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Ciclistas

Tour: Mark Cavendish prefiere la dificultad

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Hace un año Peter Cossins, desde Procycling, nos dijo:

Desde 2008, cuando logró cuatro triunfos en el Tour, el ciclista nacido en la Isla de Man ha ido superando las expectativas y sin embargo nunca se le ha dejado de cuestionar. En el HTC-Columbia se le acusó de necesitar un perfecto tren para organizarle el sprint. Recientemente se dijo que ya no era lo rápido que fue. Sin embargo, Cav ha demostrado que puede segur ganando cualquier tipo de sprint con o sin tren que se lo prepare.

Mark Cavendish no cabe duda que es alguien muy especial, incluso explicado desde la ausencia. Una mononucleosis tiene la culpa de no haberle visto casi en todo el año. En su siempre crematística forma de ver la vida, su temporada se resume en la etapa que ganó en el Tour de Abu Dhabi, en los meses de invierno, lejos muy lejos cuando lo vemos en este tramo previo al Tour.

Dicen que Cavendish puede estar manejando dos grandes retos en su carrera, una carrera que como veremos se forjó en la dificultad como principal piedra de toque para darle la motivación y las ganas de seguir y seguir trabajando por mejorar: Tokio 2020 y su eterna asignatura olímpica podrían estar al final del camino, y mientras llegan tiene el Tour y la posibilidad de igualar a Eddy Merckx, sí al Caníbal, en el top de ganadores históricos de etapa.

Como veis no son retos sencillos, revisten un esfuerzo titánico, casi inhumano, suponen dificultad, pero es que a Cavendish le gusta la dificultad, le gusta llegar “amortizado” por la gran crítica y embolsarse cuatro etapas, como hizo hace un año, le gusta hacerlo delante de los cocos, de Marcel Kittel y de André Greipel, para quien se negó a trabajar en sus inicios porque sencillamente quería ser el primer sprinter en el HTC. Madre mía hace casi una década de eso.

Cavendish ahora tiene 32 añazos y es un tipo con muchos frentes abiertos, un tipo que regala relojes de lujo con el nombre serigrafiado en la esfera a los compañeros que le ayudaron a ser campeón del mundo en Copenhague o que le auparon a ganar en San Remo, esos mismos compañeros que a veces chilla y reprime en público, porque quiere la excelencia, a veces incluso de forma ridícula, como cuando la tomó contra un tipo que es inasequible al desaliento, como G Thomas o contra el propio Wiggins, con quien no pudo colgarse la medalla en los juegos de Pequín 2008 porque según el de Man, Wiggo llegó muy relajado a la americana. Normal, había sido bicampeón olímpico.

Cav quiere dificultad, se crece en la dificultad. Desde Man pasó largas, interminables horas en ferrys y traslados vía Liverpool para llegar al centro de Manchester, de donde bebió de las bondades del velódromo para hacerse el ciclista que es, el ciclista que cae en gracia durante todo el año y hace fortuna en los seis días acompañando a Brad Wiggins en su gira final.

Porque Wiggo es otra de las constantes en la vida de Cav. Los dos faros que sirven para entender qué es el ciclismo en UK sin dos nombres que se entienden de forma interdependiente. Hace cinco años, con el arco iris Cav trabajó para el Tour de Wiggo, algo inaudito, algo que no hemos vuelto a ver y que acabó con el velocista en el Quick Step bebiendo del ciclismo belga, de Lefevere y de Tom Boonen, el corredor cuya trayectoria casi arruina en una de esas “burradas” que deberían haberle apartado del ciclismo por largo tiempo.

Porque ese ciclista que pone su vida en la máquina, que acopla su mentón en su rueda delantera se ha hecho tanto, tanto, tanto en la adversidad que a veces hasta se le ha ido la mano, tanto sprintando temerariamente, como en esos puertos en los que algunos dicen que sube remolcado.

En Düsseldorf no lo dudéis, éste será uno de los tipos a seguir, mientras menos se cuente con él, mientras más difícil parezca que lo tenga, más guerra dará.

Imagen tomada del FB Team Dimension Data

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Ciclistas

La Strade Bianche que cambió el ciclismo

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En la Strade Bianche de 2021 nuevas formas de hacer se impusieron en el ciclismo

La cosa empezó lejos de meta, la Strade Bianche de 2021 había tenido ciertos escarceos en los que cada uno se iba posicionando.

Recuerdo que era la primera carrera del año para Wout Van Aert, dorsal uno a la espalda, y no sé si de algún otro de los favoritos.

La prueba iba veloz al circo de Siena hasta que aquello saltó por los aires, lo recuerdo así:

Cuando a 50 kilómetros de Siena y su Campo que luce sin gente estos días, a la salida de un tramo de tierra, la Strade Bianche 2021 saltó por los aires, teníamos una certeza: aquel movimiento se había producido para quedarse, para ser definitivo.

Y lo fue, nada volvió a ser lo mismo, pues delante, no había uno, ni uno solo de esos que pide ayuda, que mira atrás, que recrimina relevos.

Wout Van Aert encabezó el revolcón, se le solaparon Alaphilippe, Van der Poel, Pogacar, Pidcock y Egan Bernal, toma ya, entre otros.

Arrasaron con lo que quedaba de la escapada que capitaneó Greg Van Aevermaet con Quinn Simmons, el americano buenísimo y lenguaraz, y Davide Formolo.

Ahí empezó la Strade Bianche 2021, la carrera que muchos discuten si es un monumento, cuando para ser un monumento hay que llegar a debatirse entre los siete monstruos que seguían con opciones a veinte de meta.

Aquello fue de aquella misma tarde de sábado, llevado por la emoción de haber presenciado una carrera mayúscula.

Ni los viejos del lugar recordaban algo así, una escapada de siete y los siete grandes estrellas, que encima se entienden y llevan la apuesta hasta el final.

Iba danzarín aquel día Julian Alaphilippe, quizá confiado porque aquí, dos años antes, había ganando a Fuglsang.

Atacó antes que nadie, pero se le solaparon siete monstruos entre los que emergió uno de los Mathieu Van der Poel más brutos que recuerdo, en plan acelerones violentísimos, huecos imposibles de cerrar y rivales por el camino.

El zarandeo al que el neerlandés sometió a su bicicleta en las calles de Siena es una de las imágenes más superlativas de los tiempos recientes, la polvareda que había levantado kilómetros atrás, otra.

Fue, yo creo, la carrera que marcó el punto de inflexión de este deporte, el asalto definitivo de la nueva hornada, pues en esa escapada no faltaba casi nadie y la certeza de que con estos en carrera, el pronóstico iba a estar muy condicionado, pues son ciclistas sin miedo, sin medida a la distancia, ni remordimientos.

Su forma de competir hoy la vemos instalada, pero aquellos días de marzo eso fue un golpe, con la Tirreno que viviríamos días después.

La Strade Bianche de 2021 fue la carrera que instaló el nuevo orden.

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Egan Bernal

Si alguien podía lograrlo era Egan Bernal

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Que Egan Bernal pise de nuevo un podio tras todo lo pasado es brutal

El año pasado nuestro fotógrafo se ubicó en un emplazamiento perfecto en la cima de uno de los puertos de Pirineos en la Volta y me comentó «Egan Bernal, muy descolgado y sufriendo bastante«.

Era el mismo ciclista que el fin de semana en O Gran Camiño, pero once meses antes y trece después de su horrible accidente entrenando con la cabra.

La cabra, esa bicicleta que se ha hecho para volar para cortarte las alas con la misma facilidad que te las corta, un artilugio que nos ha dado grandes disgustos estos años, en especial, el último el de Sergio Martín.

 

El golpe es seco, duro, a gran velocidad y ciego, y creo que eso es lo peor, estrellarte contra algo como lo hizo Egan Bernal con un autobús, a 60 kilómetros hora.

Un accidente que en mi humilde opinión no debería ocurrir, pero que sucede y es trágico.

Hace dos años, cuando Egan Bernal nos dio el gran susto, cruzábamos los dedos sólo por verle ser persona de a pie de nuevo.

Él no se amilanó, contra viento y marea, se armó de valor, admitió estar ante la subida más dura de su vida y evidenció cada progreso en redes casi al minuto.

¿Qué necesidad? pensamos esos días, pero la determinación de Egan Bernal era más grande que todo eso, quería volver a ser ciclista competitivo y lo está logrando.

El año pasado corrió Tour y Vuelta, hizo alguna cosa, pero lo de este año es un paso definitivo, subir a un podio, por mucho que O Gran Camiño no sea el Tour, pero sí una carrera con una participación muy interesante.

Ver a Egan Bernal ser el último en ceder ante Vingegaard en la segunda etapa, dos ganadores del Tour en Galicia, en febrero, ha sido una excelente noticia.

¿Objetivos? Veo muy complicado que vuelva a ser el increíble ciclista que era en 2019 ó 2021, pero ojo que su historia ya está ahí y si su progreso ha sido tan bruto en dos años, no descartéis que dé otro pasito adelante en lo que viene.

Imagen: FB O Gran Camiño 

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Ciclistas

Las piedras que le faltan a Van Aert son Flandes y Roubaix

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Si Flandes y Roubaix no caen en el saco de Van Aert, la cosa estará incompleta

A ver, que a Wout Van Aert no sólo le faltan Flandes y Roubaix en su palmarés de adoquines, pero está claro que son las dos en las que todos pensamos…

Recuerdo, ya en la fase final de su carrera deportiva, una charla con Juan Antonio Flecha sobre si su carrera deportiva sería incompleta sin una victoria en Flades o Roubaix.

Él había estado en el podio de ambas carreras, pero sin duda que la segunda le había dado mejores resultados, con varios podios y la sensación de que un poco de suerte, y con otros rivales, podía haber sido suya.

Flecha fue sincero, admitió que la vida seguiría sin ambas carreras en su cuenta, pero que mejor si las podía ganar, aunque fuera al menos una vez.

No sé si en el futuro un día, habría quién le pregunte eso a Wout Van Aert, si su felicidad sería completa de haber tenido Flandes o Roubaix en su palmarés y seguramente que Wout, en el fondo sabe, que mejor tenerlas algún en su vitrina.

No se lo preguntarán en breve, pues aún tiene margen para lograrlo, pero cuando esté en la cuenta atrás, seguro que la cuestión le cae si no ha logrado tocar pelo en una de las dos.

Flandes y Roubaix es lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de Wout Van Aert, incluso antes que el oro olímpico, el mundial, cualquier otro monumento o la opción de disputar una gran vuelta.

Son sus carreras, su medio natural, las conoce de cerca, ha subido en el podio y prácticamente ha ganando todo lo que debía ganar, desde Het Nieuwsblad -que nunca logró Boonen– a Gante Wevelgem, pasando por Kuurne-Bruselas-Kuurne y E3 Harelbeke.

Una realidad adoquinada que debería sacar, ya por fin, la mejor versión de Van Aert en las dos grandes del adoquín donde se cruzará, seguro, con su rival más íntimo, ese que cambia el planteamiento y la forma de correr nada más estampa su firma en el control de salida.

Espero que esta forma que va a más estallé dentro de cinco y seis semanas y el ciclismo haga justicia con uno de los grandes talentos de la historia reciente de este deporte, una maravilla llamada Wout Van Aert, el corredor que todos queremos ver triunfar al nivel de su cilindrada.

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Ciclistas

Nils Politt y Tim Wellens, los mejores compañeros de escapada

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El fin de semana de Nils Politt y Tim Wellens tuvo tanto motor como falta de acierto

El desenlace de las dos clásicas del finde apertura tuvo dos UAE en segunda plaza, batidos, curiosamente, por su gran rival en escuadras, el Visma.

Tanto Nils Politt como Tim Wellens hincaron la rodilla frente a Jan Tratnik y Wout Van Aert en un duelo desigual de inicio.

Tratnik se hizo muy bien el sueco dejándole la tostada a Nils Politt en el desenlace de Het Nieuwsblad, mientras que Wellens poco o nada tenía que hacer ante Wout Van Aert, más rápido al final.

En ambos casos, por eso, tanto alemán como belga han certificado que son, posiblemente, dos de los mejores compañeros que te puedes cruzar en una escapada.

Ambos son nombres, no escatiman y dejan el tanque vacío como pocos.

Mirad si no cómo Nils Politt mantuvo viva la aventura con el pelotón pisándoles los talones y cómo Tim Wellens colaboró para enviar a los perseguidores al infinito camino de Kuurne, en compañía de Van Aert y Lazkano.

Me sorprendió por eso que mucha gente se admirara de la forma en la que Politt se entregó el sábado, cuando el alemán ya es conocido por mostrar más de lo necesario en las escapada.

Mirad aquella etapa con Jerôme Cousin en la París-Niza de hace seis años, ya.

El trabajo sordo y efectivo de Politt para que llegara el francés y se llevara todo el premio. 

Recuerdo el cabreo de la gente aquella tarde, como si no entendieran cómo funciona el ciclismo.

Politt estuvo fino el día que ganó su etapa en el Tour, en una escapada en la que recuerdo iba Imanol Erviti, pero por lo general ha tenido varias actuaciones como las del sábado.

Caso similar Tim Wellens quien no deja relevo por dar ni aliento por echar, va en su ADN y no siempre remata a su favor.

Si la actuación de Politt necesitó un poco más de sangre fría, aunque quizá por ello les hubieran cogido, pues Tratnik tenía la excusa de los compañeros por detrás, en el caso de Wellens poca opción tenía que no fuera entrar al relevo y luego ver qué sucedía.

Su problema quizá fue que Lazkano no estaba para fiestas a esa altura de carrera.

Ambos, no obstante, Politt y Wellens siempre en mi equipo.

Imagen: UAE Team Emirates

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