Ciclismo
Otro retrato del ciclismo actual: Fabio Jakobsen
Fabio Jakobsen no encuentra estabilidad en este ciclismo
Hay una frase en la entrevista de Fabio Jakobsen que debería estar esculpida en el dintel de todas las escuelas de ciclismo: “Tuve dos años de mierda porque los ciclistas hacemos cosas anormales“.
No es una queja, es un diagnóstico crudo de un oficio que, a veces, devora a sus propios hijos bajo la premisa de la resiliencia infinita.
Jakobsen no es un corredor cualquiera.
Es el hombre que volvió del abismo tras aquel impacto en Polonia que nos heló la sangre a todos.
Pero el ciclismo, este deporte de memoria corta y exigencia larga, no vive de los milagros del pasado, sino de los vatios del presente.
Y ahí es donde el neerlandés ha chocado con un muro invisible: el de la normalidad perdida.
A menudo compramos el relato del héroe que regresa y, por arte de magia, vuelve a levantar los brazos en los Campos Elíseos.
Pero la realidad de Jakobsen nos dice lo contrario.
Tras la épica del regreso, viene la prosa del día a día: la lucha por entrar en los tiempos de corte, la pelea por un hueco en un tren de lanzamiento que ya no le espera y esa sensación de que el pelotón ha subido dos peldaños mientras él estaba ocupado, simplemente, en volver a ser una persona funcional.
El enfoque crítico aquí es inevitable: ¿hasta qué punto el sistema empuja a estos corredores a situaciones “anormales” para sostener un estatus que el cuerpo ya ha rechazado?
Fabio admite haber pasado dos años oscuros, no solo por las secuelas físicas, sino por la arquitectura mental que exige el ciclismo moderno.
Un deporte que no permite la duda y que penaliza la vulnerabilidad.
Jakobsen va y viene de la élite como quien intenta sintonizar una radio antigua en medio de una tormenta.
Encuentra el punto, gana una etapa, y luego desaparece en el anonimato de los abandonos.
No es falta de clase; es la naturaleza del sprinter llevada al extremo del agotamiento psicológico.
En un ciclismo de “marginal gains” y precisión quirúrgica, Jakobsen es el recordatorio de que somos carne y hueso, bueno, Jakobsen y otros tantos de los que últimamente sabemos sus miserias.
Sus “cosas anormales” son el peaje de un deporte que a veces olvida que, detrás del casco y las gafas de espejo, hay alguien intentando reconciliarse con el miedo y la presión de un éxito que parece haberle dado la espalda.
Imagen: Luis Angel Gomez



