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Mathieu Van der Poel

Van der Poel también tiene y pone límites

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El calendario de Van der Poel cada año es más pequeño y centrado

Hubo unos meses, no sé si por la salida de la pandemia, o por las ganas de estos chavales, que el ciclismo entró en un stress competitivo que nos hizo preguntarnos por la longevidad de estos corredores en el tiempo y espacio, corredores como Remco, como Van Aert, con Pogacar o el mismo Van der Poel.

Ciclistas que le metieron una velocidad más a este deporte, descolocando a otros que venían de liderar el ciclismo antes de la pandemia.

Una cambio de ritmo en el que Mathieu Van der Poel ha tenido mucho que ver.

Aquella famosa Strade Bianche de 2021 es un icono de esta nueva realidad, un ciclismo asilvestrado, corrido a pura fuerza, sin reserva ni rodeo, con siete grandes nombres metidos en la escapada y todos tirando como si no hubiera un mañana.

Van der Poel salió victorioso de aquella jornada en la que el propio Alaphilippe probó uno de los ataques más brutales que recordamos en mucho tiempo.

Ese Mathieu era campeón del mundo de ciclocross, brillaba en carretera y tenía billete para la carrera olímpica de MTB

Lo corría todo, doce meses al año non stop, incluso clásicas más pequeñas, en las que su sola presencia era invitación a ponerte la tele y disfrutar del espectáculo.

Estos tiempos tocan a su fin.

Mathieu Van der Poel hará el año que viene 29 años y admite que «un invierno sin ciclocross también estaría bien«.

Es decir que lo que le vamos a ver competir este invierno, ojo que si no está Van Aert, se queda sin interlocutor, habrá que disfrutarlo mucho y bien porque en el futuro nada está claro.

Y lo mismo sucede con MTB, pues Van der Poel en persona ha admitido que mejor centrarse en algo, y ese algo creo que va a ser carretera.

El Van der Poel que hemos visto este año ya anticipaba estos movimientos, pero creo que vamos a una selección más fina de objetivos y carreras para el neerlandés, carreras que si todo va a bien se va a hinchar a ganar varias veces, com Roubaix o Flandes, donde no se baja de la segunda plaza del podio desde hace cuatro ediciones.

Luego estarán los objetivos ajenos, que no aleatorios, Mathieu Van der Poel querrá etapas en las tres grandes, haber sido líder en todas ellas y firmar éxitos en los pocos sitios que le quedan por situar en su palmarés.

Nada que ver con ese ciclista de 2019, 2020 y 2021 que todo lo competía y casi todo para ganar.

Al final todos, también él, tenemos límites.

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Mathieu Van der Poel

Moments23 Una Roubaix a medida de Van der Poel

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El manejo de Van der Poel de la Roubaix fue excepcional

Ganar en Roubaix son palabras mayores, muchos grandes no lo han logrado, muchas estrellas con espacio para el pedrusco en su estantería, y éste que nunca llegó, por eso que Mathieu Van der Poel lo tenga ya es un motivo para celebrar.

Entre los grandes instantes del año está la alineación de los astros por parte del neerlandés camino del infierno.

Una carrera en varios actos en los que se jugó el éxito en el monumento más deseado y en todos Van del Poel manejó a su conveniencia con la imagen en lo más alto del podio de Roubaix.

Siempre estuvo ahí, primero en minoría, tras Arenberg frente a los Jumbo, y luego sacando partido de un compañero que fue oro.

El momento fue, por eso, más adelante, en el Carrefour de l´Arbre, en ese mal paso entre él, Philipsen y el desgraciado Degenkolb, por los suelos en la que quizá estaba siendo su última opción de repetir en el infierno.

Y llegó Carrefour de l´Arbre…

La salvada monumental de Van der Poel entre Degenkolb y Philipsen ya era una señal, la otra vino con la remontada a Van Aert, al ataque, y descolgarlo a la salida del tramo porque el belga, que para mí iba fundido, se quedó atrás con la bici rota.

Ganó el mejor, el de los cuatro monumentos, primero, segundo y primero en los celebrados este año, amasando la leyenda y alimentando un futuro que no tiene techo.

Así lo contamos ese día, con la calentura post carrera por la mente.

Esquivado Degenkolb, descolgado Van Aert… más todo lo de antes, es complicado encontrar una carrera tan a favor de obra como esta Roubaix para Van der Poel.

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Mathieu Van der Poel

Top23 Van der Poel, una temporada de francotirador

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Los éxitos de Van der Poel en 2023 parecían descontados por adelantado

Ahí está Mathieu Van der Poel, en el suelo, buscando aire tras el monumental esfuerzo entre París y Roubaix, en el césped del velódromo, en un instante tangible, entre el dolor y la felicidad absoluta.

Qué año de Mathieu, innegablemente top 2 o top 3, en rivalidad absoluta con Pogacar y Vingegaard.

Año de francotirador, cirujano del palmarés, manos pequeñas, piernas poderosas.

El 2023 que se cierra le ha dado a Mathieu Van der Poel un tridente de éxitos que quien más quien menos imaginaba para neerlandés.

Sin embargo no es sólo la estadística, no sólo el asiento contable, es la forma de hacerlo, de perdurar en los libros y las crónicas de hacerlo a su manera.

En San Remo, Van der Poel le dejó el sello a Pogacar y cía, en el mismo Poggio, en plena faena destructiva del esloveno.

Su ataque, en el momento clave, en el umbral de los 300 kilómetros, nos presenta un ciclista evolucionado y mejorado para ser lo que es.

Luego estuvo Roubaix, en un juego estratégico perfecto del su equipo, formando tándem efectivo con Philipsen, escondido y comedido gran parte de la carrera y emergiendo cuando se le requería, en especial en el Carrefour de l´Arbre, dando cuenta del Van Aert.

Finalmente el Mundial, sellado en otro ataque demoledor, en el momento de caza a Bettiol y salvando esa caída en la que el mundo se paró.

Son tres triunfos, no hay muchos más, pero qué éxitos, de época y diferenciales, que por mucho que sean cantados para su palmarés, tienen un mérito indiscutible.

Porque Mathieu Van der Poel puedes imaginar cómo lo va a hacer, y casi siempre te lo hace, a su manera y conveniencia.

Ahora que le vemos darle brillo al arcoíris de ciclocross, esperamos que haga lo propio con el de carretera en la primavera, incluido en Flandes, donde tiene una revancha con Pogacar.

Incluso cayendo, el neerlandés es enorme, como aquel día en Flandes.

Imagen: A.S.O./Pauline Ballet

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Mathieu Van der Poel

Moments23: Con Van der Poel emergió el arcoíris en Glasgow

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La proeza irisada de Van der Poel en Glasgow nos dejó sin respiración

Me hablaba hace poco Flecha sobre su experiencia en la versión escocesa de Further de las sorpresas que guardaba Escocia para el ciclista, que en medio del temporal, el cielo podía dejar de descargar de golpe y regalarte un arcoíris memorable.

Un tiempo tan azaroso como cambiante, incluso en verano, incluso una tarde cualquiera de domingo de agosto cuando los mejores del mundo, con Mathieu Van der Poel al frente, se juegan el arcoíris entre Edimburgo y Glasgow.

El mundial, el supermundial de ciclismo, el que puso a Glasgow en el centro del universo de todos los ciclismos, disfrutó en exclusiva de la mejor versión de siempre de un Mathieu Van der Poel que mereció más que nadie el premio que se llevó a casa, el maillot más bonito de nuestro deporte.

La tarde la recordáis bien, mientras todos moríamos de calor en medio continente, Escocia recibía el pelotón con esa calidez gris, espesa y húmeda que le caracteriza.

El circuito ratonero y estresante hizo el resto, una carrera memorable que pasó a los anales mal que les pese a muchos que esperan recorridos en el desnivel por el desnivel sea el protagonista casi único.

Por suerte, en el ciclismo que se impone se premian virtudes como las de Mathieu Van der Poel, a priori encantado con el recorrido de Glasgow, aunque había que competir, mucho y bien.

Y lo hizo, vaya si lo hizo, en medio de un grupo de estrellas, reducido y selecto, sacando la cabeza en medio de tanto coco.

Atento siempre, dio el golpe final, uno y definitivo, en una penúltima vuelta que tuvo el susto de la curva y la caída para ponerle la zozobra que el supremo estado de forma del neerlandés no iba a conceder.

Incluso con la caída, con la maneta medio rota, las zapatillas con las boas colgando, incluso con todo eso, Van der Poel voló en una travesía suprema hacia uno de los oros más deseados del ciclismo actual.

Su triunfo fue la guinda a su temporada de francotirador y una muesca más en su cuenta privada con Van Aert.

Mirad los anales, porque yo de memoria no recuerdo un año con el mismo campeón mundial de ruta y ciclocross.

Si uno tenía que abrir ese capítulo, tenía que ser él.

Imagen: FB UCI– Ian MacNicol/SWpix.com

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Mathieu Van der Poel

Van der Poel hijo en 5 esenciales

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Ahora mismo no le veo límites al palmarés de Mathieu Van der Poel

No sé si es que el año le ha resultado muy intenso o que Mathieu Van der Poel ha querido pasar página rápido, pero su maillot irisado ha sido visto y no visto.

Unas cuantas carreras y cierre de Van der Poel en una París-Tours que merece a los mejores

Habrá que esperar a la próxima primavera para disfrutar a tope el buzo más especial del pelotón con más asiduidad en las espaldas de uno de los corredores con más flow del pelotón, un tipo que no deja indiferencia, despierta pasiones y genera afición como pocos.

Desde que diera el salto a la carretera, Mathieu Van der Poel ha demostrado una evolución tan brutal que nos cuesta reconocer en este campeón aquel mozalbete nieto de Poulidor recién venido del ciclocross, aunque con bagaje ya en carretera.

Con esta premisa, queremos dejar cinco básicos para entender y querer a Mathieu Van der Poel.

Una evolución tangible,…

Ver a Van der Poel «campeonar» en Glasgow y ponerlo negro sobre blanco con el que reventó en Yorkshire, cuatro años antes, es como degustar dos ciclistas diferentes.

El de entonces, un auténtico temerario, que se echaba las fugas a la espada y las arrastraba hasta caer destrozado.

El de este verano, un ciclista certero, con un golpe, sólo uno pero demoledor y suficiente para ser campeón del mundo.

Un cambio de ritmo brutal

Ahí reside la gran fuerza del neerlandés.

Cuando acciona el mecanismo de destrucción se acabó el plan para los demás, abre un pequeño hueco rápido y lo van ensanchando de forma paulatina e irremisibe hasta que decanta la carrera.

Lo vimos en San Remo, en Roubaix y en el Mundial, un tridente que habla del salto de calidad que le ha implicado el año que acaba.

Registros muy marcados

Si una cosa tiene el nene es que su programa se va concentrando y se centra en aquello que sabe le va a resultar.

Salió de la zona de confort del ciclocross para crecer en su entorno natural, las clásica, y en ello está.

Tiene claro el objetivo y se centra en él, todo lo demás que venga perfecto, como etapas o el amarillo del Tour, pero él la historia la escribe en sus terrenos.

Sólo se tuerce del renglón con el BTT, que no le sonríe, pero no creo que ceje en el empeño con unos JJOO en el horizonte.

Techo sin adivinar

Una vez abierto el melón de los monumentos, nos queda saber cuántos será capaz de coleccionar.

En clara competencia con Pogacar, que le ha pisado el césped en Flandes, ahora mismo cuelgan cuatro de su palmarés, pero a ritmo que va mira de tú a tú leyendas no tan lejanas como Boonen y Cancellara.

Si sigue con este registro anotador puede acabar entre los mejores de todos los tiempos en la materia.

¿Un día? El mundial mismo

Este Campeonato del Mundo escocés ha sido el culmen, la cuadratura del círculo para Mathieu Van der Poel.

Con presencias más contenidas y bien calibradas, su actuación en Glasgow ha sido sencillamente abrumadora, tanto como el cambio de ritmo que exhibió y la forma con la que se repuso de la caída posterior.

El coco ya viste de arcoíris, ¿qué será lo siguiente? 

Por de pronto seguro que nos amenizará algunas sobremesas de Navidad y fechas aledañas.

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