Ciclismo
¿Qué le pasa a Wout van Aert en A través de Flandes?

Entre caída y segundas plazas, Van Aert no encuentra amor en A Través de Flandes
Wout van Aert y su relación con A Través de Flandes empieza a cobrar un tinte casi esotérico, una suerte de maleficio que se despliega en el corazón mismo de la primavera flamenca.
Resulta curioso que un ciclista de su fuste haya prodigado tan poco sus apariciones en una cita que le pilla literalmente en la puerta de casa.
Hay que remontarse a los tiempos previos a la pandemia para encontrar una de sus incursiones, cuando un tal Yves Lampaert se alzaba con la victoria.
Es un ejercicio de nostalgia necesario observar dónde está hoy Lampaert, aquel nombre capital del ciclismo belga reciente, líder del Tour hace apenas cuatro años, que hoy deambula ajeno a las plazas de honor mientras el ciclismo vuela a una velocidad que parece haberle dejado atrás.
Sin embargo, para Van Aert, la carrera se ha convertido en un escenario de infortunios encadenados en el último trienio.
No es solo una cuestión de piernas, es una cuestión de destino.
Hace dos años, el asfalto dictó sentencia y una caída le borró del mapa, dejándole fuera de las clásicas, del Giro y de un Tour que le necesitaba.
El año pasado vivimos uno de los desenlaces más surrealistas que se recuerdan en el ciclismo moderno.
Van Aert se plantó en la resolución junto a sus escuderos Benoot y Jorgenson frente a Neilson Powless.
El escenario estaba diseñado para el lucimiento del belga, le prepararon el sprint con mimo de orfebre, pero el estadounidense acabó dándole un bofetón de realidad en la misma línea de meta.
Aquello provocó un cortocircuito interno, con un Jorgenson visiblemente molesto, siempre tan solícito para pedir su turno pero obligado a claudicar ante la jerarquía del equipo.
Este año la historia ha sumado un nuevo capítulo de frustración ante Filippo Ganna.
Remontado en el último suspiro, la herida de Van Aert en esta prueba se profundiza de forma alarmante.
Lo hace todo, lo hace bien, domina el lenguaje de la carrera, pero la gloria le es esquiva de una forma casi sistemática.
Pero ojo, no conviene enterrar las ambiciones antes de tiempo.
El año pasado esta misma carrera fue el prólogo de un Tour de Flandes donde las sensaciones fueron mejores de lo que el resultado final pudo sugerir.
Veremos qué sucede el domingo, porque en el ciclismo, como en la vida, el camino al infierno suele estar empedrado de buenas intenciones.