Ciclismo de carretera
El Tour tiene un problema en Alpe d´Huez
Pasan los años y el peligro de los ciclistas en Alpe d´Huez sigue vigente
Entre las dos pasadas por Alpe d’Huez queda claro que el Tour tiene un problema grave o, siendo más precisos, que no le da la gana solucionarlo.
Cuando la carrera arrancó en Barcelona hace unas semanas, el ayuntamiento tuvo que buscar vallas debajo de las piedras e incluso comprar material nuevo para blindar los más de quince kilómetros de la contrarreloj por equipos.
La ciudad quedó perfectamente protegida.
Por eso resulta incomprensible que no se haga algo similar en una rampa mítica como Alpe d’Huez.
Se ha hablado largo y tendido de la marea humana congregada en la cima más famosa de la prueba francesa.
Hablamos de un colapso total, con carreteras cortadas muchas horas antes del paso de la caravana y una subida donde los corredores avanzan vendidos ante la fauna que se agolpa en la cuneta.
Y sucede lo de Einer Rubio, una desgracia no, algo completamente evitable…
La gran mayoría es gente sensata, aficionados de verdad que aman este deporte, pero basta una pequeña minoría de irresponsables para arruinar el trabajo de todo un año o decidir el desenlace de una gran vuelta.
Ya lo dije en su momento, cuando Nibali terminó en el suelo en esta misma montaña envuelto en el humo de una bengala: haría falta instalar un detector de tontos en el acceso a los puertos.
Hay que cuidar mucho mejor la integridad de los ciclistas.
La paliza y la presión a la que se somete a Pogacar, al límite de sus fuerzas camino de la cima, es impresentable.
Y lo mismo aplica para el resto del pelotón.
Es evidente que a la organización le chifla la estampa televisiva del mar de gente abriéndose ante la rueda del líder.
Vende mucho, pero en lo deportivo es un auténtico desastre.
Lo vimos también cuando saltó Remco y las motos de la organización se metieron por medio, tapando el ataque y dejando a los espectadores sin saber qué pasaba realmente con su ofensiva.
Es lamentable que esto siga pasando año tras año.
Se despliegan miles de controles y medidas de seguridad en la salida o en la meta, pero en los puntos clave donde los ciclistas se juegan el físico de verdad, brilla por su ausencia cualquier tipo de rigor.
Imagen: A.S.O./Charly López








