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Ciclismo antiguo

Cipollini en 5 esenciales

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¿Qué figura ha trascendido más que Mario Cipollini? casi ninguna

Hablábamos el otro día de Francesco Moser, figura eterna, y entre sus gregarios figuró un tal Cesare, de apellido Cipollini, hermano de Mario, el protagonista de esta pequeña historia.

¿Quién no recuerda a Mario Cipollini? es más ¿qué aficionado ciclista no ha escuchado cachondeo con su apellido?

Eso es y eso fue Mario Cipollini, un ciclista que trascendió con mucho el ciclismo y su época, pues aún hoy, en cualquier machar histórica que reúna varias leyendas, ninguna atrae lo que el velocista nacido en Lucca.

Hemos realizado el difícil ejercicio de sacarle cinco puntos para describir al que llamaban el «rey león».

Amor por el Giro

Ciclista de números, auténtico goleador sobre la bicicleta, en especial en el Giro de Italia, donde resultó inaccesible durante muchos años, con 42 triunfos.

Era sin duda su coto, siendo además la única grande que finalizó, hasta en seis ocasiones, vistiendo a veces la maglia ciclamino hasta el final.

Anotador nato

Con más de 160 victorias, es uno de los corredores más prolífico, no sé si el más, que he tenido la suerte de ver.

Su forma de sumar en las volatas era brutal.

Rara era la vez que concurría en una vuelta por etapas y no acababa con dos o más etapas.

La Gante-Wevelgem, su clásica

A diferencia de la actualidad, la clásica de los campos de Flandes que limitan con Francia ha sido su mejor territorio clásico.

Ganador tres veces de esta carrera, destaca que entre la segunda y tercera victoria pasaron casi diez años.

Su último éxito fue en 2002, año mágico, pues venía de ser el mejor en la Milán-San Remo, logró salir vivo del Poggio, y acabaría siendo campeón mundial en el vilipendiado circuito de Zolder.

En el filo de la polémica

Carácter fuerte, fue foco de atención de cámaras y ojos en las carreras.

Sin embargo un par de hechos han perturbado su reputación: dio positivo por EPO en 2004 y años después su nombre aparecería en aquellos famosos papeles donde figuraban ciclistas que se habían dopado durante el Tour 98.

Además pende sobre él un fallo en contra por violencia doméstica.

¿Una victoria? El mundial

Zolder 2002 fue uno de los circuitos más criticados de la historia de los mundiales, una suerte de encefalograma plano en el que buscar la sorpresa fue una quimera.

Entre los que lo intentaron, curiosamente, estuvo Igor Astarloa, y digo curiosamente por que un año después sí que sería campeón del mundo.

En el sprint final, Italia recuperaba el cetro de su carrera fetiche con su mejor baza: Mario Cipollini lograba batir a Mc Ewen y Zabel tras 256 kilómetros corridos a más de 46 por hora.

Imagen: Cycle

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Ciclismo antiguo

Pantani en 5 esenciales

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Nadie enchufó al personal como Marco Pantani

Cumplidos veinte años de su pérdida, es un buen momento para darle cinco brochazos al personaje de Marco Pantani, como nos dejaría Miguel Soro en una de las paredes del Cap Negret.

Ahí vamos a Marco, a la izquierda del Chaba, de perfil, mirando al horizonte en una de las mejores etapas que recuerdo de siempre, aquella que le encumbró en Les Deux Alpes.

Ese Tour del 98 sólo tuvo una luz: Marco Pantani.

Sentimientos contrariados

Este pequeño homenaje no persigue la grandilocuencia, ni la lágrima sencilla, como otros tantos recuerdos que le han llegado al Pirata de gente que, en su día, le giró la espalda.

Hablar de Marco Pantani no es sencillo, pocos ciclistas nos levantaron del sofá como él, pocos, muy pocos, nos hicieron soñar tan alto, pocos elevaron el arte de escalar de pie a su nivel.

Le tocó lidiar con la peor época de este deporte, lo más podrido y nauseabundo del ciclismo.

¿Él fue víctima? pues no sé hasta qué punto, pero aceptó jugar, es un hecho y jugar en aquellos años era ir muy duro.

Marco Pantani hizo todo lo «necesario» para ganar, y ahí van luces y muchas sombras, sin embargo ello no me impide admitir que como él no he visto a nadie más.

Aquella tarde en Madonna di Campiglio

Cuando le echaron de aquel Giro por hematocrito alto era obvio que levantar cabeza de aquello iba a resultar imposible.

Roto y fuera de la carrera que dominaba a placer, en su mejor instante de siempre, se fundió el talento del mejor escalador visto jamás.

Con el tiempo se supo que su hematocrito estuvo en el 60% tras aquel famoso atropello compitiendo en la Milán-Turín.

Jugó, como veis, muy fuerte y su vida acabó de forma prematura, sintiéndonos tentados de pensar y decir: «Un juguete roto«.

Irresistible escalador

Pero reportadas las miserias quiero ir al fenómeno que nos dejó sin palabras tantas y tantas tardes.

Marco Pantani fue el ciclista más espectacular en mucho tiempo cada vez que la carretera miraba al cielo.

Tenía dos o tres machas más, que me niego a pensar que fueran solo por el dopaje y sí fruto de un talento brutal y arrollador.

Sus rivales miraban para otro lado cuando agarraba el manillar de abajo y se disponía a abrir gas.

El último doblete

Ahora que todos hablan de la opción de Giro-Tour de Pogacar, a Marco Pantani le cupo el privilegio de doblar un reto tan complicado como que nadie lo iguala desde entonces, y han pasado más de 25 años.

En su haber, conseguir aunar dos grandes así en un entorno hostil para su perfil de ciclista, pues se enfrentó a grandes croners, Zulle y Ullrich, en una época en que las cronos eran larguísimas.

¿Una carrera? Aquella etapa de Aprica

Ese día Marco Pantani dio el gran salto, el acceso directo a la fama, cuando se midió de tú a tú con Miguel Indurain y acabó por hacerle claudicar en una de esas etapas que quedan para siempre.

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Ciclismo antiguo

Esta Vuelta a Andalucía está en el precipicio

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Las quejas de los agricultores son legítimas y necesarias, pero la desprotección de la Vuelta a Andalucía es brutal

Ya sabéis, el ciclismo tiene la cancha más bella del mundo, un teatro sin puertas ni gradas, con pantallas fijas en meta, en salida y poco más, todo lo que quieras ver, tienes que coger, acomodarte en la cuenta y ver la vuelta pasar.

Estas palabras las escribo en la sobremesa de una día de enamorados en la que tendríamos que estar disfrutando de la primera etapa de la Vuelta a Andalucía, nuestra Ruta del Sol, desde cuando empezó a gustarme el ciclismo.

Una carrera que es un excelente embajador de su tierra, pues cada año escudriña ese terreno tan inmenso como cargado de belleza que es Andalucía, con una vuelta a sus maravillas muchas veces más ocultas.

Esta etapa por la Alpujarraja granadina ya no podrá ser. 

Pero el peligro no ha pasado, anulada la primera de las cinco etapas, se cierne la amenaza de una anulación mayor, pues no hay efectivos de la Guardia Civil que puedan mirar por su seguridad.

Es una catástrofe para la organización, cuyo apellido, Cuevas, conozco bien.

Un tsunami, como dijo el propio director, que nos tiene con el corazón en vilo, pues la Guardia Civil está dispersa por el territorio controlando las legítimas reivindicaciones de los agricultores.

Corazón dividido, sin saber qué decir, por un lado un evento deportivo, prescindible si se quiere, pero necesario por la gente que emplea, el territorio que muestra y las personas que entretiene y por otro, un colectivo hasta los cojones que se le tome a risa, cuando de sus manos, horas y esfuerzo sale mucho de lo que comemos cada día.

Ojalá las cosas se reconduzcan, ojalá la Guardia Civil pueda estar en ambos sitios mañana, pasado y al otro, pero nada en esta vida está exento de lo que le rodea, el ciclismo tampoco, huelgas, cortes e intervenciones express de las fuerzas de seguridad para abrir la carretera siempre han habido, pero esto es otra cosa, esto es dejar al organizador en una situación de desamparo similar a aquella del Covid, hace cuatro años por estas fechas.

Cruzo los dedos para que la carrera pueda retomarse desde de la segunda etapa, si no es así, va a hacer mucha buena voluntad por todas las partes para que esto se resuelva sin que nadie se haga daño de verdad.

Que Pogacar no quede como el último ganador de la Vuelta a Andalucía.

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Ciclismo antiguo

Olano en 5 esenciales

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Clase, trabajo y categoría rodearon el ciclismo de Abraham Olano

Así las cosas, leemos crónicas de la Vuelta a Colombia desde la misma Duitama, lugar que no nos puede pasar como si tal cosa, como tampoco el apellido Olano.

Allí, recordaréis, el ciclismo español tocó el cielo y vivió un cisma al mismo tiempo sobre lo pudo haber sido si Miguel Indurain no hubiera contemporizado para su compañero.

Pero claro, eso es material de lo que no pasó y del celebérrimo «y si», en todo caso valoramos lo que fue una de las carreras más fecundas, trabajadas y brillantes vistas en la historia del ciclismo español.

Vamos, que ya querría este deporte en España tener ahora mismo un Abraham Olano en liza.

En cinco rasgos quería describiros mis recuerdos del ciclista nacido en Anoeta.

La constancia elevada a la máxima expresión

Abraham Olano pasó muchas etapas, mejores, peores, arriba y en medio, pero siempre estuvo, nunca eludió la lucha y dio lo mejor que pudo haber dado.

Convivió con una época muy mala, la que siguió a la retirada de Indurain, pero ello nunca le sacó del sitio que debía ocupar.

Pocos corredores me transmitieron la sensación de haberlo dado todo una vez cruzaba la línea de meta, al punto que si el resultado no era el apetecido, poco o nada se le podía reprochar.

Una sucesión problemática

Olano fue el primero que vino tras Indurain, desde el momento que se proclamó campeón del mundo en Duitama, las luces le buscaron, era el «sucesor» del mejor ciclista español y uno de los grandes siempre.

Ese peso no lo quisiera yo para mí, ni los míos.

Convivió con él lo que pudo, pero siempre me dio una sensación de injusta tristeza en todo lo que hizo, como si la expectativa que muchos se habían generado hubiera salido de su boca.

Un croner excepcional…

En una contrarreloj Abraham Olano fue de los mejore en su época, y no había cojos.

Le ganó una crono en el Tour a Ullrich, por ejemplo, y consiguió enormes réditos en la lucha individual con una clase innata, fruto de una sapiencia labrada en los velódromos.

… que no desentonaba en montaña

Lo suyo con la montaña era amor-odio.

Se le veía fuera de su zona de confort, nunca destacó en especial, pero la montaña no le fue lo perjudicial que muchos habrían pensado por la sencilla razón que se sabía vaciar en ella.

Incluso con ese hándicap logró ganar una Vuelta, qué Vuelta, y pisar el podio del Giro, tras haber sido cuarto en un Tour.

Pocos pueden contar eso.

¿Un triunfo? El mundial de contrarreloj

Sé que muchos iríais a esa tarde-noche colombiana de octubre del 95, pero quiero avanzar tres años y recordar su éxito, por delante de Melcior Mauri, en Valkenburg.

Olano logró esa tarde ser el primer campeón de ruta y crono, cosa que igualó Remco Evenepoel el año pasado.

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Ciclismo antiguo

¿Os acordáis de Djamolidine Abdoujaparov?

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Los sprints de Djamolidine Abdoujaparov nos ponían los pelos como escarpias

El ciclismo siempre ha tenido esto, de repente te surge un ciclista como Djamolidine Abdoujaparov en plenos noventa y te pone una república ex soviética en el mapa.

Hubo unos años que en el pelotón circuló un ciclista austero, de perfil afilado, atronadora cabellera morena, negra, y mirada de profundidad infinita. Era uzbeko, cuando de kazajos el pelotón aún no sabía, y abrió el camino. Desde su Tashken llegó encuadrado en la misión soviética del Alfa Lum. Se desmembraba entonces el gigante comunista que nació setenta años en los empeños de Lenin y el brazo ejecutor de Stalin.

Djamolidine Abdoujaparov era su nombre.

En 1991 se enroló en el Carrera del flamante Claudio Chiappucci. A pesar del normal peso del italiano, del diablo, se hizo un hueco. Abrió su cuenta en el Tour.

Un idilio de gloria, pues ganó nueve etapas, más por ejemplo de Van Looy y Populidor, y tres maillots verdes, pero también de sangre.


Tres caídas marcaron el camino del “califa” por Francia. Tres muy relevantes y significativas
. La primera eterna, retratada por eso de que “hasta París y su última línea, hay carrera, siempre”. Brutalmente arrojado sobre el adoquinado de los Campos Elíseos, ataviado del primer verde de su trayectoria, se lo dejaron claro: “si quieres ganar, aprieta los dientes, no laves aún las heridas y cruza la meta, aunque sea andando”. Así lo hizo, máquina en mano con una cara de perros.

A los tres años pasó la caída de Armentiéres, aquella que le destrozó la cara a Laurent Jalabert por culpa de un gilipollas, creo que gendarme, que se asomó a hacer una foto. Abdou ganó aquel embalaje trágico. Esquivo el filo que siempre adulaba con su agresivo sprint.

Su último Tour fue en 1996, ganado una etapa de media montaña. Insólito. Luego le vendría un positivo por clembuterol, esa substancia que carga el diablo.

Con el tiempo supimos de él por sus labores con Astana.

Hoy que el ciclismo asiático es destino de ciclistas que han hecho muchos kilómetros en el máximo circuito, cabe recordar que uno de sus moradores fue éste, el califa, el uzbeko, Djamolidine.

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