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Ciclistas

Valverde y Sagan en su mar de dudas

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A veces la realidad no supera con creces. Post diario, o dos al día, y va Tom Boonen se “espiña” en el último tramo de la primera etapa de la París-Niza para arruinar su primavera, otra más, la tercera consecutiva fuera de los focos en un ciclista que es una leyenda sobre ruedas, aunque estos días convaleciente. Darle vueltas y vueltas a su estado de forma, a su suerte y el azar, a veces jodidamente malo, le deja KO como no lo habrían llegado sus rivales.

No obstante, si nos permitís queremos ponerle la lupa a dos ciclistas que en la arena toscana fueron protagonistas. Hablamos de Alejandro Valverde y Peter Sagan, dos corredores que no son dos más porque sinceramente corren con la presión de la historia y responsabilidad sobre sus espaldas. El primero porque lleva muchos años ahí delante y aunque muchos nos quieran vender lo contrario, no es un loser, por que un loser no hace tamaño palmarés, aunque se dejara otras tantas piezas por el camino,  y el otro porque en su precocidad se está enredando de tal manera que al final no sabemos qué será.

Si os parece empezamos con Valverde, un ciclista de los de entre un millón que el sábado nos dio para el pelo para quienes siempre hemos sostenido que no se podía correr de forma ramplona y cicatera cuando las piernas ventilan con tal poder. Para quienes quedaron decepcionados con la tercera plaza de Alejandro Valverde en la Strade Bianche cabe argumentar que ésta llega de forma muy diferente a la de hace un año. Entonces Valverde surgió del grupo cuando la carrera estaba sentenciada y sin solución. Sagan & Kwiatkowski habían puesto demasiado de por medio y la caza era imposible.

Esta vez Valerde jugó a ganador, todo al negro y salió mal, al menos en lo que a la victoria se refiere, pero el espectáculo que dio fue manifiesto y sus rivales eran del máximo nivel en su mejor nivel, pues son todos los mismos que en tres semanas estarán jugándose la suerte gorda de la primavera. Valverde tiene grandes servidumbres y una, la principal de todas, es que su rueda es la más vigilada. Dicho esto, y a la vista que su final no es el de antaño, quizá le valgan más actuaciones como las de la Strade que no esperar al desenlace y se le cruce el Gerrans de turno.

Nibali fue también un corredor que dudó entre nadar o salvar la ropa. Para Alejandro Valverde correr debe ser ahora, que lo tiene todo, o al menos todo a lo que podía aspirar con los calendarios que le han propuesto y él aceptado, una diversión que le ponga en comunión con el público que tanto y tan bien ha disfrutado de él. Por eso cuando ponga en la balanza especular o dar un recital, siendo ambas vías válidas para llegar al éxito, espero que se proponga la segunda.

Y por el otro lado corre Peter Sagan, un ciclista por cuyo estado actual muchos se preguntan, pero que está en un completo cambio de chip, tan trascendente que su presencia es extraña en el pelotón. Sagan ya no quiere cantidad. Años atrás en estas fechas varios triunfos adornaban su palmarés, éste año sus mejores resultados son sendos segundos puestos en Qatar, algún cuarto y otros quintos. Nada de triunfos.

No hace mucho Oleg Tinkov, el hombre que posee un equipo y habla en calidad de director del mismo, dijo que de Sagan no quiere etapas en Tirreno y maillot verde en el Tour, dijo que quiere San Remo, Flandes y cuando no Roubaix. Quiere caza mayor, no piezas sueltas y en eso está Sagan en sumar y sumar para llegar a buen puerto. Cabrá verle, cabrá ver si se funde cuando la responsabilidad pesa en las grandes clásicas, cuando el esfuerzo cae a plomo en tus piernas una vez superados los 200 kilómetros. Sagan quiere el premio gordo y piensa que, prescindiendo de la pedrea, lo tendrá a su alcance.

Imagen tomada de FB del Tour de Oman

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Ciclistas

La Strade Bianche que cambió el ciclismo

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En la Strade Bianche de 2021 nuevas formas de hacer se impusieron en el ciclismo

La cosa empezó lejos de meta, la Strade Bianche de 2021 había tenido ciertos escarceos en los que cada uno se iba posicionando.

Recuerdo que era la primera carrera del año para Wout Van Aert, dorsal uno a la espalda, y no sé si de algún otro de los favoritos.

La prueba iba veloz al circo de Siena hasta que aquello saltó por los aires, lo recuerdo así:

Cuando a 50 kilómetros de Siena y su Campo que luce sin gente estos días, a la salida de un tramo de tierra, la Strade Bianche 2021 saltó por los aires, teníamos una certeza: aquel movimiento se había producido para quedarse, para ser definitivo.

Y lo fue, nada volvió a ser lo mismo, pues delante, no había uno, ni uno solo de esos que pide ayuda, que mira atrás, que recrimina relevos.

Wout Van Aert encabezó el revolcón, se le solaparon Alaphilippe, Van der Poel, Pogacar, Pidcock y Egan Bernal, toma ya, entre otros.

Arrasaron con lo que quedaba de la escapada que capitaneó Greg Van Aevermaet con Quinn Simmons, el americano buenísimo y lenguaraz, y Davide Formolo.

Ahí empezó la Strade Bianche 2021, la carrera que muchos discuten si es un monumento, cuando para ser un monumento hay que llegar a debatirse entre los siete monstruos que seguían con opciones a veinte de meta.

Aquello fue de aquella misma tarde de sábado, llevado por la emoción de haber presenciado una carrera mayúscula.

Ni los viejos del lugar recordaban algo así, una escapada de siete y los siete grandes estrellas, que encima se entienden y llevan la apuesta hasta el final.

Iba danzarín aquel día Julian Alaphilippe, quizá confiado porque aquí, dos años antes, había ganando a Fuglsang.

Atacó antes que nadie, pero se le solaparon siete monstruos entre los que emergió uno de los Mathieu Van der Poel más brutos que recuerdo, en plan acelerones violentísimos, huecos imposibles de cerrar y rivales por el camino.

El zarandeo al que el neerlandés sometió a su bicicleta en las calles de Siena es una de las imágenes más superlativas de los tiempos recientes, la polvareda que había levantado kilómetros atrás, otra.

Fue, yo creo, la carrera que marcó el punto de inflexión de este deporte, el asalto definitivo de la nueva hornada, pues en esa escapada no faltaba casi nadie y la certeza de que con estos en carrera, el pronóstico iba a estar muy condicionado, pues son ciclistas sin miedo, sin medida a la distancia, ni remordimientos.

Su forma de competir hoy la vemos instalada, pero aquellos días de marzo eso fue un golpe, con la Tirreno que viviríamos días después.

La Strade Bianche de 2021 fue la carrera que instaló el nuevo orden.

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Egan Bernal

Si alguien podía lograrlo era Egan Bernal

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Que Egan Bernal pise de nuevo un podio tras todo lo pasado es brutal

El año pasado nuestro fotógrafo se ubicó en un emplazamiento perfecto en la cima de uno de los puertos de Pirineos en la Volta y me comentó «Egan Bernal, muy descolgado y sufriendo bastante«.

Era el mismo ciclista que el fin de semana en O Gran Camiño, pero once meses antes y trece después de su horrible accidente entrenando con la cabra.

La cabra, esa bicicleta que se ha hecho para volar para cortarte las alas con la misma facilidad que te las corta, un artilugio que nos ha dado grandes disgustos estos años, en especial, el último el de Sergio Martín.

 

El golpe es seco, duro, a gran velocidad y ciego, y creo que eso es lo peor, estrellarte contra algo como lo hizo Egan Bernal con un autobús, a 60 kilómetros hora.

Un accidente que en mi humilde opinión no debería ocurrir, pero que sucede y es trágico.

Hace dos años, cuando Egan Bernal nos dio el gran susto, cruzábamos los dedos sólo por verle ser persona de a pie de nuevo.

Él no se amilanó, contra viento y marea, se armó de valor, admitió estar ante la subida más dura de su vida y evidenció cada progreso en redes casi al minuto.

¿Qué necesidad? pensamos esos días, pero la determinación de Egan Bernal era más grande que todo eso, quería volver a ser ciclista competitivo y lo está logrando.

El año pasado corrió Tour y Vuelta, hizo alguna cosa, pero lo de este año es un paso definitivo, subir a un podio, por mucho que O Gran Camiño no sea el Tour, pero sí una carrera con una participación muy interesante.

Ver a Egan Bernal ser el último en ceder ante Vingegaard en la segunda etapa, dos ganadores del Tour en Galicia, en febrero, ha sido una excelente noticia.

¿Objetivos? Veo muy complicado que vuelva a ser el increíble ciclista que era en 2019 ó 2021, pero ojo que su historia ya está ahí y si su progreso ha sido tan bruto en dos años, no descartéis que dé otro pasito adelante en lo que viene.

Imagen: FB O Gran Camiño 

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Ciclistas

Las piedras que le faltan a Van Aert son Flandes y Roubaix

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Si Flandes y Roubaix no caen en el saco de Van Aert, la cosa estará incompleta

A ver, que a Wout Van Aert no sólo le faltan Flandes y Roubaix en su palmarés de adoquines, pero está claro que son las dos en las que todos pensamos…

Recuerdo, ya en la fase final de su carrera deportiva, una charla con Juan Antonio Flecha sobre si su carrera deportiva sería incompleta sin una victoria en Flades o Roubaix.

Él había estado en el podio de ambas carreras, pero sin duda que la segunda le había dado mejores resultados, con varios podios y la sensación de que un poco de suerte, y con otros rivales, podía haber sido suya.

Flecha fue sincero, admitió que la vida seguiría sin ambas carreras en su cuenta, pero que mejor si las podía ganar, aunque fuera al menos una vez.

No sé si en el futuro un día, habría quién le pregunte eso a Wout Van Aert, si su felicidad sería completa de haber tenido Flandes o Roubaix en su palmarés y seguramente que Wout, en el fondo sabe, que mejor tenerlas algún en su vitrina.

No se lo preguntarán en breve, pues aún tiene margen para lograrlo, pero cuando esté en la cuenta atrás, seguro que la cuestión le cae si no ha logrado tocar pelo en una de las dos.

Flandes y Roubaix es lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de Wout Van Aert, incluso antes que el oro olímpico, el mundial, cualquier otro monumento o la opción de disputar una gran vuelta.

Son sus carreras, su medio natural, las conoce de cerca, ha subido en el podio y prácticamente ha ganando todo lo que debía ganar, desde Het Nieuwsblad -que nunca logró Boonen– a Gante Wevelgem, pasando por Kuurne-Bruselas-Kuurne y E3 Harelbeke.

Una realidad adoquinada que debería sacar, ya por fin, la mejor versión de Van Aert en las dos grandes del adoquín donde se cruzará, seguro, con su rival más íntimo, ese que cambia el planteamiento y la forma de correr nada más estampa su firma en el control de salida.

Espero que esta forma que va a más estallé dentro de cinco y seis semanas y el ciclismo haga justicia con uno de los grandes talentos de la historia reciente de este deporte, una maravilla llamada Wout Van Aert, el corredor que todos queremos ver triunfar al nivel de su cilindrada.

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Ciclistas

Nils Politt y Tim Wellens, los mejores compañeros de escapada

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El fin de semana de Nils Politt y Tim Wellens tuvo tanto motor como falta de acierto

El desenlace de las dos clásicas del finde apertura tuvo dos UAE en segunda plaza, batidos, curiosamente, por su gran rival en escuadras, el Visma.

Tanto Nils Politt como Tim Wellens hincaron la rodilla frente a Jan Tratnik y Wout Van Aert en un duelo desigual de inicio.

Tratnik se hizo muy bien el sueco dejándole la tostada a Nils Politt en el desenlace de Het Nieuwsblad, mientras que Wellens poco o nada tenía que hacer ante Wout Van Aert, más rápido al final.

En ambos casos, por eso, tanto alemán como belga han certificado que son, posiblemente, dos de los mejores compañeros que te puedes cruzar en una escapada.

Ambos son nombres, no escatiman y dejan el tanque vacío como pocos.

Mirad si no cómo Nils Politt mantuvo viva la aventura con el pelotón pisándoles los talones y cómo Tim Wellens colaboró para enviar a los perseguidores al infinito camino de Kuurne, en compañía de Van Aert y Lazkano.

Me sorprendió por eso que mucha gente se admirara de la forma en la que Politt se entregó el sábado, cuando el alemán ya es conocido por mostrar más de lo necesario en las escapada.

Mirad aquella etapa con Jerôme Cousin en la París-Niza de hace seis años, ya.

El trabajo sordo y efectivo de Politt para que llegara el francés y se llevara todo el premio. 

Recuerdo el cabreo de la gente aquella tarde, como si no entendieran cómo funciona el ciclismo.

Politt estuvo fino el día que ganó su etapa en el Tour, en una escapada en la que recuerdo iba Imanol Erviti, pero por lo general ha tenido varias actuaciones como las del sábado.

Caso similar Tim Wellens quien no deja relevo por dar ni aliento por echar, va en su ADN y no siempre remata a su favor.

Si la actuación de Politt necesitó un poco más de sangre fría, aunque quizá por ello les hubieran cogido, pues Tratnik tenía la excusa de los compañeros por detrás, en el caso de Wellens poca opción tenía que no fuera entrar al relevo y luego ver qué sucedía.

Su problema quizá fue que Lazkano no estaba para fiestas a esa altura de carrera.

Ambos, no obstante, Politt y Wellens siempre en mi equipo.

Imagen: UAE Team Emirates

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