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Ciclismo antiguo

Cuando la París-Niza acabó en Roma

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Unir París con Roma, pasando por Niza, fue una aventura que duró un año

La París-Niza de 1959 no fue una edición cualquiera, fue un delirio de grandeza de Jean Leulliot, el alma de la carrera tras la postguerra, que decidió estirar los límites de la lógica geográfica y deportiva.

Aquel año, la carrera del sol no se conformó con el azul del Mediterráneo y, bajo la denominación oficial de París-Niza-Roma, se convirtió en una travesía mastodóntica de casi dos mil kilómetros.

Fue una anomalía histórica, una huida hacia adelante que pretendía hermanar las dos capitales latinas a través de once etapas que hoy sonarían a una tortura innecesaria en pleno marzo.

El invento de Leulliot funcionó mediante una arquitectura de clasificaciones tan compleja como el propio recorrido.

La carrera se dividió en tres sectores distintos: la París-Niza tradicional, una segunda competición que abarcaba el trayecto desde Niza hasta Roma, y una clasificación general final que sumaba los tiempos de ambos bloques.

Aquella estructura obligaba a los corredores a no desconectar en ningún momento, pues el maillot blanco de líder de la primera parte dejaba paso a un maillot verde para quien comandara la expedición en suelo italiano.

Jean Graczyk, un corredor de una punta de velocidad formidable y resistencia granítica, fue el gran triunfador de aquel experimento.

Graczyk no solo se anotó la victoria en la sección que terminaba en la Costa Azul, sino que supo gestionar sus fuerzas en el largo camino hacia la capital italiana para adjudicarse también la clasificación general absoluta.

Por su parte, el malogrado Gérard Saint se llevó los honores en el tramo específico entre Niza y Roma, demostrando que aquella carrera era en realidad un rompecabezas de intereses y estados de forma.

La llegada a Roma supuso el final de una aventura que nunca más volvió a repetirse. La logística, el cansancio acumulado y la desnaturalización de una prueba que nació para saludar a la primavera en la Costa Azul pesaron más que el prestigio de unir dos grandes capitales.

En los libros de historia quedó registrada como la edición más larga jamás disputada, un recordatorio de que, a veces, el ciclismo intenta abarcar más de lo que el sentido común dicta, dejando para el recuerdo un podio frente al Coliseo que hoy nos parece una imagen de otro planeta.

Imagen: Le Bérry Republicain

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1 Comment

1 Comment

  1. Jean pierre Luneau

    17 de marzo, 2026 at 0:05

    París Niza Roma. La califican acá como una tortura de 2000 km en 11 etapas..Y qué hay entonces hoy de los 20 etapas del Tour de Francia, el Giro de Italia o la Vuelta a España?…..

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