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Ciclismo

Lo serio empieza, llega la París-Niza

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Más allá del Vingegaard-Ayuso, la París-Niza no presenta muchas alternativas

La París-Niza aterriza de nuevo para recordarnos que la primavera no es solo una estación, sino un estado de ánimo que en el ciclismo se traduce felicidad diaria.

Hablamos de una carrera que ha cumplido muchos lustros siendo el espejo donde muchos quieren mirarse para adivinar qué pasará en julio, un “mini Tour” de marzo que a menudo arroja conclusiones tan precipitadas como fascinantes.

Francia emerge de su letargo invernal para recibir al pelotón en lo que parecen auténticas neveras rodantes, donde el frío no es un invitado, sino el juez de paz que dicta quién tiene las piernas listas para la batalla real.

El diseño de la prueba es un clásico de dos caras: una primera mitad marcada por el estrés de los abanicos y la lluvia, y un desenlace en el sur donde la montaña se vuelve áspera y violenta, siempre esquivando las cumbres más altas para no acabar sepultados por una nevada inoportuna.

En el centro de todas las miradas aparece Jonas Vingegaard, que regresa a este escenario tras el susto mayúsculo del año pasado.

Aquella caída que le vació el calendario hasta junio todavía resuena en la memoria del aficionado, pero el danés no viene aquí a pasearse.

Tras omitir el UAE Tour por enfermedad, llega consciente de que su palmarés, coronado por dos Tours y una Vuelta, se cimenta también en estas plazas de prestigio.

Vingegaard será la vara de medir absoluta, el termómetro que calibrará el estado de gracia de un Juan Ayuso que llega crecido tras su exhibición en el Algarve.

El alicantino se enfrenta aquí a una competencia mucho más feroz y sofisticada, un ecosistema donde cada segundo vale su peso en oro.

No conviene perder de vista a Carlos Rodríguez liderando un Ineos que busca recuperar el mando, flanqueado por un Kevin Vauquelin que asoma como el tercer vértice de una ecuación de poder donde el UAE ha decidido no alinear a Almeida.

El recorrido gravita sobre una contrarreloj por equipos de 23,5 kilómetros que funciona como un ensayo general, un test de presente y futuro que mira de reojo a la salida del Tour en Barcelona.

Será el momento de la verdad antes de que la carrera rompa definitivamente en los alrededores de Niza, en esa montaña que castiga el cuerpo y regala espectáculo.

La “Carrera del Sol” vuelve a batirse en duelo por el protagonismo con la Tirreno-Adriático, configurando una de las semanas más bellas de todo el calendario ciclista.

Imagen: A.S.O./Billy Ceusters

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