Mathieu Van der Poel
Que Van der Poel deje ya el ciclocross
La diferencia de Van der Poel con el resto deja seca la emoción del ciclocross
Cuando se anunció lluvia sobre el circuito del mundial de ciclocross, pensamos que el monólogo de Mathieu Van der Poel podría tener contestación.
Nos equivocamos.
Desde el segundo uno, marcando unas diferencias vuelta tras vuelta que eran puñales en la ilusión de unos rivales que desde ese mismo segundo sabían que la emoción estaba en los acompañantes del podio.
Como diría @alixeurosport ONE MAN SHOW#Dubendorf2020 pic.twitter.com/HXEfkyDufJ
— JoanSeguidor (@JoanSeguidor) February 2, 2020
Sabemos que, y muchas veces lo hemos dicho, que los mejores deben correr allá donde quieran por una mera cuestión de justicia deportiva y proyección, pero lo de Mathieu Van der Poel en este mundial ha sido abrumador.
Y la prueba definitiva de que este talento tiene que dejar el ciclocross un tiempo, al menos, por que eclipsa, mata cualquier expectativa y emoción.
Con un terreno denso, pateó mejor que nadie, rodó más rápido e incluso con todo decidido no dejó de abrir hueco.
Todos los portabicicletas de Cruz
El triunfo de Van der Poel en Suiza ha sido una de las exhibiciones más contundentes del ciclocross moderno
Un terreno pestoso y espeso que parecía idóneo para discutirle el dominio no fue obstáculo.
Ni siquiera el vago recuerdo de la legendaria carrera de Namur contra Toon Aerts, ni siquiera la progresión de Iserbyt, cuyo reventón ha sido histórico.
A ver qué sucede en el futuro con Tom Pidcock.
El día que Zdenek Stybar ganaba en San Juan. Van der Poel le igualó a mundiales.
Ese mismo día que empató con su némesis Wout Van Aert, de nuevo en la brecha y con opciones de crecer hasta la primavera.
Sólo él, y al 110%, podría tomarle la aspiración.
Mathieu Van der Poel abre machacando el año de su grand slam, el mismo que quizá le vea ser campeón del mundo de ciclocross y olímpico de BTT cuando no estrenarse en un monumento.
No queremos imaginar que el ciclocross acabe siendo olímpico.
Pero si al ciclocross le sobra este Van der Poel, a la carretera le hace falta que su esencia circule por el pelotón, algo de emoción e incertidumbre, a caballo de lo visto en Amstel y mundial en Yorkshire.
A eso se le llama duende.



