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Ciclismo

World Tour: Mucho ruido pero pocas nueces

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Ciertos equipos consiguen la invisibilidad del resto en las grandes carreras del World Tour

El círculo del World Tour atraviesa una de esas crisis de pasta, hablando en pasta, que amenazan con llevarse por delante la esencia misma de la competición, aumentando la brecha entre estructuras y dejando alguna muy tocada.

No corren tiempos sencillos para algunas de las escuadras que conforman la máxima categoría, donde la supervivencia se ha convertido en un ejercicio de equilibrismo financiero casi imposible de sostener a largo plazo.

La inflación galopante de los costes operativos choca frontalmente con una realidad deportiva polarizada al extremo, donde el éxito parece ser propiedad privada de un triunvirato muy específico.

Si no vistes los colores del UAE Team Emirates, del Red Bull-Bora o del Lidl-Trek, el paisaje se vuelve árido y los resultados brillan por su ausencia.

Esta jerarquía de superestructuras ha creado un efecto de sombra alargada que opaca al resto del pelotón, dejando a las clases medias y bajas del ciclismo en una situación de absoluta irrelevancia mediática y deportiva.

Incluso los gigantes que antaño dominaban el asfalto con puño de hierro están empezando a mostrar las costuras de sus costosos proyectos.

Resulta sintomático observar cómo estructuras de la talla de Visma o Ineos Grenadiers, referentes absolutos hasta hace nada, se ven ahora obligadas a filtrar mensajes sobre recortes y ajustes presupuestarios.

Cuando no que buscan nuevos mecenas.

Ya no basta con tener dinero; ahora hace falta tenerlo todo para no desaparecer de la foto.

Jonathan Castroviejo, una voz autorizada que ha vivido la transición del ciclismo romántico al de las cifras astronómicas, nos lo explicaba con una claridad meridiana que debería hacernos reflexionar sobre hacia dónde caminamos.

Según el ciclista de Getxo, con este despliegue de superestrellas y presupuestos ilimitados, da la sensación de que el resto del pelotón simplemente no corre, que son meros figurantes en un teatro diseñado para el lucimiento de tres o cuatro elegidos.

Esta falta de competitividad real dinamita cualquier intento de justificar los retornos de inversión ante los patrocinadores. Es muy difícil vender un proyecto cuando la victoria está adjudicada de antemano y el resto solo aspira a ser el primer grupo de los mortales.

El modelo actual castiga la variedad y pone en jaque la viabilidad de un deporte que, históricamente, siempre fue de los valientes y no solo de los más ricos.

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