Ciclismo
El Tour enmarca Montjuïc y su romance con el ciclismo
Todos los grandes del ciclismo, todos, han competido en Montjuïc
Aquí hemos tenido pruebas de motor, carreras a pie, hasta unos Juegos Olímpicos… pero a nadie se le escapa sobretodo que Montjuïc es ciclismo, siempre ciclismo, desde hace más de 100 años, con todos los grandes nombres por sus pendientes.
Barcelona ha estado a la altura de una cita que no por esperada deja de ser histórica.
La salida del Tour de Francia desde mi ciudad ha resultado excelente, un éxito de público que ha desafiado incluso a un calor extenuante, de esos que amenazan con ser cada vez más intensos.
Las dos etapas de la ‘Grande Boucle’ en la capital catalana han devuelto a Barcelona al gran foco internacional, coronando un mes de máxima exposición mediática.
Más allá de la emocionante presentación de equipos, celebrada entre dos obras Patrimonio de la Humanidad que rivalizaron con el mismísimo Duomo de Florencia, el verdadero corazón de este arranque vibró en el asfalto.
Las imágenes de ayer en Montjuïc, ascendiendo por su vertiente más dura, la de la Font del Gat, junto al antiguo parque de atracciones, nos regalaron una estampa muy conocida: una carretera que habitualmente es de bajada cuando está abierta al tráfico y que los ciclistas locales nunca podemos disfrutar de subida.
Ver a Jonas Vingegaard, Tadej Pogačar, Remco Evenepoel, Brandon McNulty, Juan Ayuso o los jóvenes Isaac Del Toro y Paul Seixas retorcerse en esas rampas conecta directamente con la memoria de Eddy Merckx, Federico Martín Bahamontes, Jacques Anquetil, Marino Lejarreta, Miguel Induráin o Laurent Jalabert.
Prácticamente todos los grandes nombres de la historia del deporte más bello del mundo han dejado su huella aquí.
Con la panorámica de Montjuïc y la mítica rampa del Tir Olímpic como testigo, el Tour nos ha permitido observar cómo la ciudad ha crecido y se ha configurado a lo largo de las décadas.
Los mejores ciclistas del planeta escalando con la urbe al fondo describen visualmente la transformación de Barcelona, pero reflejan una constante inalterable: el llenazo absoluto de una afición fiel, puntual a la cita y entregada en masa a la llamada del ciclismo.
Lo mismo que el castillo, las torres venecianas de abajo, la puerta a la montaña, donde vimos a Pérez Francés, cruzar primero, o David Millar, cuando llegó escapado en la etapa del Tour 2009.
Montjuïc ha vuelto a brillar con luz propia tanto tiempo después, reivindicando más de cien años como escenario dorado de este deporte y luciendo a tope, como siempre ha hecho cuando la bicicleta se convierte en la auténtica protagonista de sus calles.
Imagen: ASO/Charly López







