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Ciclismo antiguo

Rivalidades que dividieron países: Bahamontes vs Loroño

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

Nadie entiende el ciclismo de los 50 sin la rivalidad Bahamontes-Loroño

Mientras que Bahamontes es conocido internacionalmente por sus hazañas en el Tour de Francia, carrera que ganó en 1959 y en la que triunfó seis veces en el premio de la montaña, Jesús Loroño forjó su palmarés sobre todo en España, por lo que es un personaje prácticamente desconocido más allá de los Pirineos.

Su rivalidad con Bahamontes marcó toda una época del ciclismo español, en la que los loroñistas y los bahamontistas discutían enconadamente intentando convencerse mutuamente de que Jesús era un corredor más completo y Bahamontes era el mejor escalador.

Nacido en un caserío de Larrabetzu, en la provincia de Vizcaya, el octavo de nueve hijos, Loroño tenía 11 años cuando estalló la Guerra Civil.

El pueblo estaba cerca del Cinturón de Hierro, la línea defensiva establecida por la República alrededor de Bilbao, donde Jesús se dedicaba a cavar trincheras por un duro al día.

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Era demasiado joven como para ser internado en un campo de prisioneros, un destino que padecieron cinco de sus hermanos cuando el País Vasco cayó en manos de los sublevados.

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Cuando su padre murió en 1941, Loroño tuvo que ponerse a trabajar duro, yendo en bicicleta al monte para cortar leña y ayudando en el caserío.

Empezó a competir en carreras de la zona, para las que entrenaba medio a escondidas, por las noches, bajo la amenaza de su madre de tirar la bicicleta por un barranco, porque temía que su hijo fuera a pillar una tuberculosis sudando en las frías y húmedas noches vascas.

Cuando estaba a punto de emigrar a Chile, donde ya vivía uno de sus hermanos, Loroño fue llamado al servicio militar, donde tuvo la suerte de tener a un aficionado al ciclismo como capitán, quien le animó a seguir entrenando.

Un día de 1947 Loroño pidió permiso para participar en una carrera de la zona, pero se le denegó; el capitán le dijo que solo se lo concedería si era para ir a Asturias a enfrentarse con los profesionales en la clásica Subida al Naranco, que Fermín Trueba había ganado los dos años anteriores. Como difícilmente podía plantearse desobedecer órdenes, Loroño acabó en Oviedo tomando la salida de la prueba junto con los cracks de la época en lo que por entonces era una prueba de dos días, y sin dinero suficiente en el bolsillo para pagarse el viaje de regreso.

Con su tercera posición el primer día ganó dinero suficiente para cubrir sus gastos y confianza a raudales para afrontar la segunda etapa. Los ciclistas más curtidos miraban asombrados a aquel fornido joven vasco de cabellera negra y rizada y facciones marcadas que se atrevía a atacar al pie del Naranco.

En lugar de descolgarse acabó ganando no solo la etapa, sino también la clasificación general e incluso el premio de la combatividad.

Loroño acababa de ponerse en órbita, aunque el momento no era muy oportuno.

El ciclismo español estaba todavía muy lejos de su plena recuperación, tal y como el fiasco del Tour de 1949 había demostrado.

Cuando Loroño debutó en la prueba francesa, en 1953, ganó la montaña y una etapa en los Pirineos; conseguiría su mejor clasificación, quinto, en 1957.

Tuvo la desgracia de correr en una época en que los ciclistas españoles cuando iban al extranjero estaban demasiado obsesionados con hacer acopio de recambios de calidad que no se podían encontrar en España como para dedicarse en cuerpo y alma al trabajo de equipo.

Hay motivos de sobra para pensar que, si hubiera tenido el apoyo adecuado, Loroño había conseguido mucho más, quizá llegando incluso a igualar las hazañas de su rival, quien gozó de más y mejores oportunidades.

Lejos de los verdes valles del País Vasco, Bahamontes había nacido en la Meseta calcinada por el sol, cerca de Toledo, donde desde muy joven trabajaba de repartidor, tirando de un carrito con su bicicleta.

En una entrevista concedida cuando cumplió 70 años, Bahamontes recordaba su infancia durante los años del hambre: “Trabajaba en el estraperlo y comía mondas de patata fritas y gatos asados como si fueran conejos. A los 17 años cargaba mi bicicleta con sacos de patatas de 150 kilos.

Y yo solo pesaba 56”.

Un trabajo agotador que lo iba a curtir de cara a su futura carrera como ciclista.

La fama le llegó en 1954, cuando Bahamontes ganó la montaña en el Tour de Francia al año siguiente de que lo hiciera Loroño, y 17 años después de Berrendero.

La historia de cómo se detuvo en la cima de un puerto para tomarse un helado mientras esperaba la llegada del pelotón hoy en día forma parte de la leyenda.

De hecho estaba perpetuando una tradición entre los ciclistas españoles; en los años 30 Berrendero y Ezquerra a menudo paraban para tomarse una cervecita rápida en la cima de los puertos. Hacerse con el premio de la montaña solo se consideraba inferior a ganar la general del Tour, ya que comportaba publicidad y contratos lucrativos.

La general se daba por perdida de antemano, y apuntar a las victorias de etapa se consideraba un desperdicio de energía que era mejor reservar para acumular puntos en la montaña.

Desde sus inicios como ciclista, Bahamontes fue etiquetado como un personaje.

Su silueta enjuta se distinguía con facilidad tan pronto como saltaba del pelotón: espalda recta, manos en el centro del manillar, marcando un ágil ritmo de pedaleo con movimientos acompasados de la cabeza. Su táctica habitual era lanzar una primera aceleración para ver cómo reaccionaban sus rivales. Entonces volvía a aumentar el ritmo, que pocos querían o podían seguir, ya que sabían que más tarde pagarían por ello.

A pesar de que eran rivales directos, Bahamontes y Loroño se vieron obligados durante años a compartir equipo.

Para buscar un símil moderno, imaginen que Óscar Sevilla y Aitor González, tras su choque en la Vuelta de 2002, se hubieran visto obligados a seguir en el Kelme y a participar en las mismas carreras en vez de separarse.

La atmósfera habría sido irrespirable. Bahamontes y Loroño fueron más comedidos en una época en que conseguir una plaza en el equipo nacional era el sueño de todo ciclista.

No obstante, su rivalidad no fue del todo negativa: según Ángel Giner, biógrafo de Bahamontes, “un héroe, ya sea ciclista o guerrero, nunca puede llegar a tal grado sin un enemigo al que vencer”.

Al forzarlos a compartir equipo se ponía aún más de relieve hasta qué punto sus personalidades eran incompatibles.

Loroño, el León de Larrabetzu, era un hombre reservado, enormemente orgulloso, a quien el fervor de sus seguidores vascos empujaba a dar hasta su último gramo de fuerza.

El Águila de Toledo era voluble y volátil, inclinado a actuar según extraños caprichos y aparentemente insensible a cualquier expectativa que se hubiera depositado en su persona.

Un día se elevaba a la altura de su apodo y dejaba a todo el mundo boquiabierto con sus portentosas escaladas de los puertos más exigentes, y al siguiente se comportaba como una gallina aturullada.

Su retirada del Tour de 1957 constituye otro hecho legendario: alegando que le dolía el brazo a causa de una inyección de calcio que le habían administrado aquella mañana, se quitó las zapatillas e invadió el pedazo de prado donde una familia francesa tomaba pacíficamente su piscolabis, sentándose en posición fetal y haciendo oídos sordos a todas las requisitorias que le lanzaron.

No estaba dispuesto a menearse, ni por su madre, ni por su mujer, ni por España, ni por Franco. Pero los aficionados acabaron perdonándolo, porque a un genio siempre se le perdonan sus momentos de debilidad.

Extracto de libro “Viva la Vuelta” publicado por Cultura Ciclista

Imágenes tomadas de www.euskomedia.org i pedaleoluegoexisto.blogspot.com

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Ciclismo antiguo

Campus Melcior Mauri: Miguel Indurain nunca tiene un no para nadie

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

Así fue el paso de Miguel Indurain por el Campus Melcior Mauri

Cuando Melcior Mauri y yo invitamos a Miguel Indurain al Campus Melcior Mauri no puedo menos que irme a recuerdos de juventud, de aquellos veranos de estar viendo el Tour de Francia forjando el amor que le tengo a este deporte. Y después de ver la etapa coger la bicicleta e ir a hacer el loco por los sitios.

El día que me marcó fue la crono de Luxemburgo, aquello fue un espectáculo, brutal. No sabría decirte qué hacía ese día en cuestión, pero fue un pelotazo.

Otro año, fui en bici desde Tarragona, donde vivía, hasta un final de Volta en Salou. Dio la casualidad que, saliendo del Paseo Jaume I, Miguel me adelantó con Gerard Rue y algún compañero más. Les pude seguir hasta su hotel en Cambrils. Entonces no había redes, pero sí teléfono para llamar a todos los amigos.

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Ya habíamos invitado a Miguel Indurain al Campus Melcior Mauri de hace cuatro años.

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Fue muy bien, pero la gran diferencia respecto a entonces fue el volumen de gente. Esta vez hubo menos.

En 2017 no le pudimos tener tan cerca, estuvo mas disperso entre la gente, se tuvo que repartir entre los grupos. Esta vez, al ser menos le tuvimos más en exclusiva.

Puedo decir que Miguel es un profesional de estos eventos, tiene tablas, se nota que está habituado a hablar con cualquiera de una manera que pareciera le conoce de toda la vida. Para nosotros él lo es todo, muy conocido, pero sin embargo el trato es recíproco.

Hicimos una salida larga desde Cambrils, por montañas de Prades, Conca de Barcerá, Poblet, Ulldemolins, Morera Montsant, Escaladei, Riudoms y Cambrils. En total 175 kms y 3200 metros.

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Tras seis horas de marcha podemos decir que está muy en forma

A Indurain no lo aguanta cualquiera. Él pone el ritmo, le gusta estar delante, como cuando era ciclista y mover mucho desarrollo, con cadencia baja, al tran tran y ritmo fuerte.

De vuelta nos llevó él por el falso llano favorable en bajada desde Ruidoms, pero viento en contra y mucho calor. Se puso delante y nos llevaba a 45 por hora.

A pesar de rodar con 35 grados, él iba con una térmica bajo el maillot, soporta el calor muy bien nos dice. Qué suerte.

Para esta salida éramos un grupo reducido, unos ocho ciclistas y resultó una experiencia única. En la zona de la Mussara, en el Coll de les Llebres, el coche de asistencia se adelantó un poco. Marc -el conductor- preparó un poco de avituallamiento en la cima, antes de llegar nosotros. Allí había un grupo de cicloturistas.

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«¿Para quién preparas esto? ¿para nosotros?» Le bromearon…

Les respondió que venía Indurain y se rieron. Pero a los cinco minutos Indurain estaba ahí, con su casco blanco y Pinarello roja. Acabaron todos haciéndose una foto con él.

Miguel Indurain nunca tiene un no

En Prades pasó algo similar, pero con unos suizos.

Por el camino tienes la suerte de charlar de muchas cosas. Sobre ciclismo y territorio, entre otras. Le gustó mucho la tranquilidad de las carreteras, cómo estaban cuidadas, el destino es un buen sitio para practicar cicloturismo.

Al ritmo que fuimos, adelantamos varios grupos y a todos los saludaba. Muchos de ellos creo que ni fueron conscientes quién les estaba adelantando. Uno sí lo fue, subiendo hacia la Mussara, le adelantó y le saludó, cuando se percató, en plena marcha se sacó el móvil y le hizo unas fotos, sin una mala cara por su parte.

Para el Campus Melcior Mauri, Miguel Indurain estuvo tres noches. Vino él solo, con su furgoneta y bici impecable, incluso el día después la lluvia. Obviamente llevaba freno de zapata. “No hace falta frenar tanto si quieres ir rápido” nos dijo.

Por Jaume Rué, desde Cycling Costa Daurada

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El quinto Tour de Froome pudo ser el primero

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Shimano 2021 Junio

¿Qué habría pasado en el Tour de Wiggins si Froome no le hubiera esperado?

Anda la gente dándole vueltas a quién será el líder del Team Ineos en el Tour de Francia, que si Carapaz, que si Geraint, que qué pasa con Tao… muchas conjeturas, nos pone el morbo, y también algunos antecedentes para saber que el líder seguramente, no lo tengan claro ni ellos, que no siempre salen con un plan nítido y que la carretera acaba marcando el pasado, es decir nada que recuerde al Tour de 2012, en el que el liderato de Wiggns sobre Froome estuvo incluso por encima de lo que a veces vimos en la televisión.

Y es que como el sucedió a Miguel Indurain con el sexto Tour, ahora todos vemos que el de 1990 pudo haber sido su primera opción, ya sabéis a todo pasado…, también creemos que el quinto Tour de Froome pudo haber sido el primero que acabo en el podio, pero subyugado ea Wiggins.

El plan del entonces Team Sky era claro.

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En un trenecito, posiblemente uno de los primeros de la historia, «UK Postal» llegamos a llamarle, Chris Froome era el penúltimo en quemarse.

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Antes que él iban, recordaréis, Christian Knees, Mark Cavendish con el maillot irisado, Boasson Hagen, Michael Rogers y Richie Porte, antes que entrara en acción el dúo Froome-Wiggins, que acabó primero y segundo en la general.

De aquella alineación se cayó en las primeras etapas Siutsou. 

Ese equipazo rodeó a Bradley Wiggins en una edición en la que las cronos tuvieron una cuota casi inédita desde entonces.

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La parte más arriesgada de querer ganar con Wiggins a toda cosa era que en cualquier momento las costuras podrían quedar a la vista de todos.

El inglés en las subidas flojeaba con los cambios de ritmo y aquel Froome era una máquina de triturar rivales pared arriba.

Todo lo que no fuera subir a ritmo era matador para el inglés.

Nibali, el rival más cercano, tentó la suerte, pero lo cierto es que la pareja inglesa, rodeada de los australianos que iban antes, era muy complicada de abordar.

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Pero hubo dos momentos, un par de instantes, en los que Froome tuvo a Wiggins a su merced, sólo con tratar de contener a los rivales -Cadel Evans no anduvo en ningún momento como el año anterior- y marcar el ritmo veía como el maillot amarillo entraba en crisis.

Se produjo alguna escena que, vista desde la perspectiva de Wiggins, suena ofensiva, con Froome mirando todo el rato para atrás, como evidenciando que su compañero no daba más de sí.

No sé qué suerte hubiera corrido Froome en ese Tour, pues en las cronos Wiggins era dinamita, pero tampoco me extrañaría que Froome piense ahora en esos momentos y divague qué habría pasado si hubiera volado solo.

El ciclismo es una sucesión de trenes, Froome no estaba designado para ganar ese Tour, pero visto ahora, ese pudo haber sido su quinto Tour.

 

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El deshollinador que ganó el primer Tour

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Shimano 2021 Junio

Maurice Garin, el primer ganador del Tour, nos desvela una curiosa historia

El primer Tour, en su planteamiento inicial, no tuvo éxito por la falta de inscripciones, como si nadie se postulara a ser el ganador.

O nadie se viera ganador del primer Tour. 

Se tenía que celebrar en realidad en el mes de mayo. Los organizadores se vieron obligados a retrasar la competición un par de meses, dando más facilidades a los ciclistas para formular su participación y concediendo como atractivo, además, unas sustanciosas ventajas económicas. Se rebajaron incluso los derechos de inscripción de 20 a 10 francos, y, por otra parte, se aquilataron las dietas y premios de una manera más incentiva.

Se alinearon efectivamente en la línea de salida, emplazada en la misma París, 76 participantes, llegando a término tan sólo 21. La carrera finalizó a las afueras del suelo parisino, en la población Ville-d´Avray, dado que las autoridades no osaron a conceder el permiso correspondiente para que pudiera concluir en la misma capital francesa. Se cubrieron 2.428 kilómetros distribuidos en seis etapas, lo cual representaba una media por día del orden de 404 kilómetros, un dato ejemplar vivido en aquellos tiempos lejanos. De las seis etapas celebradas, aparte de vencer en la última jornada, fue ganador de la primera etapa, que concluía en Lyon, y en la quinta, con llegada a Nantes.

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Maurie Garin, con sus 32 años y luciendo sus amplios bigotes engomados, alcanzó gran popularidad en la ronda gala, que se adjudicó con tres horas de ventaja sobre su compatriota René Pothier. Lo curioso del caso es que Garin, considerado francés más que otra cosa, había nacido en territorio italiano, y más concretamente en el Valle de Aosta, en un pequeño pueblo denominado Arviers, un diminuto conglomerado de casas, que no figuraba ni siquiera en los mapas regionales. Su familia pasó muchas penalidades para subsistir.

Nada mejor, pues, que emigrar al país vecino: Francia, en donde le cupo el honor de ejercer los más variados oficios con el fin primordial de ganar unos dineros que le sirvieran de alivio para él y para los suyos, una prolífera familia. Probó los más variados oficios; a cuál más duro. Hizo de minero, de albañil y incluso de deshollinador antes de adentrarse o identificarse en el mundo del ciclismo.

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Henri Desgrange, el precursor y director de varias ediciones del Tour de Francia
Garin, antes de llegar a ser calificado como digno “gigante de la ruta”, se había distinguido por su perseverante espíritu luchador, muy regular en su pedaleo y poseedor de una admirable resistencia frente a los esfuerzos que le obligaban el ciclismo. No era un corredor de mucha envergadura. Su altura era de un metro con 63 centímetros y un peso de 61 kilos. Se le denominaba en su época comúnmente como el “pequeño deshollinador”, recordándole sus ingratos principios.

Luego, lo que son las cosas, resultaría que el Tour de Francia le abrió inesperadamente las puertas de la fama. Contribuyó también su carácter enormemente locuaz, y a la vez un tanto pintoresco y hasta excéntrico. Le gustaba llamar la atención ante el gran público y eso constituyó un aliciente que le dio enorme popularidad, aunque procediera en su origen de territorio italiano, toda una paradoja.

Maurice Garin se impuso en su primera edición registrando un promedio de nada menos 25,679 kilómetros a la hora, cifra meritoria si se tiene en cuenta que las bicicletas de entonces solían pesar del orden de diecisiete kilos o más. Pedaleaban los ciclistas provistos de piñón fijo, equipados con pesados neumáticos de 400 gramos de lastre. Se debían preparar y entrenar por sí solos sin ayuda de nadie. Hubo etapas que duraron como mínimo unas diecisiete horas.

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Toda una pesadilla con sufrimientos de toda índole. Se dice que Garin, al término de una dura jornada, devoró entera una pierna de cordero ante el asombro de las gentes allí presentes. Un hecho insólito. La primera etapa, sirva de ejemplo, se inició a la una de la madrugada bajo las luces mortecinas de los automóviles acompañantes…

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de http://www.welt.deINFO

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#PodcastJS Eugeni Berzin, ese gran olvidado

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Shimano 2021 Junio

Entre los ganadores del Giro, pocos se acuerdan de Eugeni Berzin

En la carrera loca que imponemos a los chavales más jóvenes, fruto de su calidad y de su rápida explosión, es bueno acordarse de algunos que, en la historia, estuvieron muy arriba, muy rápido y tan como llegaron se fueron, hablamos de Eugeni Berzin.

Para quienes tenemos una edad el ruso fue uno de esos fenómenos que se ven cada cierto tiempo.

Prometedor ciclista, su explosión en 1994, hace 27 años, fue de las que no se pueden olvidar.

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Eugeni Berzin empezó ese año con sensaciones muy diferentes a cómo lo concluyó

Empezó siendo uno más en la tremenda estructura que la Gewiss, la famosa Gewiss, montó para ese año.

En ese equipo empezó a destacar rápido Giorgio Furlan, ganador, entre oras cosas, en San Remo, pero rápido un rubio ruso empezaba a asomar por plazas de honor en carreras del prestigio de Tirreno, Itzulia o Criterium Internacional, una carrera de dos días, entonces muy apreciada.

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Era Eugeni Berzin y Nacho Silver, nuestra memoria más fiable de aquellos días, ha venido a recordárnoslo.

Tras ese inicio, Eugeni Berzin dio la campanada en la Lieja-Bastogne-Lieja, sacándole los colores a un coco aquellas fechas, Tony Rominger.

Días después la Flecha Valona que más ha dado que hablar en la historia.

Pero lo mejor estaba por llegar, una victoria en todo un Giro de Italia, el que pudo ser el tercero de Miguel Indurain.

Por que Eugeni Berzin fue el tercer vértice en la Flecha Valona de nuestras vidas, aquella del Mortirolo y Aprica.

 

Luego quedó ahí, todo se quedó ahí, hubo algún fogonazo, líder puntual del Tour, podio en el Giro del año siguiente, nunca más Eugeni Berzin volvió a ser aquella maravilla que explotó con 24 años, una edad que en esas épocas era muy temprana, como los 20 ó 21.

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El Miguel Indurain que va a marchas y eventos nunca tiene un no para nadie, va con pieza térmica incluso en verano, enfila los grupos y confía en las zapatas, pues los discos son para quienes frenan mucho

https://joanseguidor.com/campus-melcior-mauri-indurain/

"Egan necesita ganar, ser el nº1, afrontó el Giro con dudas pero cuando vio que podía ser suyo, no perdonó" @santiagoboter13

https://www.ivoox.com/santi-botero-8220-nairo-es-ciclista-del-pueblo-8221-audios-mp3_rf_71670880_1.html

#PodcastJS

Carapaz, Geraint, Porte, Tao???
Ineos los saca a jugar y la carretera proveerá
Si un equipo soluciona bien estos marrones es el mentado, lo arreglan todo en casa, sobre la macha y luego ponen buena cara....

https://joanseguidor.com/tour-de-francia-2021-lider-ineos/

"Juan Ayuso siempre tuvo las cosas claras, quería ser pro desde los quince años" @NachoSilvero1

https://www.ivoox.com/todo-juan-ayuso-mete-miedo-audios-mp3_rf_71450408_1.html

#PodcastJS con @Tuvalum

Le preguntamos a Santiago Botero por qué el Nairo sigue siendo el ojito derecho de la afición colombiana y es sencillo en su respuesta.
«Es el ciclista del pueblo»

https://joanseguidor.com/nairo-estrellas-colombia/

#PodcastJS

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