Ciclismo
Esta Volta sí que gusta
La Volta a Catalunya ha decidido ser, sencillamente, la carrera de una semana más dura del mundo
La Volta a Catalunya alcanza una madurez que asusta en su nuevo ciclo, ese en el que, olvidadas las premuras de hace 10-15 años, la carrera se ha consolidado en el World Tour.
Una madurez que no se hace por el mero paso del tiempo, sino por una apuesta decidida por la verticalidad más extrema.
Es la seña de identidad.
En esta edición de 2026 el objetivo es demoler las piernas del pelotón.
Un punto de sadismo deportivo que celebramos, porque en un calendario saturado de medias tintas, la Volta a Catalunya ha decidido ser, sencillamente, la carrera de una semana más dura del mundo.
Se mantienen los peajes lógicos y los compromisos adquiridos con Vallter 2000 y Ferrocarrils de la Generalitat, parajes que ya forman parte del mobiliario de la carrera, pero la verdadera noticia reside en cómo se han asaltado otras joyas de la geografía catalana para elevar el listón.
El regreso a la Costa Daurada nos despierta ese cosquilleo nostálgico y eléctrico; es imposible no recordar aquella jornada de hace cuatro ediciones donde Sergio Higuita y Richard Carapaz firmaron una de las mayores exhibiciones de ciclismo de ataque que se recuerdan en la época moderna.
Es un terreno que invita a la emboscada, al ciclismo de autor que tanto nos gusta.
La épica también se alimenta de la memoria, y salir de La Seu d’Urgell nos transporta inevitablemente a aquellos tiempos en los que la Volta se leía más de lo que se veía.
Aquella jornada donde Xavi Tondo y Purito Rodríguez nos mantuvieron pegados al live por escrito o esperando la crónica del día siguiente, porque la televisión en directo era un lujo inexistente para la carrera, resuena ahora con fuerza en un final en Coll de Pal que promete ser brutal en medio de la madeja de montaña.
Si a esto le sumamos el paso por el Berguedà, el resultado es un trazado que no engaña a nadie: es una oda al escalador puro.
El cartel de actores está a la altura de la exigencia del decorado
Ver a Jonas Vingegaard, Joao Almeida y Remco Evenepoel, en ese orden de favoritismo, disputándose los porcentajes catalanes, confirma que la Volta ya no es un trámite de primavera, sino un objetivo mayor.
Es una carrera de desnivel acumulado y de tipos que no temen a la gravedad, diseñada para que el espectador no tenga un segundo de respiro.



