Mathieu Van der Poel
La estadística de Mathieu Van der Poel no es propia del ciclismo
El nivel de efectividad de Mathieu Van der Poel es inédita en este deporte
La Artic Race, su primera etapa, ha sido la primera carrera de carretera de Mathieu Van der Poel desde la Amstel Gold Race y su espatarrante final.
Como en aquella ocasión por las laderas más altas de los países más bajos, Mathieu Van der Poel ha ganado.
El otro día preguntaba esto uno de sus rivales en el ciclocrosss….
Alguien sabe cuantas carreras lleva este tio ganadas en la temporada 2018/19?
Más ganadas que perdidas fijo…que barbaridad ???????????????????????? pic.twitter.com/D98dVZMzYV— Felipe Orts Lloret (@felipeorts15) August 11, 2019
La respuesta en su tramo de carretera es de siete carreras en 16 días de competición.
Cifra engañosa, por cuanto hay un par de vueltas, La Sarthe y Anatalia, sin obviar que la carrera noruega es otra por etapas.
La cifra por tanto incluye días de competición en medio de vueltas por etapas donde siempre hay días que non propicios.
La cifra es tremenda, insólita en ciclismo, es casi digna de deportes como tenis o similares, donde los capos acumulan victorias y más victorias y tantas derrotas como eliminaciones en torneos en los que toman parte.
Mathieu Van der Poel ha conseguido una cosa que es casi imposible de alcanzar en ciclismo: partir con la vitola de “casi” invicto, como podría pasar en la ficción, en unos dibujos animados cualquiera.
Y así construye una historia de éxito que estadísticamente es una bicoca, pero que emocionalmente conecta con el público y su anhelo de ver algo diferente.
Rodar y rodar, inmerso en el pelotón, eso no parece ir con Mathieu quien más allá de ser el nieto y el hijo de quien es, ha construido la marca de ciclista total, algo que en lo cánones del ciclismo de carretera clásico, del que bebió Poupou, por ejemplo, no se contempló hasta que llegó un niño neerlandés, con tez tierna y ojos saltones, y demostró que era posible ese ciclismo.
Un ciclismo que no puede menos que enamorar, aunque no sepamos hasta qué punto es sostenible, compitiéndolo todo, estando operativo y presto para ganar en todo evento.
El Cruz Race es un portabicicletas de techo de diseño funcional
Mathieu Van der Poel el año pasado ya ganó dos etapas en el Artic Race, como previa para el ciclocross donde reinó de inicio a fin, incluyendo el epílogo del mundial, punto de inflexión antes de irse a Turquía y cerrar un ciclo de victorias en carretera que culminó en la Amstel, pero que dejó huella antes en Flandes, abriendo el abanico desde A Través de Flandes a Brabanzona, donde conoció a un tal Julian Alaphilippe.
Luego pisó el BTT y la Copa del Mundo donde ha crecido, y ganado a los que le deben disputar el cetro olímpico de Tokio 2020, sobre el papel el cordón umbilical que le sostiene conectado al BTT, aunque en la práctica, mucho nos tememos que éste le va a dar a todo por siempre, porque ahí reside su originalidad y el motivo para su recuerdo.
Dice Mathieu Van der Poel que no le resulta tan complicado ir saltando de modalidad en modalidad.
Ha ganado sacando de rueda a Danny Van Poppel, casi cuatro horas de recorrido, para empezar a tomar fondo para el Mundial de Yorkshire al que sin duda oposita.
Un mundial que no es para escaladores ni para velocistas, y ahí se ubica él.
¿Podremos ver ganar la ruta al campeón de ciclocross?
¿El mismo año?
La estadística de Mathieu Van der Poel no es fría, emociona, toca la fibra y desafía límites…
Imagen: FB de Artic Race of Norway


