Opinión ciclista
Mundial de Innsbruck: Rohan Dennis no tuvo duelo
En el Mundial de Innsbruck, Rohan Dennis ya tiene su nombre escrito en letras doradas
Hay mundiales de contrarreloj en los que no echas nadie en falta y este Mundial de Innsbruck es uno de esos.
Mirando atrás recordamos el duelo a tres Martin-Wiggins-Cancellara en Florencia, o el de Zulle-Boardman-Rominger en Lugano, o el Wiggo-Martin-Dumoulin de Ponferrada.
Si acaso extrañamos a alguien en el Mundial de Innsbruck fue a Primoz Roglic, pero con muchas reservas.
Porque dudamos que el mejor esloveno haya podido con el Rohan Dennis que voló por el valle hacia Innsbruck.

Dennis, el testigo de Michael Rogers
Ganador de cronos en las tres grandes, líder alguna vez en todas, Rohan Dennis nunca había subido al podio de crono.
El Mundial de Innsbruck cobró con justicia la presa que perseguía Rohan Dennis.
El australiano firmó la jornada perfecta, fue el mejor en todo, pedaleó redondo desde el principio.
Eso fue llano.
Porque en la subida había una abismo entre el australiano y el resto.
Recto, vertical, tremendo, voraz, no vaciló ni en el tramo que en teoría le iba peor.
Sacó tiempo donde debía, fue el mejor en cada tramo.
Y logró la inédita hazaña, en este ciclismo de cronos cada vez más cortas, de doblar dos ciclistas: Castroviejo y Kiryienka.
Para Rohan Dennis valieron muchos factores.
Pero en especial el de llevar la Vuelta en las piernas, una vuelta de tuerca de cansancio, pero de forma excepcional.
Dennis está en ese punto y quizá se haya dado cuenta de que aquí, en cronos, está su terreno, y que los experimentos de las grandes vueltas, quizá puedan esperar.
Porque en la alquimia del corredor, primar ciertas cosas van en perjuicio de otras.
Si eres un tío de tres semanas, es complicado rodar como Dennis lo hizo en el Mundial de Innsbruck.
Pero si haces al revés, pierdes punch.
No si ello, el subir como lo hizo en el Tour ha pesado en Jonathan Castroviejo, pero el vizcaíno parece un paso por detrás de aquel que puso en apuros a Froome en Río de Janeiro.
Porque la contrarreloj es eso, belleza del esfuerzo en solitario que entiende de hombres, no de nombres.
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Tom Dumoulin alargó lo que no tenía por donde alargar, y Dennis le ganó por la mano.
En su duelo particular, en el Cancellara-Martin 2.0, el australiano le empata al neerlandés.
Si los dos están a tope, no pondría la mano en fuego por ninguno.
Pero hoy había un tío por encima de todos, y a Dumoulin le salvó menos de un segundo para salvar la plata en el especialista en finales apretados, Victor Campenaerts, quien se dobla como pocos sobre la bicicleta.
Duele las lumbares de verlo, aunque más los cuadríceps cuando Rohan Dennis despliega tanto talento sobre el tablero.



