Tadej Pogacar
Strade Bianche: La exhibición definitiva Pogacar
Pogacar demuestra en la Strade Bianche que no se conforma con sólo ganar
Cuando la Strade Bianche entró en ese larguísimo tramo de tierra -sterrato- a cincuenta de meta, Tadej Pogacar recordó que el año pasado Wout Van Aert dio el primero y abrió el vendaval.
Arrancó entonces una carrera que pasó a los anales, siete estrellas escapadas, mano a mano, a pelo, dándose en cada giro y cada tramo.
Esta vez fue diferente, esta vez Tadej Pogacar calibró lo suficiente para atacar con la certeza que la Strade Bianche caería de su lado, a sabiendas, incluso, que por detrás no le darían tregua, entre otros un tal Asgreen, que debe estar sopesando muy seriamente cómo batir al esloveno en su reválida en De Ronde.
Un ataque en la tierra, en medio del caos de un pelotón que venía condicionado con el revolcón de Alaphilippe por el viento, a cincuenta de meta y mantenerlo hasta el final, esto ha hecho Tadej Pogacar en esta Strade Bianche.
Un vuelo majestuoso y único, para desgracia de Carlos Rodríguez que lo tuvo a tocar, de un corredor que sí, nos remitimos al Tour pasado, es de época, que viene a firmar su ciclo, con rúbrica firme y decidida, como esos niños que les dan la bicicleta y les dicen: «Sal y diviértete».
Por suerte, dentro de la tiranía que le adivinamos al astro esloveno, Pogacar no concibe el ciclismo en los cánones modernos, de Tour y lo que venga.
Eso no va con él, Pogacar enfoca el ciclismo desde la óptica de arrasar con todo lo que surja y se ponga por delante, esto es una bendición, no perdona, no deja nada para un tercero, si él está en liza.
Y así añade esta Strade Bianche en un «crescendo» en el rendimiento en las grandes clásicas: si Pogacar ganó la Lieja sobre la línea, hizo lo propio a veintipico de meta en Lombardía y ahora a medio centenar del arrivo en la Strade Bianche.
Qué barbaridad de corredor, un corredor que tenemos por vueltómano.
Pero no, Tadej Pogacar no quiere ser recordado sólo por ser bueno en vueltas, quiere pasar a la historia por tocar todos los palos, y todos bien.
Sabe que la estadística no es suficiente, que puede ganar mil Tours, que la gente le querrá por lo que haga y cómo lo haga.
En un ciclismo en el que reclamamos actitud, Pogacar hace los sueños realidad, esta Strade Bianche es el ejemplo, no se le encuentran debilidades ni ambigüedades, acallando incluso la legión de incrédulos que siempre surgirá a su paso.
Que el tiempo dé y quite razones, pero que Pogacar es otro nivel, que casi parece correr solo es una cosa que sólo un necio discutiría.
Imagen: FB Strade Bianche






