Opinión ciclista
La Vuelta que no nos gusta
La Vuelta España
Día agridulce en la Vuelta, a una etapa sensacional, hechos paralelos a la carrera enturbian lo que está siendo una competición singular.
Un día iba en el coche con un amigo que monta en bici. Adelantamos a un par de ciclistas. Lo típico, les miramos el maillot, la cara por si les conocíamos y la bici. ¿Qué menos? Qué típico
A continuación le dije: “¿Eres consciente de la debilidad que se percibe en el ciclista desde el coche cuando vas en la bici?”. Me dijo que rotundamente no, que en ese caso ni cogería la bici. Pero eso no esconde la verdad, el ciclista es débil y frágil, un raro elemento en equilibrio que se perturba ante lo que gusta llamar el aleteo de una mariposa.
Si un ciclista cualquiera, cualquiera de nosotros, globeros todos, es frágil, imaginaros un pro en el alambre del desmayo y el esfuerzo. No quiero pensar qué habrá pensado Belkov cuando una persona salió de la cuneta a empujarle y tirarlo al otro lado de la valla.
Era el puerto del Torcal. Todos mirando a Contador, al grupo de Froome, creo que para entonces no se había caído, y por detrás ocurre un hecho vergonzante. El tipo de rojo que empuja impunemente a un ciclista. El policía que lo coge más las grabaciones que se tomaron creo que son suficientes elementos para empurarle.
Y es que como espectadores quizá tampoco somos conscientes de la debilidad del ciclista. Como espectadores que se ponen a chillar al oído, que tocan a sus ídolos –ya te digo yo dónde vas si rozas a Cristiano-, que los remojan, que les persiguen en paralelo, con el peligro de tropezar.
Son tantas las veces que hemos visto milagros por televisión que los mal llamados aficionados al ciclismo que se creen más por correr mejor o chillar más cerca de los ciclistas deberían quedarse en casa y apreciar el peligro real que corren viéndolo desde lejos.
Ayer Belkov ha reaccionado con frialdad rusa. Antes de eso, justo cuando atacaba Contador un un espectador se cruzaba y tiraba una moto, iban todos de azul, entiendo que sería la neutra de Shimano. Luego viendo el vídeo apreciamos que es por el empujón de un agente de seguridad. Aquí ya no sabemos qué pensar. No somos conscientes del esfuerzo que estos milagros de la naturaleza realizan. Si lo fuéramos de verdad, mantendríamos no el metro y medio, el doble de distancia.
Es la Vuelta de la que nos avergonzamos, la de los incívicos que hablan de una afición que por lo general en esta edición está poblando densamente las cunetas. La Vuelta de la que nos avergonzamos es también el retrasado que quemó el bus del Aqua Blue.
El pelotón les ha arropado ofreciéndole ayuda a este modesto equipo irlandés que viste un maillot precioso y vive un sueño corriendo aquí. La familia ciclista a veces responde.
(*) A primera hora de la mañana del viernes supimos que la persona que empujó a Belkov padecía el síndrome de Down. Nos han instado, y aceptamos, a pedir disculpas por el primer texto, muy despectivo respecto a quien empuja. No somos perfectos y admitimos que nos excedimos.
Sea como fuere la esencia de lo que decimos creemos que sigue inalterada, es decir la fragilidad del ciclista en medio del gentío en una subida, pues hace falta muy poco para que ese equilibrio se rompa.
Imagen tomada del FB de La Vuelta
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