Ciclismo
Felix Gall va para «pagafantas» de la Vuelta
Es terrible cómo Felix Gall le hace el trabajo sucio a Roglic en esta Vuelta
Hay ciclistas que caen de pie en la simpatía del aficionado sin necesidad de un palmarés astronómico.
Felix Gall es uno de ellos.
El austriaco gusta porque corre a pecho descubierto, arriesga, propone y juega a ganar, aunque el ciclismo actual sea sumamente cruel con esa estirpe de corredores.
Gall es una especie de Enric Mas: un perfil diésel, limitado en el esprint —capaz de quedar sexto en un grupo de cinco— y obligado a cohabitar en una época marcada por monstruos mucho más fuertes y explosivos.
Sin embargo, lo suyo tiene mérito porque nunca se esconde, por más que a veces peque de un exceso de generosidad que roza lo suicida.
Lo vimos en Calar Alto.
El del Decathlon volvió a hacer lo que ya probó en Valdelinares o algún día del Giro frente a Vingegaard.
Puso a trabajar a todo su bloque, armó la carnicería desde lejos y lanzó el ataque en tromba.
El despliegue fue admirable, de los que hacen afición, pero el resultado final arrojó una realidad fría: terminó perdiendo tiempo respecto a Mas.
Intentarlo siempre es loable, jamás le reprocharemos la valentía, pero cabe preguntarse hasta qué punto le cunde semejante desgaste para la recompensa que obtiene.
El verdadero problema de Gall no es su valentía, sino su lectura táctica.
Resulta insostenible ver su obsesión por barrerle la casa a Roglic cada vez que al esloveno se le acumulan los problemas.
Con el balear mostrándose un punto por encima en la montaña, no tiene ningún sentido que Gall lleve a Roglic en carroza, a no ser que se nos esté escapando algo.
Con una contrarreloj crucial en el horizonte, Roglic es la gran amenaza real.
Lo obligado para el austriaco sería jugar con la acuciante necesidad del esloveno por mantenerse vivo, obligarle a dar la cara y, solo entonces, rematarlo.
Si Mas no sacó hoy más medio minuto de renta fue únicamente por la insistencia de Gall en tirar, incluso llevando a su rueda al hombre más interesado en cerrar el hueco.
Si en La Pandera decide repetir la jugada, pasará de valiente a ser el auténtico pagafantas de esta Vuelta.








