Ciclismo
La última de Aleix Espargaró

Algunos de los riesgos que toma Aleix Espargaró son completamente innecesarios
Lo de Aleix Espargaró empieza a ser un bucle agotador, un ciclo de imprudencia y atrevimiento que no podemos entender.
No le voy a negar que su sola presencia, el anuncio de su fichaje por Lild-Trek, su relación con el ciclismo, ha puesto este deporte en titulares, cosa siempre buena, pero esto que ha pasado no tiene lógica alguna.
No es la primera vez, y visto lo visto, cuesta creer que sea la última.
Sin embargo, en esta ocasión, el vídeo adelantando coches de forma temeraria en un tramo sin visibilidad alguna no solo es un insulto a las normas de seguridad vial más básicas, sino una bofetada en la cara de un deporte y unos practicantes que ya viven permanentemente observados desde los coches.
El ciclismo es, por definición, un ejercicio de vulnerabilidad.
Salimos a la carretera sabiendo que el chasis somos nosotros, y por ello la pedagogía y el respeto mutuo son las únicas armas que tenemos para sobrevivir.
Ver a un deportista con esa proyección, que debería ser el primer embajador de la prudencia, jugándose el físico y el de los demás conductores por una dosis de adrenalina mal entendida es desolador.
No hay cuadro de entrenamiento, por muy profesional y exigente que sea, que justifique trazar curvas ciegas invadiendo el sentido contrario. L
a épica del entrenamiento extremo no tiene nada que ver con la estupidez, y aquí la frontera se ha cruzado con una alegría preocupante.
Pero el daño no acaba en el asfalto.
La imagen que proyecta al colectivo ciclista es nefasta.
Aleix alimenta ese cliché del ciclista incívico que tanto nos cuesta combatir cada día en la carretera.
Sus actos dan munición a quienes nos quieren fuera de las calzadas, generalizando un comportamiento que la inmensa mayoría de los aficionados rechaza de plano.
Es el precio de la fama, en este caso, mal gestionada, que, en este caso, tiene consecuencias directas sobre quienes ponen el dinero.
Lidl ha desembarcado en el ciclismo con una apuesta económica y de marca altísima, elevando el listón del patrocinio en el World Tour.
No es de recibo que una multinacional de este calibre tenga que dedicar su tiempo y sus recursos a apagar fuegos ajenos, aclarando que las temeridades de un individuo no representan sus valores.
Aleix se empeña en ser el centro de atención, pero se olvida de que su libertad termina donde empieza el perjuicio a un deporte que dice amar.
Las críticas que hoy le llueven no son fruto de la envidia ni de la persecución, son el resultado lógico de quien se cree por encima de las normas y del respeto común.
Se las ha ganado a pulso.
Perico Gordo
7 de marzo, 2026 at 11:23
Por mucho menos pusieron los de Kern Pharma de patitas en la calle a alguien muchísimo menos conocido, el corredor Kiko Galván.
Aleix Espargaró demuestra ese lado que ya ha mostrado en las carreras de barriobajero peleón que es un peligro y se salta todas las normas. A ver si se atreven a hacer lo mismo.