Ciclismo
Cuando los rivales ayudaron a Isaac del Toro
La historia de Isaac Del Toro camino de Barcelona demuestra que el ciclismo no siempre es estadística y rendimiento
El ciclismo de los algoritmos y la desconfianza mutua se frena en seco ante los gestos que recuerdan el origen de este deporte.
Vivimos una era competitiva donde cada vatio se analiza bajo el microscopio, donde los directores escudriñan las cuentas de Strava de los rivales y se calculan los vatios por kilo en cada ascensión clave con una precisión brutal.
Los equipos compiten ferozmente no solo por las victorias, sino por la supervivencia pura: asegurar patrocinadores para el año siguiente y pescar a los mejores talentos del mercado.
En ese escenario de egoísmo estructural y tensión constante, lo que se vivió en la carretera durante la segunda etapa del Tour de Francia rompe con la frialdad de la época.
Aunque hayan pasado unos días, no quería dejar de comentarlo, la avería mecánica de Isaac del Toro provocó una escena que desafía toda esa lógica sobre la que el ciclismo sigue avanzando.
Tras un problema de comunicación por radio y una avería en un tramo complicado en ruta a Barcelona, poco antes de Vallirana, los dos coches de su propio equipo, el UAE Team Emirates pasaron de largo sin percatarse de su situación, dejándolo desamparado en la cuneta.
Fue en ese momento de desespero cuando miembros de estructuras directamente rivales, como el Visma-Lease a Bike y el Ineos, no dudaron en detener sus vehículos para arrimar el hombro.
El director del Visma, al ver cómo los coches de la escuadra emiratí ignoraban al corredor mexicano, ordenó parar y su mecánico corrió a auxiliarle, desbloqueando su cadena y el sistema electrónico de cambios a pesar de utilizar marcas de componentes distintas.
El ciclismo guarda estas paradojas: aquellos que le tendieron la mano en el asfalto terminaron siendo ajusticiados por el propio Del Toro apenas un par de horas después, cuando se impuso con brillantez en la línea de meta de Montjuïc tras una imponente remontada.
Ayudaron a forjar su propia derrota, priorizando el auxilio al compañero de profesión caído por encima de la fría estrategia de equipo.
Estas situaciones demuestran que, a pesar de la brutal exigencia que implica el Tour de Francia y las urgencias económicas de los conjuntos, el pelotón mantiene intacto un código invisible.
Cuando las circunstancias se vuelven más crudas y la presión ahoga, el ciclismo se despoja de la tecnología, los contratos y las rivalidades para erigirse de nuevo como una gran familia.
Suena cursi, forzado, quizá, pero es la sensación que queda después de leer sobre esta historia.
Imagen: ASO/Thomas Maheux







