Ciclismo antiguo
Herminio ganó la Tirreno de amarillo
Yo conocí la Tirreno gracias a Herminio Díaz Zabala
Si en los años recientes nos hemos acostumbrado a ver a ciclistas españoles hollar nuevas dimensiones, hubo un tiempo que ciertos cotos parecían vedados a los nuestros al punto que se sabia de una carrera como la Tirreno cuando la ganaba un español: Así sucedió con Herminio Díaz Zabala.
Y eso que hablamos de una de las mejores carreras del calendario, la Tirreno- Adriático, que arranca ya de costa a costa, por el ancho de la bota transalpina, no tuvo acento hispano hasta que aquel ciclista tan generoso llamado Herminio Díaz Zabala logró el éxito en el año 1991, cuando el ganador vestía un amarillo mechado de rojo.
Hace 30 + 1 años, ya.
Y es que en el libro de oro de la ONCE, Herminio un sitio muy destacad.
Compañero de Perico en su Tour triunfal, le dio al cuadro dirigido por Manolo Sainz su primera gran victoria, esa que dicen nunca se olvida, con una etapa en la Vuelta a España de 1989 con final en Benicassim.
Sin embargo si hubo una efeméride que este cántabro pudo saborear con excelente tino fue esa Tirreno que acabó embolsando en un palmarés asimétrico en cantidad respecto a la calidad humana y derroche que generó a favor de otros.
En esa edición de la Tirreno, Herminio debió correr con el pálpito desde el inicio pues entre Pompeya y Octaviano ya estuvo ojo avizor insertándose en fuga buena, con muy buenos elementos rodeándole, tales como Andrea Taffi, Fede Ghiotto -que no Massimo-, Thomas Wegmuller o Raúl Alcalá.
Tercero en esa jornada, el equipo decidió trabajar la inesperada baza del ciclista cántabro.
De esta manera la carrera estuvo atada hasta la crono final de San Benedetto del Tronto, ese lugar ya fijo en la carrera, donde Herminio sólo era superado por Erik Breukink, entonces en condición de eterna promesa en el PDM, obteniendo un rédito de cuatro segundos pero definitivo sobre Ghiotto, en el gran éxito de este ciclista entonces bien dotado de cabello, pero luego reconocido por su estampa inclinada sobre el manillar y despoblada testa.
Un ciclista como pocos quedan, como pocos se ven. Un hombre cuyo mejor triunfo siempre era el ajeno.
Imagen: @Urtekaria




