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Ciclismo antiguo

Mundiales de leyenda: El mundial que debió ganar Miguel Indurain

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en

Mundial 1993 Miguel Indurain JoanSeguidor
Shimano 2021 Junio

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En el Mundial de Oslo, Miguel Indurain era el más fuerte con diferencia pero se cruzó Lance Armstrong

Lance Armstrong en 1993 debería pesar sus buenos 80 kg, unos ocho o diez más de los que tenía, en plena forma, cuando dominó de forma tiránica durante siete años consecutivos -de manera fraudulenta- en el Tour de Francia de las ediciones entre 1999 y 2005.

Muchos jóvenes que lo descubrieron por aquel entonces, siendo el rey de la gran ronda gala, quizás hoy, si visionaran el video de aquella épica carrera, puede que no reconocieran a aquel descarado joven norteamericano que, en la penúltima vuelta de aquel mundial, atacara con decisión para convertirse en Campeón del Mundo con tan sólo 21 años.

Porque Lance, como ya le avisó Merckx, tenía que bajar de peso si algún día quería competir ascendiendo montañas en carreras de tres semanas, ya que en aquella época, más que un ciclista, parecía un defensa de fútbol americano de anchas espaldas y mucha masa muscular.

Pero el circuito mundialista de aquel 29 de agosto en Oslo le venía como anillo al dedo.

Él lo sabía.

Era un semidesconocido aquel día en la capital noruega, pero estaba convencido que si corría con cabeza (algo poco habitual en él, más acostumbrado a dar rienda suelta a su fogosidad atacando sin mesura en todas las carreras que participaba y en las que acababa desfondado) tendría opciones de ganar.

Era un impaciente, pero en aquel Campeonato del Mundo se mentalizó que debería esperar su oportunidad.

Allí tenía que enfrentarse a los mejores ciclistas del momento, entre ellos a Miguel Induráin, el gran favorito, aunque el circuito noruego no era lo suficientemente duro para el campeón navarro.

Además las estadísticas tampoco le eran favorables, ya que indicaban que ningún corredor con 21 años había alcanzado nunca el maillot Arco Iris.

Así se vino para Noruega, concentrado sólo en la victoria, y acompañado por su madre, que en todo momento cuidó de él hasta en el más mínimo detalle.

La lluvia en el Mundial de Oslo

Aquella jornada en Oslo amaneció lloviendo.

Lo hizo torrencialmente durante todo el día. Los ciclistas lo pasaron muy mal durante las siete horas de carrera, pero hubo alguien que quizás aún lo pasó peor: Linda Monneyham, la madre de Armstrong, que estuvo sentada en la grada sin moverse, contemplando empapada el paso de los corredores y viendo cómo muchos iban cayendo en aquel circuito de 18,5 km.

La calzada se había convertido en lo más parecido a una pista de hielo de patinaje.

Un circuito muy malo y peligroso.

Recuerdo incluso como el propio Perico, que corrió pero no acabó, criticaba con dureza a la organización.

Los ciclistas seguían desplomándose como moscas y salían despedidos hacia todas partes.

El propio Armstrong cayó dos veces, aunque pudo montarse de nuevo en su bicicleta y seguir compitiendo. Continuaba esperando su momento.

 

Faltando 14 vueltas estaba en el grupo de cabeza que comandaba Induráin junto a Museeuw, Fondriest, Riis o Tchmil.

Aunque para él la presencia del tricampeón del Tour era su mayor amenaza.

Allí, en el fondo de aquel grupo, supo permanecer escondido hasta aquella penúltima vuelta en la que decidió pasar al ataque.

Ahora o nunca, pensó.

Llegó con una ligera ventaja al ascenso del Ekeberg, la mayor dificultad de aquel recorrido.

Pero aún seguía sintiendo el aliento en su cogote de sus perseguidores.

Andaban muy cerca.

En ese momento volvió a pensar en lo de siempre, que quizás otra vez, otra maldita vez, había vuelto a atacar demasiado pronto, cometiendo el mismo error de nuevo.

Sin embargo en ese instante en el que estuvieron a punto de darle caza, se levantó sobre su sillín, apretó los dientes, demarró con fuerza, y aumentó ligeramente su ventaja.

En el descenso del Ekeberg le sobrevino el pánico.

Eran 4 kilómetros de carretera deslizante.

Podría caer de un momento a otro.

Era lo más fácil.

Al final pudo sortear aquellas curvas manteniéndose muy firme y con mucha fuerza.

Al llegar abajo se giró: ¡no venía nadie! No se lo podía creer. Iba a ganar. Nadie había saltado a por él. Puede que la vigilancia extrema a la que se sometieron por detrás hizo que lograra ese pequeño margen de tiempo.

 

Fue suficiente, porque quedaban tan sólo 700 metros para finalizar aquel infierno, y pudo celebrarlo, cerrando los puños, tirando besos y saludando a los aficionados.

Cruzaba la meta y lograba levantar los brazos en solitario.

La primera en ir a su encuentro fue su madre.

Y allí se quedaron los dos, abrazados bajo la lluvia y calados hasta los huesos, echándose ambos a llorar.

No había mucho tiempo para más. El rey Harald de Noruega le esperaba. Quería conocerlo.

El sprint de plata de Miguel Indurain

Por detrás, a tan sólo 19 segundos del texano, Induráin, gran sorpresa para todos, conseguía batir al sprint a auténticos especialistas como Olaf Ludwig y Johan Museuuw: plata, bronce y chocolate, respectivamente.

Por muy poco se había quedado de conseguir ganar la Triple Corona: Giro, Tour y Mundial en un mismo año.

No pudo ser.

Luego supimos que, a pesar de aquella medalla de plata lograda con todo merecimiento, Induráin estuvo a punto de abandonar a mitad de carrera.

Él mismo confesó no encontrarse bien ante aquellos adversos elementos como el frío y la lluvia, pero pudo rehacerse y acabar de la mejor manera posible.

Soy globero, ¿y qué? porque mis salidas eran a cuchillo con las pulsaciones desbocadas, llevando las fuerzas al límite.

El maillot Arco Iris se le volvía a resistir, como el año anterior en Benidorm (6º) o el bronce de Stuttgart del 91.

En ambas ocasiones el mismo ganador, el mismo campeón mundial: un imperial Gianni Bugno.

Estaba claro que aquel maillot arco iris no descansaría hasta que no fuera a parar a la espalda de Miguel.

Texto: Jordi Escrihuela

 

 

 

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Ciclismo antiguo

Mis cinco mundiales de ciclismo de cabecera

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en

Mundial Colombia JoansEGUIDOR
Shimano 2021 Junio

Ahí van cinco mundiales de ciclismo que nunca olvidaré

Cuando el mundial de ciclismo asoma por el horizonte, la cuenta atrás pasa lenta tediosa, como el devenir de las vueltas que quedan para finalizar hasta llegar a uno de los momentos top del año, el último giro del Mundial.

Nosotros echando memoria, tenemos una lista muy subjetiva y particular de los mundiales de ciclismo que urdieron el cariño que le tenemos a la carrera más singular y bonita del año.

Viajamos a cinco ediciones de las últimas 33 celebradas, que son de las que tenemos recuerdo y noción, la primera aquel sprint antológico en el que Lemond dio, una vez más, cuenta de Kelly, el irlandés que como Jalabert nunca fue campeón del mundo, a pesar de merecerlo como el que más.

Etape – granada Sept 2021
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Para un servidor el mundial de mundiales de ciclismo siempre será Florencia 2013.   

Aquello fue un atracón de emociones, una vuelta final antológica en la ciudad más bella del planeta en el día más pestoso de lluvia y frío de aquel año.

Los movimientos de cabeza, los ataques de Purito -haber hablado con él largo y tendido de aquella resolución-, la «valverdada» del siglo, el tesón de Nibali, milagrosamente rescatado de un percance en las vueltas anteriores, y la inteligencia suprema de Rui Costa, sacando petróleo a la forma más especuladora de competir, fueron un cuadro magnífico que se pintó en la cuna del renacimiento, el mismo sitio en el que días antes Martin-Cancellara-Wiggins habían firmado un duelo a tres antológico.

Otro mundial pasado por agua, que recuerdo finamente fue el de 1998, en la ciudad privilegiada por el ciclismo, Valkenburg. 

En los confines del Limburgo Oskar Camenzind se encargó que monstruos como Lance Armstrong o Michele Bartoli se quedaran con las ganas de probar ese oro.

Para el italiano nunca fue posible, sin embargo el americano ya había sido arcoíris cinco años antes en Oslo, en un título que, con todo lo que le han limado del palmarés, ahora mismo no estoy seguro que siga en su vitrina.

En todo caso, el suizo sacó brillo en medio de la tormenta, firmando uno de los desenlaces más sorpresivos que recuerdo.

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Si nos vamos más lejos en el tiempo de los mundiales de ciclismo, recuerdo el de Sicilia, año 1994, en un paraje, el Valle de los Templos que el Giro ha frecuentado varias veces.

Ese pudo ser un mundial para Indurain, metido entonces en batir el récord de la hora, pero fue el de Luc Leblanc, un corredor que el tiempo no le ha dejado muy bien, con muchos detractores en la cuneta.

Sin embargo, aquel día corrió de diez, en una carrera en la que Italia, corriendo en casa, hizo honor a la fama que la precede en estas pruebas, con Chiapucchi como punta de lanza y el calvo Ghirotto como última defensa ante la gran estrategia francesa que metió al «pestoso» Virenque en el podio.

Al año siguiente, vino el mundial de nuestras vidas, el que casi treinta años después sigue generando polémica, el de Olano e Indurain.

Ya sabéis cómo acabó aquello, también nuestra opinión, que Olano es oro de ley, todo lo demás son ganas de enredar.

Mads Pedersen Yorkshire JoanSeguidor

Y el último que traemos es muy reciente, el de hace dos años, en el diluvio de una tierra volcada al ciclismo, Yorkshire, un sitio con mil defectos para sacarle partido a la bicicleta pero que le da un plus en la experiencia ciclista, desbordando pasión y gente por cada recodo del camino.

Ganó Mads Pedersen en una carrera que le define perfectamente, es resistente, listo y sobretodo muy rápido al final, cuando los sprints no son los normales en otras circunstancias, pues llegan con 260 kilómetros en las piernas.

No me extrañaría que en Flandes, Pedersen pudiera ser el nombre propio de estos Mundiales de ciclismo que celebran el centenario.

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Ciclismo antiguo

Vuelta España: mis cinco mejores etapas

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en

Shimano 2021 Junio

De Rominger a Contador, los cinco mejores etapas que he visto en la Vuelta

En la elección de mis cinco mejores etapas en la Vuelta a España, esto es como todo, han jugado el recuerdo, la imaginación y los sentimientos.

Un servidor ha escogido cinco, entre las que recuerda y ha visto, y todas tienen una cosa en común, ciclismo, ciclismo en mayúsculas, de largo radio casi siempre, de horas pegado al televisor, como el otro día con Roglic y Bernal, camino de los Lagos, una etapa que por cierto podría desplazar a cualquiera de las que hemos elegido.

Ahí va nuestra selección…

Empezamos con un clásico de los tiempos, Vuelta de 1993, la penúltima en abril

Aquellas carreras eran una ruleta, a una participación internacional siempre justita, se le añadía la meteorología «primaveral».

La etapa de El Naranco se presentaba como una de las últimas oportunidades para que Tony Rominger aumentara su colchón de segundos sobre Alex Zulle, antes la crono final en Santiago de Compostela, pues aquella fue la Vuelta del Xacobeo 93, el invento de Fraga.

En el recorrido el suizo, dorsal uno a la espalda, tenía un punto clave, el descenso de la Cobertoria.

Pactó con Iñaki Gastón, uno de los ciclistas de nuestra infancia, asumir riesgos con la lluvia remojando el firme y poner a Zulle, superior en las cronos, en un brete bajando.

Y pasó, Zulle se cayó y aunque pudo continuar, perdió un tiempo que, como veríamos en la crono santiaguesa, fue clave.

La persecución que se estableció entre Rominger y el resto fue una de las grandes antologías de mi niñez ciclista, un día de esos que por mucho que pase el tiempo, casi treinta años, no se queda en el olvido.

Etape – granada Sept 2021
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Nos vamos unos años más adelante y recordamos el día que la Vuelta abordó por primera vez el Angliru

Año 1999, una carrera apretada de grandes nombres pujando por ella.

Otra vez Asturias y otra vez el diluvio: el Angliru tomaba tanto protagonismo como los mismos corredores, un puerto que fue portada de diarios por sus porcentajes brutales.

El desenlace del Chaba, rebasando al final a Tonkov, está rodeado de tanta confusión como la nieblina que cubría la cima, sin embargo, quienes tenemos cierta memoria, recordamos pocos días en los que el ciclismo hubiera estado tan presente en todos los lados, en un tiempo en el que la popularidad de este deporte no era la mejor, veníamos del Tour del 98 y Lance Armstrong acababa de iniciar un reinado hoy borrado de los libros de historia.

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En linea cronológica pegamos un buen salto para irnos a la Vuelta de 2012

Tras varias llegadas en cuestas de cabras, la carrera afrontaba la jornada de Fuente De con la sensación de que lo gordo había pasado.

Nada más lejos de la realidad, el líder Purito vio cómo en el encadenado de puertos de segunda, Contador le lanza varios ataques que responde con solvencia.

Son tantos los acelerones del madrileño que Purito le deja ir en uno de ellos para dar forma a una de las grandes etapas de siempre en la Vuelta.

El error de Purito es tangible, Contador tiene compañeros por delante y aliados como Tiralongo con los que abre camino para lograr, en la jornada menos decisiva sobre el papel una victoria total, etapa más sentencia de una Vuelta que parecía tener dueño.

A los tres años, la Sierra de Guadarrama vio como Fabio Aru remontaba la antológica crono de Burgos de Tom Dumoulin en una etapa de esas que enamora en todo, por delante una fuga única de Rubén Plaza y por detrás Astana disponiendo sus mejores galas para cortar a Dumoulin, completamente aislado.

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Y como muesca final para demostrar que las mejores etapas que hemos visto en la Vuelta no han sido las de las cuestas imposibles, el final de Formigal en 2016

Aquello fue un homenaje al gran Fuente en el mismo sitio que perpetró una de sus mejores obras.

Un Team Sky, inexplicablemente relajado en la salida, no se percata que Alberto Contador arma una escapada en la que se mete el propio Nairo Quintana, el gran rival de Froome.

En una jornada excelsa de ciclismo, con un tipo llamado Jonathan Castroviejo, entre otros, haciendo otro monumento al esfuerzo, Nairo le mete a Froome el tiempo suficiente para que el inglés ni siquiera sueñe en remontarle con su estratosférica crono unos días después.

Estas son las cinco nuestras, que serían seis con la obra de arte de Roglic & Bernal en los Lagos, ahora pensad en las vuestras…

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Ciclismo antiguo

Las primeras Vueltas en los Lagos de Covadonga

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en

Shimano 2021 Junio

En los Lagos de Covadonga el ciclismo se vestía de gala

Aseguraban desde la moto, Emilio Tamargo en concreto, aquella tarde de abril de 1985, que algunos colombianos ponían una corona de 22 para subir a los Lagos de Covadonga.

Era el tramo más duro de aquella etapa con final en los Lagos, en la Vuelta del 85.

Robert Millar, de quien bromeaba Angel María De Pablos, con música de fondo, que iba bien «especialmente por el whisky», hizo un derroche en aquella subida que llevaba primero a Ercina, luego a Enol.

Millar, que con el tiempo sería Philippa York, apuraba aquellas rampas imposibles de Covadonga, imposibles para la época.

Un 15% entonces era el 22% de ahora.

Aquella subida a los Lagos de Covadonga era silvestre, salvaje, con los primeros hervores de la primavera, un sol que no siempre fue tan generoso hacia la cima la asturiana, y de lana y acero.

La gente del ciclismo somos curiosos: vemos hoy aquella subida, hace ya 35 años a los Lagos, y decimos aquello sí que era ciclismo.

Con una pléyade de nombres, Álvaro Pino, Raimund Dietzen, Fabio Parra, Peio Ruiz Cabestany, Perico Delgado, Pedro Muñoz… que eran mitos en vida, adorados en las llegadas y salidas de media España, aquel ciclismo posiblemente sería peor que el actual, pero sí que estaba más interiorizado entre la gente,

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Bahamontes se lamentaba que hubieran tantos juntos, tan cerca de meta, él tan racial, tan de romperlo todo cuando se terciaba.

«Hay que hacer hueco en las rampas duras» repetía Bahamontes, con Jesús Álvarez desde el estudio.

Y sí, vemos aquellas imágenes y nos entra nostalgia, esa carretera que dudo no tuviera boñigas de vaca entre los socavones del frío y el invierno, esos maillots, esas retransmisiones sin conocer el recorrido, como las actuales, en las que el periodista de meta, Alberto Barcia se picaba por que había compañeros muy agresivos para conseguir las palabras del ganador.

Pero ya entonces recuerdo, lo mucho que nos gustaría saber sobre los ciclistas, su vida menos pública, sus entrenamientos, los lugares por donde competían, tener 24 horas de ciclismo, como puede suceder hoy en día.

Entonces queríamos lo de hoy, hoy queremos lo de entonces, somos así, inconformistas, nunca es suficiente, y si nos permitís viajaremos a la primera vez que los Lagos de Covadonga iluminaron la televisión y la historia de la Vuelta.

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Recuerdo perfectamente aquel día de primavera del año 1983.

Por primera vez la Vuelta se retransmitía en directo por TVE.

La expectación era enorme.

Nadie conocía aquella subida que iban a afrontar los corredores.

Decían que era muy dura.

Y muy bella.

No decepcionó a nadie.

Aquella tarde pegado a la pantalla de televisión asistí al nacimiento de una estrella en la montaña asturiana de los Picos de Europa: los Lagos de Covadonga, y también por extensión al ganador de aquella épica jornada: Marino Lejarreta, que dio toda una exhibición en sus espectaculares rampas batiendo en los porcentajes más duros al mismísimo Hinault.

Desde entonces la leyenda de los Lagos creció a pasos agigantados y ganar en su cima daba prestigio y se convirtió en toda una hazaña para todos los que alzaban sus brazos junto al lago Ercina.

Por recordar algunos pocos, y épicos nombres, me vienen a la memoria ciclistas como Perico, Millar, Lucho o Pino. Vencer allí arriba, a 1070 metros de altitud, no era fácil en los años 80 que tenían que mover desarrollos mucho más duros que los de hoy en día para superar muros como la Huesera o el Mirador de la Reina que por aquel entonces, muy lejos aún de los descubrimientos de Mortirolo, Angliru o Zoncolan, eran paradigmas de dureza extrema ya que no se conocían los exagerados porcentajes que actualmente sufren los corredores.

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Ascender los Lagos en aquella época era el sueño dorado de muchos iniciados al cicloturismo que, como yo, veíamos en fotos las imágenes de aquella espectacular ascensión. En mi caso fue una que debí ver en alguna de las muchas revistas que tenía por ahí amontonadas.

En la imagen tres cicloturistas, de espaldas y sobre las monturas de sus bicis, contemplando el hermoso lago de Enol.

El de en medio apoyado en sus dos compañeros, manteniendo el equilibrio.

No se les veían las caras, pero era fácil imaginarlas.

Una estampa preciosa.

Esta fue mi primera visión onírico-cicloturista que resumía a la perfección los valores que buscaba en este deporte: amistad, satisfacción, naturaleza y esfuerzo, el que suponía llegar en bici hasta la orilla de los lagos, y me dije: “yo quiero estar ahí”.

No tardé en cumplir aquel deseo junto a otros tres amigos y recuerdo, una vez superadas sus cuestas más duras, descender un corto pero duro repecho que nos mostraba, allá abajo a la derecha, en medio del verde asturiano, el anhelado lago.

¡Ya me encontraba allí! Pero para coronar la mítica montaña teníamos que llegar hasta arriba.

No pudimos ver bien el lago de la Ercina ya que una espesa niebla nos lo impedía.

Dimos media vuelta y la foto de rigor nos la hicimos donde años antes soñaba con estar.

Un paraje venerado por muchos asturianos que año tras año han puesto el nombre de Enol a sus hijos.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de www.eyeonspain.com

 

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Ciclismo antiguo

Lo de Rominger y la Vuelta fue un win-win

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en

Shimano 2021 Junio

Las comparaciones de Roglic con Rominger en la Vuelta están justificadas

Cuando pones «Tony Rominger Vuelta» en Google, el buscador te sugiere Primoz Roglic y no es pos casualidad.

Desde hace algún tiempo, escucho y leo cada vez más opiniones que hablan de dos ciclistazos que comparten muchas cosas, además de un evidente amor por la Vuelta ciclista a España.

Con Rominger y Roglic tenemos hasta la fecha una reivindicación de grandes ciclistas de siempre, con un palmarés espectacular que no necesitaron de ganar el Tour para estar en corazón del buen aficionado.

A media carrera de acabar la Vuelta 2021, Roglic va a por la tercera, lo que le equipararía a Rominger.

Etape – granada Sept 2021
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El esloveno, como el suizo, ha encontrado en la grande española su teatro natural de operaciones, una carrera amiga con la que ambas partes salen ganando.

Es un win-win, una simbiosis perfecta, la carrera incrementa prestigio con ellos en el palmarés, y ellos engrosan el suyo en una gran vuelta.

En el caso de Tony Rominger, hay que decir que la Vuelta encontró una mano amiga que le fue muy útil.

Hasta inicios de los noventa, no fueron muchas las estrellas extrajeras que hacían parada obligatoria en España para ganar la Vuelta, como mucho Bernard Hinault, que se desgració la rodilla en aquella del 83, y posteriormente Kelly y Herrera.

Las estrellas mayores se identificaban más con el Giro, para competirlo o simplemente calentar para el Tour.

Rominger fue otra cosa para la Vuelta.

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Su fichaje por el equipo que caía bien a todos, el Clas Cajastur, fue un pelotazo de cuyos pormenores no estamos enterados, pero que darían para un serial, pues explicarían cómo uno de los mejores ciclistas del mundo deja las huestes de lo que sería ese año el Gatorade y se entrega a un equipo con sede en Asturias de tamaño medio-alto, pero para nada top mundial.

El fichaje de Rominger por Clas le centraba, claro está, en la Vuelta, como primer y gran objetivo de la campaña.

Luego si eso… el Tour.

Y lo hizo bien, ya lo creo que lo hizo bien.

Tony Rominger llevó el nombre de Clas hasta lo más alto de la Vuelta tres veces seguidas.

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Las Vueltas de Rominger fueron, curiosamente, las últimas de abril…

Su dominio fue de menos a más.

Si a la edición de 1992 aterrizó a ver qué pasaba, la última que ganó, la de dos años después no dio ni opción ni respiro a los rivales.

En 1992, Tony Rominger lideró la conquista astur de la Vuelta con una carrera cuyo éxito basó en terreno que en teoría le era hostil, la etapa de Luz Ardiden, entre la niebla, antes de remontar en los Lagos para contener la diferencia de Perico.

En la crono definitiva, daría cuenta del amarillo de Jesús Montoya para auparse en el podio de la carrera en el año olímpico.

La siguiente edición sería extraordinaria en el mano a mano con Alex Zulle.

El de la ONCE llevó toda la carrera, literalmente a Rominger, hasta que en un mal paso en el Naranco, Zulle se fue al suelo por los riesgos que tomó Rominger en el descenso de la Cobertoria.

Qué día aquel en el Naranco, qué cabreo de Manolo Saiz viendo cómo la afición llevaba en volandas al suizo de su equipo.

Un día de curiosa unión de una zona en concreto con un equipo ciclista.

La última Vuelta de Rominger fue un castigo.

Para ser breves: líder de inicio a fin, seis etapas y un podio decidido por siete y nueve minutos sobre Mikel Zarrabeitia y Perico Delgado, respectivamente.

Casi treinta años después, aún recordamos aquellas carreras, ediciones que cambiaron el paso de la Vuelta y que nos puso a Rominger en el corazón de muchos, tal y como sucede hoy con el amigo Roglic, el corredor que ha hecho de España su baza segura.

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TWITTER

Quienes pensaban que Alpecin-Fenix iba a ser Van der Poel y cia han errado el tiro.
El equipo, sin ser un World Tour, ha sido la bomba de la temporada, la otra manda de lobos, una máquina de ganar que compite con las grandes estructuras.

https://joanseguidor.com/alpecin-fenix-hay-otra-manada-en-el-peloton/

Hasta del nene meando que hay detrás de la Grande Place habla esta gente de @ACDPeloton
Gran programa y esperando los siguientes

https://www.ivoox.com/mundial-acdp-ya-estamos-aqui-repaso-a-audios-mp3_rf_75837584_1.html

Así se retira un grande del ciclismo, desde el podio, a lomos del arcoíris, con los tuyos, escuchando tu himno... recordar a Tony Martin como uno de los grandes croners que jamás hemos visto.

Foto tomada de @Ciclismoafondo_

https://joanseguidor.com/tony-martin-ciclista-retirada/

#Flanders2021

La quinta edición de la Ciclobrava es un vergel de ciclismo tranquilo por las rutas que van de Girona al corazón de la Costa Brava dentro de la @SeaOtterEurope

https://joanseguidor.com/sea-otter-europe-ciclobrava-2021/

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