le vimos venir
Natnael Tesfazion le da unos puntos muy buenos a Movistar
San Sebastián vuelve a bajar el telón y la mente se va casi por inercia hacia aquel domingo que antes completaba el fin de semana vasco.
La ausencia de Urkiola sigue escociendo entre quienes entendemos este deporte desde su vertiente más nostálgica.
Perder esa rampa agónica del santuario no fue un simple ajuste de fechas, sino un bocado directo a la identidad del ciclismo estival.
Aquel puerto corto y despiadado no entendía de tácticas complejas ni de bloqueos en el pelotón.
Llegabas abajo, apretabas los dientes y la montaña ponía a cada corredor en su sitio exacto entre el fervor del público.
Sin embargo, agosto conserva todavía trincheras donde la tradición resiste el empuje del ciclismo de laboratorio.
El Circuito de Getxo ha vuelto a demostrar que las carreras de un día con carácter propio tienen un hueco insustituible.
La resolución en el muro de Arkotxa ha dejado un desenlace que no esperábamos: Natnael Tesfazion le ha dado a Movistar una victoria trabajada y agónica, apretando el riñón en los metros finales tras las hostilidades desatadas en el alto de Pike.
El eritreo, con el maillot abierto, ha batido a Pau Miquel y a Álex Aranburu, una llegada entre World Tours necesitados de triunfos, en un desenlace explosivo que recompensa al que mejor guardó el aliento tras los constantes escarceos de la jornada.
Este triunfo en Getxo conecta directamente con una época en la que el verano era un carrusel incesante de ciclismo cerca de casa.
Antes de la remodelación de los calendarios, el período estival articulaba una red de pruebas que mantenía la tensión competitiva al máximo.
Tras el doblete de la Clásica y Urkiola, la carretera enlazaba citas como la Hucha de Oro, la Vuelta a los Puertos o el Gran Premio de Nájera, para después dar paso a la Volta a Galicia.
Todo ese bloque servía de preparación directa hacia los grandes picos del tramo final del año, con el Campeonato del Mundo y la Volta a Catalunya como grandes aspiraciones de la temporada.
Conviene no olvidar que en aquellos años la Vuelta a España se disputaba en el mes de abril.
Eso dejaba un espacio natural para que el aficionado disfrutara de un circuito de clásicas que tan complicadas son de ver hoy en este lado de los Pirineos, más allá de las de febrero.
Getxo aguanta el tipo hoy como testigo de aquel espíritu, recordándonos que la esencia del ciclismo también se juega en un día.








