Ciclistas
¿Het Nieuwsblad para Mathieu van der Poel?

Estar en la Het Nieuwsblad no sería un trastorno para Van der Poel
La Het Nieuwsblad asoma en el calendario como ese primer examen que muchos prefieren saltarse para no enseñar las cartas antes de tiempo.
Sin embargo, para Mathieu van der Poel, el adoquín de este fin de semana debería significar una oportunidad de marcar territorio allí donde los mitos que le precedieron pasaron de puntillas.
El neerlandés maneja los tiempos con una parsimonia que a veces desespera, pero su presencia en la línea de salida de Gante sería el movimiento definitivo para desmarcarse de la sombra de Peter Sagan, Fabian Cancellara y Tom Boonen.
Tres gigantes que, pese a reinar en Flandes y Roubaix, nunca lograron inscribir su nombre en el palmarés de la Omloop.
De ellos tanto Sagan como Boonen perdieron ocasiones ni que pintadas.
Para un corredor con alma de francotirador como Van der Poel, esta pieza tiene un valor simbólico que trasciende los puntos.
Es la muesca que le falta a su culotte, el trofeo que sus antecesores nunca supieron o quisieron conquistar.
Hasta está en el palmarés de Wout van Aert.
Aunque la Milán-San Remo parezca lejana en el horizonte de marzo, el ritmo de competición que la tensión de las cotas flamencas es un activo que el entrenamiento en solitario por la Costa Blanca no puede replicar.
Mathieu sabe que el estado de forma se construye con el dorsal puesto, sufriendo en el Molenberg y midiendo las distancias en el Kapelmuur, no solo sumando vatios bajo el sol de Denia.
Van der Poel en el Kapelmuur, no recuerdo esa fotografía.
El escenario para su asalto es, además, inmejorable por la ausencia de su némesis más recurrente.
Tadej Pogacar ha decidido, una vez más, que su campaña primaveral arranque en los caminos blancos.
El esloveno prefiere el polvo de la Toscana para debutar en este 2026, una carrera que ya domina y que le permite evitar el desgaste prematuro del norte.
Sin el “caníbal” moderno en el radar inmediato, Van der Poel tiene el camino expedito para ejercer una dictadura sobre el resto de especialistas que, si bien son rocosos, carecen de esa chispa que el nieto de Poulidor enciende cuando se propone una misión singular.
Si Van der Poel decide finalmente colgarse el dorsal este sábado, no lo hará para rodar en el anonimato del pelotón.
Su estilo no entiende de medias tintas ni de puestas a punto discretas.
Ganar la OHW supondría empezar el año con un golpe de autoridad que resonaría hasta el velódromo de Roubaix, dejando claro que su reinado no solo busca igualar a los grandes, sino superarlos en versatilidad y ambición.
Es el momento de que el francotirador apriete el gatillo en Ninove y demuestre que, para él, no hay cita pequeña si hay gloria histórica de por medio.