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Ciclismo antiguo

Miguel Indurain & Joan Llaneras, ciclistas y olímpicos por excelencia

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

Con la disputa de la contrarreloj de los Juegos Olímpicos, el ciclismo de carretera da por concluidos sus concursos en Londres 2012 y lo hace un día antes de que arranque la competición en el velódromo. Los JJOO le han dado dos oros a ciclismo español. El último recordemos de Samuel Sánchez al cobijo de la Gran Muralla pequinesa y el primero doce años antes con Miguel Indurain en la carrera individual de Atlanta. Ese fue un hecho que hizo de nuestro mejor ciclista de siempre garante de la trayectoria olímpica más notable de nuestro deporte pues compitió en dos ediciones separadas por doce años. En cuestión de medallas, nadie como Joan Llaneras, quien paradójicamente en estos Juegos no optaría a renovar preseas.

Queremos recuperar esta previa a la cita de Pequín que un servidor publicó en Ciclismo en Ruta donde pudimos dar cuenta de las participaciones españolas en los Juegos Olímpicos, algunas muy sonoras como aquella de Jaime Huélamo y su positivo en Múnich 72. Por el consiguiente lapso temporal del artículo, escrito en los albores de Pequín 2008, se omiten los oros de Samuel en fondo y Joan Llaneras en puntuación, la plata del propio Llaneras junto a Toni Tauler en americana y el bronce de Leire Olaberria de puntuación.
Paradójicamente, Miguel Indurain es el corredor de fondo con mayor bagaje olímpico. Se inició siendo un desconocido viviendo las mieles olímpicas en el ocaso de su carrera. Dos ciudades norteamericanas marcan además este periodo. En 1984 formó parte del combinado que tomó parte en Los Ángeles. Con él participaron el antiguo seleccionado nacional, Paco Antequera, de hecho el único en acabar, fue vigésimo tercero, el velocista Manuel Jorge Domínguez y José Salvador Sanchís. Doce años después y tres olimpiadas más tarde, Indurain volvió, ahora en Atlanta, a tomar parte en unos juegos. Lo hacía decidiendo su suerte poco antes de celebrarse. Acababa de ceder el que debiera haber sido su sexto Tour a Rijs y su rendimiento no brindaba garantías.
Sin embargo, fue en Atlanta donde Miguel Indurain culminó su última gran obra. Fue campeón de contrarreloj por delante de Abraham Olano, con el británico Boardman en tercera posición. La primera crono olímpica tuvo nada menos que al cinco veces ganador del Tour en primera posición.
En la prueba de ruta de Atlanta el desenlace no fue tan oportuno para los intereses españoles. Triunfó el corte formado por Pascal Richard, Rolf Sorensen y Max Sciandri. La delegación española careció de olfato. Melchor Mauri, sexto, fue el mejor de los nuestros. Para entonces, como ahora, la carrera olímpica de fondo era una moneda al aire. Sólo cinco corredores seleccionados por país hacían de ésta una competición ajena, en muchas ocasiones, a toda lógica. Indurain quiso tener a Marino Alonso, pero él sólo no bastó para contener la prueba. Los otros dos participantes fueron los vigentes campeones del mundo y de España, Abraham Olano y Manuel Fernández Ginés.

Como Indurain, Joan Llaneras ha sido el único campeón olímpico que ha arrojado el ciclismo español. El mallorquín se colgó el oro en Sydney en su mejor especialidad, la puntuación. Ese año fue también campeón de mundo en Manchester. De hecho, en el mallorquín encontramos una trayectoria que va más allá de ese oro, por que en Atenas se colgó la plata, también a los puntos, mientras que fue diploma, sexto al final en Atlanta, donde formó parte también de la cuarteta de presesión que finalizó quinta. En el capítulo del fondo español destacar la extraordinaria cosecha de Atenas con dos medallas de bronce en ambas persecuciones, en la individual con Sergi Escobar y en la colectiva con Carles Torrent, Asier Maeztu, Carlos Castaño y de nuevo Escobar.
La velocidad por su parte tiene su cenit en una calurosa noche de julio en el velódromo de Barcelona. Sobre los peraltados de madera del Camerún, la ciudad condal vivía con especial efervescencia la medalla de oro de José Manuel Moreno en el kilómetro, la primera de los anfitriones en esos juegos. Nacido en Ámsterdam e hijo de inmigrantes, Moreno radicó su vida en Chiclana de la Frontera. En Barcelona logró su mayor hito, pero no el único, puesto que un año antes fue campeón del mundo en Sttutgart. Estuvo en tres olimpiadas. En Seúl compitió en velocidad, siendo octavo, en Atlanta, también en velocidad cayó en octavos de final. Allí debutó en el kilómetro José Antonio Escuredo, lejos de los mejores, decimotercero. El catalán quemó otros juegos, los De Sydney, para finamente auparse hasta el podio, ya en Atenas, siendo subcampeón olímpico de keirin.
De Momeñe a Huélamo
Varios ciclistas olímpicos merecen un alto en el camino para ser recordados. El mejor español en la prueba de fondo de Roma 1960 fue José Antonio Momeñe. Vizcaíno de origen, éste fue uno de los desconocidos más ilustres de nuestro ciclismo puesto que en su haber tenemos toda una cuarta plaza en el Tour de 1964, el que ganó Aimar. Pequeño escalador, fino y muy regular, Momeñe fue 16º en la olimpiada romana. Le acompañaron otros como Ignacio Astigarraga y Ramón Sáez, bronce en el Mundial de 1967 y vencedor en varias etapas de la Vuelta. Cuatro años después, en Tokio llegó la quinta plaza de José López. Leonés de la hermosa provincia de Laciana, conocido en el pelotón como “pancho” acuñó el mejor resultado de un corredor español en la prueba de fondo de unos juegos. Fue ese año el de la entrada de la familia Lasa en la historia olímpica. Primero con José Manuel y cuatro años más tarde con Miguel Mari, quien acompañado por Gómez Lucas, González Linares y Jiménez firmó una discreta undécima plaza en la crono por equipos siendo el grupo español el vigente ganador del Gran Prix de Belgique, gran referencia en test cronometrados por equipos de la época.
El ciclismo español pudo haber tenido un podio olímpico de fondo gracias a Jaime Huélamo de no ser por su positivo en Munich 72. El conquense finalizó tercero una prueba que ganó Kuiper. Poco después se supo de su positivo por coralina, sustancia prohibida por el COI pero no por la UCI. De tales lagunas legales salió beneficiado el neozelandés Bruce Biddle, bronce a todos los efectos. Profesional un año después, Huélamo dejaría el ciclismo a los tres años de ser profesional. Otra plaza de mérito fue la lograda por el madrileño Bernardo Alfonsel quien entró décimo en Montreal 76.
En Barcelona 92 la selección española estuvo compuesta por Ángel Edo, Kiko García y Eleuterio Mancebo. El mejor fue Edo, decimoquinto. En la crono por equipos de 100 kilómetros el grupo español finalizó quinto.
A pesar de lo lejanos de esos tiempos, y de las excelentes perspectivas que ofrece el pelotón español en la actualidad cuando hablamos de pruebas de un día, se sigue sin celebrar el oro olímpico en el fondo. En Sydney Oscar Freire, quien llegaba como vigente campeón del mundo, no pudo pasar del 17º puesto. Ese día, tres corredores del mismo equipo, Ullrich, Vinokourov y Kloden anduvieron varios puntos por encima del resto. En la crono australiana Olano se quedó cuarto y por tanto a un paso de rep
etir podio. Por delante tuvo a Ekimov, Ullrich y Armstrong. Ya en Atenas, las colinas de Partenón fueron testigo de la exhibición de Paolo Bettino, con Sergio Paulino soldado a su rueda, y de la desgracia del combinado español. A pesar de contar de nuevo con el titular del mundial, Igor Astarloa, rodeado de Alejandro Valverde y Oscar Freire, nuestras opciones cayeron en picado al ritmo que marcaban las caídas y desplomes.
Otro personaje de amplio recorrido olímpico ha sido Joane Somarriba. La mejor corredora de la historia del ciclismo español debutó en Atlanta con una discreta 21ª plaza en el fondo pero un prometedor resultado en la crono: 13ª. Consumidos cuatro años alcanzó su mejor registro en la crono, quinta. Su presencia en Atenas se salda con doble séptima plaza.
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

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0 Comments

  1. C.S.DelAlamo

    1 de agosto, 2012 En 21:13

    Habia echado de menos que no mentases a Abraham Olano en ninguno de tus post, buenisima información sobre los ciclistas españoles en las olimpiadas.

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Ciclismo antiguo

Vuelta España: mis cinco mejores etapas

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

De Rominger a Contador, los cinco mejores etapas que he visto en la Vuelta

En la elección de mis cinco mejores etapas en la Vuelta a España, esto es como todo, han jugado el recuerdo, la imaginación y los sentimientos.

Un servidor ha escogido cinco, entre las que recuerda y ha visto, y todas tienen una cosa en común, ciclismo, ciclismo en mayúsculas, de largo radio casi siempre, de horas pegado al televisor, como el otro día con Roglic y Bernal, camino de los Lagos, una etapa que por cierto podría desplazar a cualquiera de las que hemos elegido.

Ahí va nuestra selección…

Empezamos con un clásico de los tiempos, Vuelta de 1993, la penúltima en abril

Aquellas carreras eran una ruleta, a una participación internacional siempre justita, se le añadía la meteorología «primaveral».

La etapa de El Naranco se presentaba como una de las últimas oportunidades para que Tony Rominger aumentara su colchón de segundos sobre Alex Zulle, antes la crono final en Santiago de Compostela, pues aquella fue la Vuelta del Xacobeo 93, el invento de Fraga.

En el recorrido el suizo, dorsal uno a la espalda, tenía un punto clave, el descenso de la Cobertoria.

Pactó con Iñaki Gastón, uno de los ciclistas de nuestra infancia, asumir riesgos con la lluvia remojando el firme y poner a Zulle, superior en las cronos, en un brete bajando.

Y pasó, Zulle se cayó y aunque pudo continuar, perdió un tiempo que, como veríamos en la crono santiaguesa, fue clave.

La persecución que se estableció entre Rominger y el resto fue una de las grandes antologías de mi niñez ciclista, un día de esos que por mucho que pase el tiempo, casi treinta años, no se queda en el olvido.

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Nos vamos unos años más adelante y recordamos el día que la Vuelta abordó por primera vez el Angliru

Año 1999, una carrera apretada de grandes nombres pujando por ella.

Otra vez Asturias y otra vez el diluvio: el Angliru tomaba tanto protagonismo como los mismos corredores, un puerto que fue portada de diarios por sus porcentajes brutales.

El desenlace del Chaba, rebasando al final a Tonkov, está rodeado de tanta confusión como la nieblina que cubría la cima, sin embargo, quienes tenemos cierta memoria, recordamos pocos días en los que el ciclismo hubiera estado tan presente en todos los lados, en un tiempo en el que la popularidad de este deporte no era la mejor, veníamos del Tour del 98 y Lance Armstrong acababa de iniciar un reinado hoy borrado de los libros de historia.

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En linea cronológica pegamos un buen salto para irnos a la Vuelta de 2012

Tras varias llegadas en cuestas de cabras, la carrera afrontaba la jornada de Fuente De con la sensación de que lo gordo había pasado.

Nada más lejos de la realidad, el líder Purito vio cómo en el encadenado de puertos de segunda, Contador le lanza varios ataques que responde con solvencia.

Son tantos los acelerones del madrileño que Purito le deja ir en uno de ellos para dar forma a una de las grandes etapas de siempre en la Vuelta.

El error de Purito es tangible, Contador tiene compañeros por delante y aliados como Tiralongo con los que abre camino para lograr, en la jornada menos decisiva sobre el papel una victoria total, etapa más sentencia de una Vuelta que parecía tener dueño.

A los tres años, la Sierra de Guadarrama vio como Fabio Aru remontaba la antológica crono de Burgos de Tom Dumoulin en una etapa de esas que enamora en todo, por delante una fuga única de Rubén Plaza y por detrás Astana disponiendo sus mejores galas para cortar a Dumoulin, completamente aislado.

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Y como muesca final para demostrar que las mejores etapas que hemos visto en la Vuelta no han sido las de las cuestas imposibles, el final de Formigal en 2016

Aquello fue un homenaje al gran Fuente en el mismo sitio que perpetró una de sus mejores obras.

Un Team Sky, inexplicablemente relajado en la salida, no se percata que Alberto Contador arma una escapada en la que se mete el propio Nairo Quintana, el gran rival de Froome.

En una jornada excelsa de ciclismo, con un tipo llamado Jonathan Castroviejo, entre otros, haciendo otro monumento al esfuerzo, Nairo le mete a Froome el tiempo suficiente para que el inglés ni siquiera sueñe en remontarle con su estratosférica crono unos días después.

Estas son las cinco nuestras, que serían seis con la obra de arte de Roglic & Bernal en los Lagos, ahora pensad en las vuestras…

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Ciclismo antiguo

Las primeras Vueltas en los Lagos de Covadonga

Publicado

en

Shimano 2021 Junio

En los Lagos de Covadonga el ciclismo se vestía de gala

Aseguraban desde la moto, Emilio Tamargo en concreto, aquella tarde de abril de 1985, que algunos colombianos ponían una corona de 22 para subir a los Lagos de Covadonga.

Era el tramo más duro de aquella etapa con final en los Lagos, en la Vuelta del 85.

Robert Millar, de quien bromeaba Angel María De Pablos, con música de fondo, que iba bien «especialmente por el whisky», hizo un derroche en aquella subida que llevaba primero a Ercina, luego a Enol.

Millar, que con el tiempo sería Philippa York, apuraba aquellas rampas imposibles de Covadonga, imposibles para la época.

Un 15% entonces era el 22% de ahora.

Aquella subida a los Lagos de Covadonga era silvestre, salvaje, con los primeros hervores de la primavera, un sol que no siempre fue tan generoso hacia la cima la asturiana, y de lana y acero.

La gente del ciclismo somos curiosos: vemos hoy aquella subida, hace ya 35 años a los Lagos, y decimos aquello sí que era ciclismo.

Con una pléyade de nombres, Álvaro Pino, Raimund Dietzen, Fabio Parra, Peio Ruiz Cabestany, Perico Delgado, Pedro Muñoz… que eran mitos en vida, adorados en las llegadas y salidas de media España, aquel ciclismo posiblemente sería peor que el actual, pero sí que estaba más interiorizado entre la gente,

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Bahamontes se lamentaba que hubieran tantos juntos, tan cerca de meta, él tan racial, tan de romperlo todo cuando se terciaba.

«Hay que hacer hueco en las rampas duras» repetía Bahamontes, con Jesús Álvarez desde el estudio.

Y sí, vemos aquellas imágenes y nos entra nostalgia, esa carretera que dudo no tuviera boñigas de vaca entre los socavones del frío y el invierno, esos maillots, esas retransmisiones sin conocer el recorrido, como las actuales, en las que el periodista de meta, Alberto Barcia se picaba por que había compañeros muy agresivos para conseguir las palabras del ganador.

Pero ya entonces recuerdo, lo mucho que nos gustaría saber sobre los ciclistas, su vida menos pública, sus entrenamientos, los lugares por donde competían, tener 24 horas de ciclismo, como puede suceder hoy en día.

Entonces queríamos lo de hoy, hoy queremos lo de entonces, somos así, inconformistas, nunca es suficiente, y si nos permitís viajaremos a la primera vez que los Lagos de Covadonga iluminaron la televisión y la historia de la Vuelta.

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Recuerdo perfectamente aquel día de primavera del año 1983.

Por primera vez la Vuelta se retransmitía en directo por TVE.

La expectación era enorme.

Nadie conocía aquella subida que iban a afrontar los corredores.

Decían que era muy dura.

Y muy bella.

No decepcionó a nadie.

Aquella tarde pegado a la pantalla de televisión asistí al nacimiento de una estrella en la montaña asturiana de los Picos de Europa: los Lagos de Covadonga, y también por extensión al ganador de aquella épica jornada: Marino Lejarreta, que dio toda una exhibición en sus espectaculares rampas batiendo en los porcentajes más duros al mismísimo Hinault.

Desde entonces la leyenda de los Lagos creció a pasos agigantados y ganar en su cima daba prestigio y se convirtió en toda una hazaña para todos los que alzaban sus brazos junto al lago Ercina.

Por recordar algunos pocos, y épicos nombres, me vienen a la memoria ciclistas como Perico, Millar, Lucho o Pino. Vencer allí arriba, a 1070 metros de altitud, no era fácil en los años 80 que tenían que mover desarrollos mucho más duros que los de hoy en día para superar muros como la Huesera o el Mirador de la Reina que por aquel entonces, muy lejos aún de los descubrimientos de Mortirolo, Angliru o Zoncolan, eran paradigmas de dureza extrema ya que no se conocían los exagerados porcentajes que actualmente sufren los corredores.

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Ascender los Lagos en aquella época era el sueño dorado de muchos iniciados al cicloturismo que, como yo, veíamos en fotos las imágenes de aquella espectacular ascensión. En mi caso fue una que debí ver en alguna de las muchas revistas que tenía por ahí amontonadas.

En la imagen tres cicloturistas, de espaldas y sobre las monturas de sus bicis, contemplando el hermoso lago de Enol.

El de en medio apoyado en sus dos compañeros, manteniendo el equilibrio.

No se les veían las caras, pero era fácil imaginarlas.

Una estampa preciosa.

Esta fue mi primera visión onírico-cicloturista que resumía a la perfección los valores que buscaba en este deporte: amistad, satisfacción, naturaleza y esfuerzo, el que suponía llegar en bici hasta la orilla de los lagos, y me dije: “yo quiero estar ahí”.

No tardé en cumplir aquel deseo junto a otros tres amigos y recuerdo, una vez superadas sus cuestas más duras, descender un corto pero duro repecho que nos mostraba, allá abajo a la derecha, en medio del verde asturiano, el anhelado lago.

¡Ya me encontraba allí! Pero para coronar la mítica montaña teníamos que llegar hasta arriba.

No pudimos ver bien el lago de la Ercina ya que una espesa niebla nos lo impedía.

Dimos media vuelta y la foto de rigor nos la hicimos donde años antes soñaba con estar.

Un paraje venerado por muchos asturianos que año tras año han puesto el nombre de Enol a sus hijos.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de www.eyeonspain.com

 

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Ciclismo antiguo

Lo de Rominger y la Vuelta fue un win-win

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en

Shimano 2021 Junio

Las comparaciones de Roglic con Rominger en la Vuelta están justificadas

Cuando pones «Tony Rominger Vuelta» en Google, el buscador te sugiere Primoz Roglic y no es pos casualidad.

Desde hace algún tiempo, escucho y leo cada vez más opiniones que hablan de dos ciclistazos que comparten muchas cosas, además de un evidente amor por la Vuelta ciclista a España.

Con Rominger y Roglic tenemos hasta la fecha una reivindicación de grandes ciclistas de siempre, con un palmarés espectacular que no necesitaron de ganar el Tour para estar en corazón del buen aficionado.

A media carrera de acabar la Vuelta 2021, Roglic va a por la tercera, lo que le equipararía a Rominger.

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El esloveno, como el suizo, ha encontrado en la grande española su teatro natural de operaciones, una carrera amiga con la que ambas partes salen ganando.

Es un win-win, una simbiosis perfecta, la carrera incrementa prestigio con ellos en el palmarés, y ellos engrosan el suyo en una gran vuelta.

En el caso de Tony Rominger, hay que decir que la Vuelta encontró una mano amiga que le fue muy útil.

Hasta inicios de los noventa, no fueron muchas las estrellas extrajeras que hacían parada obligatoria en España para ganar la Vuelta, como mucho Bernard Hinault, que se desgració la rodilla en aquella del 83, y posteriormente Kelly y Herrera.

Las estrellas mayores se identificaban más con el Giro, para competirlo o simplemente calentar para el Tour.

Rominger fue otra cosa para la Vuelta.

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Su fichaje por el equipo que caía bien a todos, el Clas Cajastur, fue un pelotazo de cuyos pormenores no estamos enterados, pero que darían para un serial, pues explicarían cómo uno de los mejores ciclistas del mundo deja las huestes de lo que sería ese año el Gatorade y se entrega a un equipo con sede en Asturias de tamaño medio-alto, pero para nada top mundial.

El fichaje de Rominger por Clas le centraba, claro está, en la Vuelta, como primer y gran objetivo de la campaña.

Luego si eso… el Tour.

Y lo hizo bien, ya lo creo que lo hizo bien.

Tony Rominger llevó el nombre de Clas hasta lo más alto de la Vuelta tres veces seguidas.

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Las Vueltas de Rominger fueron, curiosamente, las últimas de abril…

Su dominio fue de menos a más.

Si a la edición de 1992 aterrizó a ver qué pasaba, la última que ganó, la de dos años después no dio ni opción ni respiro a los rivales.

En 1992, Tony Rominger lideró la conquista astur de la Vuelta con una carrera cuyo éxito basó en terreno que en teoría le era hostil, la etapa de Luz Ardiden, entre la niebla, antes de remontar en los Lagos para contener la diferencia de Perico.

En la crono definitiva, daría cuenta del amarillo de Jesús Montoya para auparse en el podio de la carrera en el año olímpico.

La siguiente edición sería extraordinaria en el mano a mano con Alex Zulle.

El de la ONCE llevó toda la carrera, literalmente a Rominger, hasta que en un mal paso en el Naranco, Zulle se fue al suelo por los riesgos que tomó Rominger en el descenso de la Cobertoria.

Qué día aquel en el Naranco, qué cabreo de Manolo Saiz viendo cómo la afición llevaba en volandas al suizo de su equipo.

Un día de curiosa unión de una zona en concreto con un equipo ciclista.

La última Vuelta de Rominger fue un castigo.

Para ser breves: líder de inicio a fin, seis etapas y un podio decidido por siete y nueve minutos sobre Mikel Zarrabeitia y Perico Delgado, respectivamente.

Casi treinta años después, aún recordamos aquellas carreras, ediciones que cambiaron el paso de la Vuelta y que nos puso a Rominger en el corazón de muchos, tal y como sucede hoy con el amigo Roglic, el corredor que ha hecho de España su baza segura.

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Aristidis Konstantinidis firmó el oro inaugural olímpico de ciclismo

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Shimano 2021 Junio

Konstantinidis fue el primer campeón olímpico en ciclismo allá en Atenas 1896

Vamos de viaje a la primera vez que hubo un meta olímpico en juego en ciclismo.

Hace más de 2800 años, Grecia albergaba la celebración de los Juegos Olímpicos de la Era Antigua.

Las olimpiadas, tal y como las conocemos hoy en día, en realidad, nacieron en el año 1896, dirigidas por el Barón Pierre de Coubertin, quien encabezó a principios de la última década del siglo XIX el movimiento de su recuperación.

La sede elegida para esta primera edición de la era moderna no podía ser otra; Atenas

Cabe indicar que solo cuatro años antes había visto la luz la Asociación Internacional de Ciclismo (ICA), que fue el primer organismo internacional de carreras ciclistas, y antecesor de la actual UCI.

Dato que nos indica cuál era la situación del deporte de los pedales en ese momento, que aunque existía desde hacía alguna década, apenas empezaba a dar sus primeros pasos de manera regulada y oficial.

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Concretamente en el país heleno, se calcula que a finales de ese siglo en la capital ateniense habían unos 2000 ciclistas de todas las edades, de los que entre 300 y 400 poseían su propia bicicleta, que utilizaban con asiduidad.

Mientras tanto, las féminas apenas superaban las cincuenta, y la mayoría procedentes de países extranjeros.

Para esta primera cita olímpica, se organizaron un total de seis pruebas diferentes, que se distribuían en cinco de pista, y otra en ruta.

Esta última tuvo lugar el 12 de abril, y comprendía el recorrido de Atenas – Maratón – Faliro, constando de un total de 87 kilómetros

En la línea de salida se encontraban tan solo siete ciclistas, procedentes de tres países diferentes: Alemania, Gran Bretaña y Grecia.

Precisamente de este último era Aristidis Konstantinidis.

Natural de la localidad chipriota Lefkoniko, cuenta la leyenda que fue uno de los primeros en traer una bicicleta al país.

Lo que sí es innegable es que fue uno de los pioneros de este deporte, siendo el fundador de la Asociación de Ciclismo de Atenas en 1891, y la Compañía de Ciclismo de Atenas.

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Desde el comienzo de la prueba, Konstantinidis estuvo comandando la carrera en todo momento, aunque seguido muy de cerca por el austríaco August Gentrich, y el británico Edward Batel, empleado de la embajada británica en Atenas.

El final de la primera mitad se situaba en la ciudad de Maratón, lugar en el que se encontraba el giro de retorno, y el punto de control establecido por el comité organizador, en el que los participantes debían certificar su paso antes de emprender el regreso.

Tras la pertinente firma, y escasos segundos después de iniciar la marcha, la bicicleta de Konstantinidis sufrió una rotura que la hacía totalmente inservible para seguir en carrera.

Es entonces cuando, tras unos minutos de confusión, y cuando ya lo creía todo perdido, finalmente terminó consiguiendo una nueva montura que le prestó un transeúnte.

Todo ese valioso tiempo fue aprovechado por el británico Edward Batel, quien le adelantó, aunque con ello nada se había decidido todavía.

A apenas unos pocos kilómetros de la línea de meta, fue Batel quien tuvo una caída mucho más grave, de manera que estando a punto de ser campeón olímpico, finalmente acabó siendo 3º, al adelantarle Konstantinidis (1º) y Gentrich (2º).

 

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Cuentan algunas crónicas de la época que la entrada de Konstantinidis a Atenas fue recordada muchos años después.

Las magulladuras sufridas en la caída, las escandalosas heridas sangrantes que le habían provocado, y el polvo de las carreteras de la época que llevaba adherido a cada centímetro de piel, ofrecieron a los espectadores una estampa de esfuerzo y épica tal, que convirtieron a esta medalla de oro en una de las más famosas de aquella primera edición de las olimpiadas.

Imagen: Wikipedia

Por Jonathan Martínez

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Lo ha metido en celebraciones vacías, en caídas apocalípticas, lo ha llenado de polvo en Siena y lucido escapado en el Tour.
Julian Alaphilippe le ha dado un uso intenso al arcoíris, podemos decir mejor que lo ha honrado a lo grande.

https://joanseguidor.com/alaphilippe-maillot-arcoiris/

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