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Van der Poel marca la diferencia en la Het Nieuwsblad

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Con la Het Nieuwsblad, solo le queda Wevelgem a Mathieu van der Poel

Mathieu van der Poel, en Flandes, no corre contra rivales, lo hace ante la historia.

Quedaban 16kilómetros para la meta en Ninove y el neerlandés ya volaba en solitario tras dejar atrás el Kapelmuur.

Lo hacía con esa estética de esfuerzo invisible, una suerte de insulto a la agonía ajena, mientras por detrás Tim Van Dijke y Florian Vermeersch ni siquiera podían amagar con una persecución digna.

La carrera se rompió mucho antes, en el Molenberg, cuando Vermeersch intentó tentar la suerte y Van der Poel, con la frialdad de quien lee el futuro, esquivó a un Tudor, creo que Trentin, resbalado para iniciar un despliegue que ya es marca de la casa.

Ganar en Ninove no es un hito menor, es tachar un nombre en una lista de cuentas pendientes donde figuras de la talla de Fabian Cancellara o Tom Boonen fallaron.

Ni siquiera el “Tommeke” más inspirado pudo conquistar esta plaza, situada en el corazón de esa región que ha visto nacer o crecer a leyendas como Evenepoel, Van Avermaet o el mismísimo Lucien Van Impe.

La superioridad de Mathieu es tan aplastante que empieza a generar un debate colateral sobre la narrativa del ciclismo actual.

De hecho, en el próximo podcast analizaremos junto a Samuel Sánchez esa extraña sensación de emoción perdida cuando Van der Poel o Pogacar toman la salida.

Si el esloveno no está en el cartel, el neerlandés parte como favorito absoluto, y rara vez defrauda.

Con este triunfo, Van der Poel suma la Het Nieuwsblad a un palmarés flamenco que ya incluye Harelbeke, Flandes y A Través de Flandes, entre otras.

Solo la Gante-Wevelgem se le resiste en este ecosistema, y fue únicamente porque Mads Pedersen logró evitar el pleno en las “majors” flamencas.

Mathieu no deja ni las migas; su voracidad es tal que la historia le pertenece por entero, sin conceder el más mínimo margen de gloria a los demás. Actualmente, el único muro real para él se llama Tadej Pogacar.

El choque de trenes se prevé para dentro de tres semanas en San Remo, ya que para volver a verlos medir fuerzas en los muros de Flandes habrá que esperar a De Ronde.

Superar las cincuenta victorias profesionales sitúa a Van der Poel en una dimensión que trasciende el presente.

Es un prodigio técnico y físico al que no veíamos alcanzar tales cotas de dominio desde aquel histórico mundial de ciclocross que le encumbró como el mejor de siempre en el barro.

No es que lo haya vuelto a lograr, es que está escribiendo con trazo grueso esa historia que todos le pronosticamos hace años.

No hay discusión posible: es el mejor en lo físico, es insuperable en lo técnico y su sombra es ya demasiado alargada para un pelotón que solo puede aspirar a verle la espalda.

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